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Gijón, 14 de abril de 2021

Los derechos humanos en la fábrica de sueños

Un curso de Extensión Universitaria del Centro Asociado de la UNED en Asturias ha propiciado la reflexión sobre los derechos humanos a través del cine, bajo la dirección del catedrático Benjamín Rivaya

 

Benjamín Rivaya

Benjamín Rivaya

“La carga de la prueba recae en la acusación. El acusado ni siquiera tiene que abrir la boca. Eso está en la Constitución”. Esta es una de las enseñanzas que el octavo miembro del jurado de “12 hombres sin piedad” (1952), Davis, interpretado por Henry Fonda, nos recuerda cada vez que revisitamos la película dirigida por Sidney Lumet. Se trata de ideas que cobraban mayor trascendencia si cabe en el contexto del macartismo y sus procesos judiciales en los Estados Unidos ―al año siguiente se estrenó una obra de teatro clave en este sentido, “Las brujas de Salem”, de Arthur Miller―. De nuevo, afirma Davis que "el prejuicio siempre nubla la verdad" o que “ningún jurado puede declarar culpable a un hombre a menos que esté seguro”.

 

El largometraje, basado en un guion para televisión de Reginald Rose, y que llegó a la gran pantalla gracias a la producción de Fonda y del propio guionista, ha sido uno de los títulos en torno a los cuales ha girado el curso online del Centro Asociado de la UNED en Asturias "Una visión cinematográfica de los derechos humanos". Esta actividad de Extensión Universitaria está dirigida por Benjamín Rivaya, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Oviedo y profesor-tutor de la UNED, que entre sus numerosos trabajos académicos cuenta con no pocos títulos que aúnan el derecho y el cine. En concreto, es autor de las monografías “Derecho y cine en 100 películas: una guía básica” (coautor junto a Pablo de Cima) y “Un vademécum judicial: cine para jueces”, así como coordinador, en colaboración con otros investigadores, de los volúmenes colectivos “Los saberes y el cine”, “Eutanasia y cine”, “Trabajo y cine”, “Una introducción cinematográfica al derecho” y “Cine y pena de muerte: diez análisis desde el derecho y la moral”.


Siguiendo con "12 hombres sin piedad", para el profesor se trata de "un clásico del cine judicial, por haber sabido captar cinematográficamente la dinámica del derecho, la realidad de la argumentación jurídica, la dialéctica del juicio y, ya más en concreto, la práctica de la institución del jurado, tan importante en los Estados Unidos". "La visión del derecho que resulta de la primera película de Lumet es absolutamente moderna, pues se aparta tanto de una concepción racionalista como de otra irracionalista de la práctica judicial, adhiriéndose a perspectivas plenamente actuales", afirma el catedrático.


"Vencedores o vencidos" (Stanley Kramer, 1961) e "Impulso criminal" (Richard Fleischer, 1959) son otras de las películas que han servido para la reflexión durante el curso, mostrando una vez más la utilidad del séptimo arte para el estudio de otras disciplinas en el ámbito universitario. Así, Benjamín Rivaya señala que “el cine, aunque también es fábrica de sueños, refleja la realidad y nos sirve para adentrarnos en ella. Algunos estudios de cine parecen sociología”. De hecho, el profesor indica que el cine no solo “refleja” la realidad, sino que en ocasiones “la predice” de algún modo: “La cuestión de la licitud de la tortura en ciertas ocasiones, polémica que a principios del siglo XXI se produjo en Alemania a raíz de un caso criminal, ya la había planteado Harry el Sucio en 1971, por ejemplo”. 


Tan ligados están los derechos humanos a las reflexiones que son estas las que sustentan su existencia.  El director del curso subraya que “no son un “objeto” dado, sino construido por liberales, conservadores, socialistas, etc., que no coinciden en la perspectiva que tienen de ellos”. Por eso resulta fundamental seguir hablando y reflexionando sobre ellos en la Universidad, en una época en la que la percepción de los derechos ya no es, ni mucho menos, la de la década de 1950, cuando se rodó “12 hombres sin piedad”. “Como dijo Norberto Bobbio, vivimos en el tiempo de los derechos, lo que no significa que se respeten, sino que son una fe casi universal ―comenta Rivaya―. Eso también ha traído, en ocasiones, su banalización. Si antes se banalizó el mal, ahora se banaliza el bien. Hace poco me encontré en una conocida gran superficie un anuncio que decía: ‘Tienes derecho a las rebajas’”. 

 

CA Asturias. Gijón