Jose M. RODRIGUEZ GARCIA (Universidad de Salamanca / UNED), “Cabezas cortadas en Castilla y Leon, 1100-1350”, in El Cuerpo Derrotado: Cómo trataban musulmanes y cristianos  a los enemigos vencidos. CSIC, Madrid, 2008, pp. 349-395

  

Cabezas cortadas en Castilla-León, 1100-1350[1]

 

José Manuel Rodríguez García

Universidad de Salamanca

 

 

 

 

Et asy djz que lo manjfestaron & lo otorgaron los que la su cabeça vieron partjr del cuerpo. Ca septimjo que fuera rromano era cruel & malo en aquel mesmo fecho de la enemjga que fazie ffallo avn manera de fazer mayor nemjga. Ponpeo asy commo es dicho ya quando le querian matar cubrio con su manto la cara & la cabeça por que se non viesse la muerte. Et Septjmjo pues que Ponpeo fue ferido de golpes donde cayo de muerte yaziendo ya para morir & fue & descubriole la cara & rrespirando avn ponpeo atapole la boca & atogela & pusole la cabeça sobre vna seja de la naue & fue le tajando los nerujos & las venas de su vagar & quebrantar le los huessos para partjr los por las coyunturas. Ca avn entonçes non aujan los omnes avn fallada el arteria de descabeçar con espada & de vn golpe. Et pues que este Septjmjo ouo partida la cabeça del cuerpo que se fazia commo tronco sin ella tomo la el otro peor Pontino de Egipto omne vil & desujado de buena sangre para leuar la en la mano a Tholomeo. Ca asy commo departen algunos achillas ferio de muerte a ponpeo & septimjo lo descabeço. Et Pontino tomo la cabeça & la sortija & leuola al rrey[2]

 

Estas palabras recogidas en la gran obra alfonsina, acerca de la decapitación de Pompeyo, catorce siglos atrás, ilustran, por un lado, la complejidad física de la decapitación, al menos de una decapitación limpia, y, por otro, la antigüedad de esta solución física a ciertos problemas.

 

 

Introducción

 

En realidad, tanto en las sociedades celtas (en nuestro caso celtíberas) como en el mundo romano, la decapitación era un hecho conocido y practicado. Mientras que en las primeras podía tener un carácter ritual, además de penal o militar, en la sociedad romana está directamente ligado a la imposición de una pena (aunque bien es cierto que la mayor parte de las decapitaciones se encontraban en un ámbito militar). Evidentemente, pena capital viene de cabeza, en latín,  estableciendo la equivalencia entre la muerte y la pérdida de la cabeza como máximo castigo (aunque no necesariamente el más cruel). Además, en Roma la decapitación del reo bien podría ser sólo el penúltimo paso de la pena. Se han registrado casos en los que la cabeza del condenado se ponía a la venta posteriormente, pero no a sus familiares; así como la exposición pública de la cabeza (o el cuerpo), a la que se somete a ulteriores vejaciones. Sabemos que mientras que al principio el hacha era el instrumento favorito para realizar estas decapitaciones, conforme pasó el tiempo la espada pasó a ser el arma protagonista[3] (sin descartar los cuchillos grandes en algunas ocasiones, que parece que es a lo que hace referencia el episodio plasmado por Alfonso X).

Ciertamente en las obras medievales castellanas no es infrecuente encontrar menciones a decapitaciones acaecidas en tiempos de la antigüedad, dejando a un lado las evidentes referencias bíblicas (Sansón, Herodes, San Juan Bautista, Jesucristo al diablo, etc.) y hagiográficas[4]. Así, este mismo episodio de Pompeyo es recogido en la Crónica de España (s. XV) o en la Caída de Príncipes (en la traducción de la obra de Bocaccio por Pedro López de Ayala). Igualmente, la Crónica abreviada de Don Juan Manuel menciona las decapitaciones de Hércules; la General Estoria alfonsina también incluye, por ejemplo, el “descabezamiento” de Argos por Mercurio; mientras que la Estoria de España (para otros Primera Crónica General) hace referencia a los descabezamientos de Anibal en Italia, y de Straton, rey de Tiro; y la Gran Crónica de España de Fernández de Heredia ilustra las decapitaciones hercúleas en la corte de Diómedes. A todo ello habría que añadir las referencias presentes en aquellas obras medievales de caballería, pero de tintes clásicos, como la Crónica Troyana, el Libro de Alexandre o el Emperador Otas de Roma. Por lo tanto, a los antiguos no les faltaba experiencia a la hora de aplicar la decapitación, como bien plasman las mencionadas fuentes medievales. Ello no es óbice para que se reconozca la dificultad de una decapitación bien hecha.

Sinónimo de decapitación es descabezamiento, pero no degollamiento, término que también se encuentra con cierta frecuencia en las fuentes consultadas. El degollamiento, al igual que la decapitación, podría ser un fruto casual de la batalla o un tipo de pena imponible. La diferencia evidente es que la degollación no implica la cercenación de la cabeza, a la par que era un procedimiento bastante más sencillo y rápido, y poco menos sangriento. En este trabajo nos hemos centrado en los episodios de decapitación, tal como aparecen en las fuentes castellanas de la Plena Edad Media.

También es importante distinguir entre tortura y castigo corporal. En principio no son términos equivalentes, ya que la pena corporal presenta una cierta proporcionalidad reconocida, con respecto al delito cometido, y establecida según un determinado código. La tortura busca proporcionar dolor y castigo de forma desproporcionada. De hecho, como ya veremos, la decapitación se podía tomar en ciertos casos como un símbolo de reconocimiento de estatus o incluso de misericordia. El primero de ellos sería los ejemplos de la decapitación en el mundo romano que sólo se aplicaba a ciudadanos romanos, dejando otras penas más cruentas a no ciudadanos. Del mismo modo en la Edad Media la decapitación será la pena capital por excelencia de la nobleza. En el segundo caso nos encontraríamos cuando se busca o se llega a pedir la decapitación con el objetivo de disminuir o eliminar un dolor físico o moral, como cuando las hijas del Cid piden a sus maridos que las decapiten en vez de ultrajarlas[5], o como cuando en ciertas sagas nórdicas (como la Adania) los personajes piden la decapitación para detener la tortura.

Por otra parte, la decapitación puede ser un fin en sí, o sólo una parte del tratamiento punitivo del reo. A veces no era el final. En algunos casos cabeza y cuerpo eran ulteriormente expuestos a más castigos como la desmembración o la exposición pública de los restos.

La decapitación se podía realizar sobre una persona viva, o sobre un cadáver (ante mortem o post mortem). La diferencia original es evidente, aunque el uso posterior de la parte cercenada podría ser el mismo. De hecho, ello nos llevaría a considerar la decapitación desde el punto de vista psicológico y moral. No sólo se puede buscar castigar a un enemigo o reo, sino que también se puede querer dar un escarnecimiento ejemplar. También se puede pretender un impacto psicológico sobre la población, o sobre la moral del enemigo. Todos esos aspectos serán tenidos en cuenta en los siguientes apartados.

El presente trabajo hay que considerarlo en paralelo con la aportación, en esta misma obra, de Cristina de la Puente. Tanto ella como yo nos centramos en el “fenómeno” de las cabezas decapitadas. En mi caso desde el punto de vista cristiano, castellano-leonés, en el suyo desde el punto de vista musulmán. Dividiremos el estudio en cuatro bloques, más dos apéndices. El primer ámbito de la decapitación lo podríamos considerar “civil”, como consecuencia de la ejecución de una pena, aunque aquí también estudiaremos los casos de los juicios de Dios, propios de una sociedad guerrera. El segundo ámbito, el de la batalla, se centrará en la cercenación en un entorno bélico, bien durante la batalla, bien tras ella. Los otros dos apartados se dedican al estudio de la decapitación en las grandes crónicas cruzadas y las novelas de caballería, que creo que pueden estudiarse como un caso especial; y a cómo se veía desde las fuentes cristianas castellanoleonesas la decapitación en el mundo islámico-andalusí.

 

 

1. La decapitación como acto penal en el entorno de la paz

 

Ca la espada taja por justicia et por premia las cabeças de los que mal fazen[6].

 

Que habla de los alcaldes y justicias y oficiales y corregidores que sean buenos... Y a estas justicias, dales su mantenimiento razonable. El que no usare bien de su oficio piérdalo con su cabeza, o con prisión perpetua, porque el temor proceda a todos para bien obrar, que debes creer que la tierra igualada a justicia las otras cosas igualadas las tienes[7].

 

Una de las principales funciones del rey es ejercer la justicia. En el reino castellano-leonés nos encontramos con la coexistencia de varios códigos legales que, a veces se solapan: Fuero juzgo (el tradicional conjunto de leyes de origen visigodo), los fueros locales y los códigos legales emanados de la corte de Alfonso X que tendrán un distinto alcance y aplicación (Setenario, Espéculo, Fuero Real, Siete Partidas).

Por lo general el Fuero juzgo (de origen germánico) se va a mostrar mucho más severo en cuanto a las penas a aplicar que la casuística que encontramos en la obra alfonsina, donde se nota el impacto del derecho canónico y romano. El Fuero juzgo señala bastantes casos por los que se puede merecer el descabezamiento: el siervo que secuestre y fuerce a una mujer (sin permiso del señor), la persona que acusa en falso a otra ante el rey, el que se levanta –o realiza daños- contra el rey, el pueblo o la tierra -es decir, el traidor-; el que tergiverse los mandados del rey o de los jueces, el que falsifique documentos o moneda, los que proporcionan hierbas, los adúlteros con mujer ajena, los judíos que circunciden o metan a un cristiano en su ley, los señores que obliguen a sus siervos a robar o matar, etc.

Las partidas alfonsinas son mucho más parcas en cuanto a los detalles y aunque Isabel Alfonso, trató de ello en el seminario,  merece la pena que recordemos un par de aspectos básicos. Se sobreentiende que se podrá aplicar la pena de la decapitación al delito de lesa majestad (traición al rey o al reino), pero poco más se dice salvo que la decapitación es la pena capital para los nobles[8], al tiempo que se preocupa de cómo llevarla a cabo[9] y de proporcionar ciertas garantías procesales al acusado, intentándose limitar la tortura a casos especialmente graves contra el rey, pudiéndose aplicar acto seguido la decapitación o la muerte por hambre. Por otro lado, sigue en discusión qué aplicación práctica tuvieron las Partidas en tiempos de Alfonso X.

            Otras fuentes nos ilustran acerca de cómo podría ser esa ejecución por decapitación. En cierta iconografía, el reo suele aparecer arrodillado y vendado, situándose el verdugo por detrás de él, armado con una espada o hacha, mientras que la aparición del tocón es más aleatoria. El reo podía ser llevado al mercado, con pregones que indicasen su delito, para su ejecución por el verdugo y luego su cuerpo podría permanecer sin sepultura durante varios (tres) días[10].

            Los rebeldes o traidores al rey son candidatos automáticos a la decapitación. Ésta se lleva a cabo, como mínimo, desde la época visigoda (si no desde la romana), y puede realizarse sobre el mismo campo de batalla si han sido capturados allí (bien sobre el reo vivo o sobre su cadáver), bien en prisión reglada. Hay bastantes ejemplos de ello recogidos en las fuentes cronísticas: es el caso de la rebelión de Salamanca contra el rey don Fernando de León[11], las decapitaciones que ordenaron los reyes Teodorico y Ramiro contra ciertos nobles que habían conspirado contra ellos[12], o cuando las tropas leales a Alfonso X consiguieron derrotar a Fernán Muñoz, a las afueras de Córdoba, en el marco del enfrentamiento civil (1281-1284) entre el rey y su hijo, el futuro Sancho IV. El tal Fernán sería descabezado y su cabeza, escudo y pendones tomados y llevados a Sevilla.  El  rey mandaría exponer los pendones capturados en la iglesia de Santa María, la cabeza colgada por garfios en el tablado de San Francisco y quemar los escudos[13]. También podríamos añadir el caso descrito por Rada del alzamiento de Mahamut de Mérida contra Córdoba. Éste acabaría refugiándose en Galicia, bajo la protección de Alfonso el Casto (m. 842) contra el que luego se levantaría (ca. 838). Vencido el rebelde su cabeza sería presentada ante el rey[14]. Ciertamente los reos de traición eran también candidatos a que sus cuerpos fueran maltratados o expuestos más allá de la decapitación, tanto en el mundo cristiano como en el islámico.

            La exposición del cadáver o cabeza del considerado traidor no es sólo una parte más del castigo, sino que suele tener un carácter ejemplarizante, aleccionador, un aviso para navegantes. Otro ejemplo de ello, aunque a “posteriori” sería el de Pedro I el Cruel. A posteriori porque, evidentemente, fue tras la victoria de Enrique de Trastámara sobre Pedro I, en Montiel, cuando el rey legítimo fue considerado oficialmente como tirano y traidor[15]. En un incidente nada claro, Pedro murió asesinado a manos de su hermanastro Enrique Trastámara, con la aquiescencia de Bertrand du Guesclin. Con posterioridad a su muerte sería decapitado y su cabeza mostrada en lo alto de las almenas del castillo de Montiel, dominando todo el territorio alrededor en claro aviso a sus posibles leales, para luego ser igualmente expuesta en Sevilla[16]. Las principales crónicas francesas, como las Grandes Crónicas de Francia, la de Froissart y la crónica de Guesclin recogen el episodio y lo ilustran gráficamente mostrando al rey en el acto de su decapitación y/o cuando su cabeza aparece colgada en una lanza. Ciertamente, Pedro gozaba de amplia experiencia a la hora de ordenar ejecuciones y decapitaciones. Las últimas se habían producido tras su victoria en Nájera (1365) cuando ordenó ejecutar a los supervivientes del campo contrario, práctica ya ajena a su tiempo y que puso en su contra a sus principales aliados hasta ese momento, las compañías mercenarias inglesas y el Príncipe Negro, que esperaban un cuantioso rescate por los cautivos.

            La amenaza de la decapitación[17], o la ejecución directa de la misma[18], parece haber sido una herramienta favorita de los reyes, los cuales también pueden ofrecer la protección de la cabeza de uno[19].

Los fueros locales también tienden a limitar la aplicación de la pena capital, en su forma de decapitación o de cualquier otra, a actos de traición declarada, tornadizos recalcitrantes, o deudores impenitentes de grandes sumas de dinero impuestas como pago delitos graves[20]. Otro caso distinto son las medidas más relacionadas directamente con la guerra, como veremos más adelante.

            Finalmente nos queda el caso de la decapitación como parte o resultado de un juicio divino. El caso más conocido sería el de la afrenta de Corpes y el juicio por armas que solicita el Cid como compensación, narrado en multitud de fuentes[21].

El máximo castigo corporal podía llegar a todos, siendo la decapitación, como ya hemos visto, una de las principales formas de ajusticiar a los nobles. Si para el s. XIV tienen a un rey, para el XV nos encontramos con un valido real, D. Álvaro de Luna. Mano derecha de Juan II, encontraría su muerte por orden real que le sentenciaría a ser degollado y su cabeza posteriormente decapitada y expuesta en la picota para público escarnio. De nuevo la acusación era de traición contra la corona[22].

           

2. La decapitación y la guerra

 

¡Cuántos brazos con loriga, cercenados en el lance, cuántas cabezas con yelmo / que por el campo se caen / y caballos sin sus dueños  ir sueltos por todas partes![23]

 

Hasta el invento de la guillotina la decapitación fue un negocio sangriento, se empleasen espadas[24] o hachas específicas, o cualquier clase de arma o instrumento menos especializado. Era normal que en el caso de las decapitaciones de nobles estos pagasen cierto cantidad de dinero para intentar asegurar la “profesionalidad” del verdugo (rapidez y limpieza, caso de Álvaro de Luna, en el s. XV). Si bien era complicada una decapitación “limpia” en las mejores condiciones: reo atado o inmovilizado sobre un estrado, con un verdugo más o menos profesional con las armas adecuadas; mucho más complicado era el caso de las decapitaciones en otros escenarios, como en la liza campal. Desde un punto de vista anatómico, el conjunto de músculos y huesos que se encuentran en el cuello presentan su propia resistencia al corte. Éste, para que sea efectivo, debe aplicarse con la fuerza necesaria, el ángulo y tensión adecuados, y con una hoja lo más afilada posible. Todo ello se complica en el entorno dinámico de la batalla. Además, a todo ello hay que sumarle la creciente protección de los caballeros, primero con cotas de malla y luego con placas metálicas que dificultan aún más si cabe la decapitación en el marco de la batalla. Aunque en el ámbito iconográfico no hay mejor imagen que la de cabezas decapitadas tiradas por el campo de batalla, como se recogen en numerosas miniaturas, pinturas murales[25] y sobre tabla, o en la literatura, lo cierto es que el número de cabezas decapitadas por completo durante la batalla debió ser cada vez menor por las mejores protecciones personales de los caballeros (otra cosa es la situación de los infantes, peor armados y protegidos). Igualmente los portentosos y espectaculares mandobles (para eso están) que protagonizan los héroes épicos como el Cid, con golpes que tajan cuellos, sesgan cuerpos por la cintura, o abren en canal de la cabeza a los pies, si bien casi nunca debieron ser reales[26], su número, sin duda, iría decreciendo.[27]

            Antes de pasar al campo de batalla analicemos cierta legislación que tiene que ver con las decapitaciones y el hecho militar. Hay dos fuentes básicas de legislación militar, la de los fueros locales y la emanada desde la cancillería regia. Los fueros locales representan una fresca imagen de la vida en la frontera y la importancia del elemento bélico en ella. Entre dichos fueros encontramos diversa legislación tendente a reforzar la seguridad del núcleo y favorecer las campañas militares, no sólo como defensa, sino también como una de las principales fuentes de ingreso de dichos núcleos (botín). En cuanto al tema que nos preocupa es interesante el corpus de legislación local referente a la captura de adalides enemigos y enaciados. Son varios los fueros, de varias familias como las de Cuenca-Teruel, Guadalajara, Toledo, Plasencia, que especifican las recompensas que el concejo ofrecerá para aquellos que traigan las cabezas de adalides o jefes enemigos y/o de enaciados. Por lo general, se paga más si se les puede traer vivos para ser interrogados por el concejo, aunque su fin último sea muy probablemente la ejecución[28]. Los adalides son capitanes enemigos conocedores del terreno, que suelen guiar a las tropas. Los enaciados suelen relacionarse con espías, por lo general al servicio de los musulmanes[29]. Estos actos podrían conseguir varios beneficios: obtención de información, privación de mandos e información al enemigo, desmoralización del enemigo y aumento de la moral propia.

El tradicional Fuero Juzgo ya establecía que “Si el que a de mandar cient omnes en la hueste dexa su conpanna en la bataia & se torna pora su casa deue ser descabeçado & si fuyer al obispo, o ala eglesia .peche [tantos maravedíes]”.  En este mismo sentido de leyes generales para la guerra, o más específicamente para la preparación del combate, van las referidas en la Partida II de Alfonso X. En su título XXIV se dice:

 

Castigo a los que se desmandan estando en campaña E porende los antigos que fablaron en la guerra dela mar. Ca enla dela tierra no pusieron otra pena alos que de fecho della se desmandasen. si non que perdiesen las cabeças

 

            Mientras que en su ley 17, y en una medida que nos recuerda a los establecimientos de las primeras leyes de la guerra[30]:

 

que en las assonadas non deue prender vn onbre a otro para leuarlo a su prision ni matarlo despues que fuere vençido ni destorpallo. El thenor della no se deue ningund onbre atreuer a prender a otro en assonada para leuar lo a su prision: maguer lo touiesse en su poder en el canpo; ni le ha de cortar la cabeça; ni de degollar; ni desfazer mienbro ninguno, sino firiendo le mientra se defendiese; ni avn despues que lo ouiesse muerto. ni touieron por bien que lo lastimasen ni le tajasen mienbro ninguno. E los que contra esto fiziese: touieron por derecho que sy mayores o menores o eguales fuesen los fazedores deste lastimamiento que reçibiesen otro tal en su cuerpo commo ellos ouiesen fecho. E sy fuese de los menores que muriese por ello. E sy no los pudiesen auer que perdiessen quanto que /2/ ouiesen. E estas penas pusieron a los que lidiasen. lo vno porque se atreuian contra defendimiento del rey. & lo al porque se atreuian a cortar mienbro: lo que ninguno no deue fazer sy no el que ouiese lugar de iustiçia. E si acaesçiese que alguno prendiese a otro que sea fidalgo no le deue meter en fierros ni en carçel ni en çepo: ni darle otras malas prisiones ni desonrras. fueras ende si fuese...

 

Como se ve, se intenta por un lado reforzar la disciplina militar (el saqueo del campamento enemigo mientras aún duraba la acción bélica siempre fue un problema) y social (aspecto de la nobleza del reo), mientras que a la vez se intentaba limitar el impacto negativo del enfrentamiento.

            La disciplina militar en campaña era expeditiva, a los sujetos encontrados culpables se les solía aplicar un juicio sumarísimo que acababa en decapitación o ahorcamiento[31].

            Ahora bien, dejando a un lado la planificación militar, en su vertiente legal, el campo de batalla tenía sus propias realidades. Francisco García Fitz[32] ha publicado en extenso sobre la guerra en la Edad Media castellano-leonesa y en este mismo trabajo presenta una aportación sobre el tratamiento de los prisioneros. Se podrían distinguir varios campos.

 

1. Decapitación del enemigo como arma de guerra psicológica. El tradicional ejemplo de ello serían los casos de las cabezas seccionadas que se arrojan como proyectiles por encima de las murallas de una ciudad sitiada, de lo cual encontramos ejemplo tanto en Tierra Santa[33] como en la Península Ibérica[34]. No cabe duda de que aquí la decapitación, por lo general de muertos, se hace buscando un impacto psicológico de desmoralización del enemigo. Otro ejemplo con el mismo fin psicológico sería el de la exposición –y a veces el maltrato- de la cabeza o del cuerpo enemigo[35], tanto como muestra de lo que puede esperar a posibles adversarios (fin atemorizante), como para animar a las fuerzas propias[36]. El primer caso sería, por ejemplo, el que nos presentan algunos romances fronterizos donde se nos muestra a campeones, de uno y otro bando, con cabezas enemigas colgando de sus arzones, donde también encontramos elementos probatorios de una hazaña caballeresca[37].

 

2. El uso de prisioneros, o la decapitación como argucia bélica. Rada nos ofrece una variante de la conocida estratagema de simular un mayor número de defensores colocando muñecos vestidos en las almenas o recolocando muertos. En este episodio, nos cuenta Rada, al defensor visigodo de Murcia/Orihuela no se le ocurrió mejor idea que la de cortar las cabezas  de las mujeres de la ciudad -según la traducción de Valverde- y colocarlas sobre las almenas para que desde lejos pareciesen hombres, colocando en sus manos cañas[38]. Sin embargo, cuando la PCG recoge dicho episodio se cuenta que «se fizo las mugeres cercenar a guisa de varones... y las puso las cañas en las manos». Aunque cercenar sigue siendo decapitar parece que el empleo de este verbo en esta versión pudiese dar a entender que se las rapó la cabeza como a los hombres. De hecho, como señala García Fitz, el verbo latino empleado es circumcidi, quizás más empleable a cortar el pelo al estilo chico que a decapitar la cabeza. Tampoco fue muy diplomático el rey Alfonso el Batallador durante el sitio de Ávila. Primero «fizo cozer a los rehenes en una grand caldera. Y después metió a otros tantos en unos sarços, e fue a combatir la villa con ellos pensando que como iban atados a ellos sus parientes de la villa no se atreverían a atacarlos y así entrar. Pero en verdad los padres mataron a los hijos y los hijos a los padres...»[39]. En este apartado también se podría incluir la decapitación como amenaza para conseguir fines bélicos, cuyo más famoso episodio sería el de la defensa de Tarifa por Guzmán el Bueno.[40]

 

3. La decapitación también se puede producir como parte de la batalla, si se ha conseguido un buen golpe. Estos casos, que no serían muy comunes en la realidad –si bien es verdad que según fuentes arqueológicas y legales se solían perder manos y piernas[41]-, sin embargo tienen un amplio reflejo en la iconografía y las novelas épicas o de caballería.

 

4. Hay que tener en cuenta que la decapitación de un enemigo vencido en batalla se puede producir sobre personas vivas o sobre cadáveres, bien como revancha, como castigo o para contar (esto último no era común en el mundo cristiano peninsular). Un famoso ejemplo sería el de la decapitación de templarios y hospitalarios por Saladino tras la batalla de Hattín (1187)[42]. En el caso peninsular este tipo de episodios fueron excepcionales. Recordemos que como se ponía en boca del Cid tras la conquista de una ciudad: “.. ya los moros quedan muertos; y vivos bien pocos veo. Y los que quedan con vida, a quien vender no tenemos. Si cortamos sus cabezas, nada en ello ganaremos. Dejémosles en el pueblo, pues el señorío es nuestro, posaremos en sus casas, y de ellos nos serviremos.”[43] En la Península Ibérica interesaban los cautivos en caso de botín, o mantener a la población como fuerza de trabajo en caso de conquista. Aún así tenemos algunos ejemplos de masacres de población (Malagón, 1212), o incluso uno de la decapitación de los cautivos conseguidos durante una cabalgada. Bien es cierto que en este último caso la situación para las fuerzas cristianas era desesperada, encontrándose entre dos fuerzas enemigas y no queriendo cargar con la posibilidad de una quinta columna en su interior, por lo que deciden la ejecución de dichos prisioneros[44].

 

5. Decapitación o ejecución preventiva. Ya hemos visto cómo los fueros fronterizos locales animaban a la decapitación de adalides y enaciados por anticipado. Hay algún ejemplo mucho más temprano, como cuando Muza, decidido a evitar problemas, y sospechando de una posible traición de los hijos de Witiza y del conde Julián, sus aliados, « a un mismo tiempo los liberó de sus tratados, sus cabezas y su vida». Una forma poética que usa Rada para describir esta ejecución preventiva[45]. También nos encontramos con el pago por la entrega de cabezas musulmanas, tanto en Tierra Santa como en Castilla, lo que favorecería las decapitaciones casuales[46].

 

6. Decapitaciones como acto en caliente de una batalla, como venganza o represalia. De estos casos encontramos ejemplos también en Tierra Santa, como recoge la Gran Conquista de Ultramar, así como en la península ibérica. Quizás uno de los casos más realistas o mundanos sea el que nos presenta, de nuevo, la crónica de la población de Ávila. Dice que los de Ciudad Rodrigo vinieron al Fenar y robaron un montón de ganado a los serranos. Salieron en su persecución, alcanzándoles finalmente y matando a gran parte de ellos, «recuperando así su ganado. También aduxeron las cabezas a Ávila, e oviéronlas que comprar los sus parientes que fincaran en Ávila, e ansí fueron soterrados»[47].

La Crónica Aldefonsis Imperatoris nos cuenta todo el episodio de Munio Alfonso, una historia llena de hechos militares y decapitaciones. Este episodio es estudiado por Isabel Alfonso, pero permítaseme reseñar que, como uno de los colofones de la historia, la emperatriz castellana manda a médicos judíos y musulmanes tratar las cabezas de los reyes musulmanes enemigos decapitados, para enviarlas de vuelta a Córdoba. Así, las cabezas serán untadas con mirra y aloe, envueltas en las más finas telas, y colocadas en cajas de plata y oro para su embarco/transporte.

Ello nos lleva a tratar el tema de la conservación de las cabezas (y los cuerpos) y su transporte. Por la documentación que yo he consultado no he podido averiguar qué usarían los cristianos  a tal fin, salvo en el caso del episodio anteriormente referido, pero en esa ocasión hay que recordar que tal proceso se encargó a físicos musulmanes y judíos. Es de suponer que los cristianos tendrían sus propias o mismas técnicas para la conservación y el traslado, ya que también tenemos casos de transporte de cabezas y cadáveres entre los cristianos[48]. El sentido común nos dice que allí donde fuera posible el uso de la sal sería un medio de conservación estable. En cuanto a los medios de transporte es de suponer que habría algo más específico que la silla o el arzón de las cabalgaduras, como se nos canta de forma intimidatoria en varios romances fronterizos[49].

 

 

3. La Gran Conquista de Ultramar. Las crónicas de cruzadas, novelas de caballería y los romances fronterizos

 

Aquell mal Emperador quando le aduxieron los xristianos, peregrinos presos, mandolos luego descabeçar sin ningun merecimiento. mandaua fazer aquella crueldad. A los peregrinos que yuan
en seruicio de dios
.[50]

 

            Sin duda alguna la fuente medieval “castellana” donde encontramos un mayor número de decapitaciones es en la Gran Conquista de Ultramar. Hay más de medio centenar de referencias, y para todos lo gustos. Decapitaciones de cristianos por musulmanes en batalla, o por venganza. Decapitaciones entre los musulmanes como castigo o ejemplo. Decapitaciones de musulmanes por griegos y armenios, fueran estos enemigos declarados o teóricos vasallos que ajustician a sus señores. Decapitaciones de musulmanes por cristianos en la batalla, para atemorizar o como venganza, y decapitaciones entre cristianos griegos y latinos, o entre latinos por puro acto de violencia y principalmente como pena real o en un marco de juicio divino (en este último caso se suelen enmarcar dentro de la historia del caballero del Cisne, una parte integrante de la crónica[51]). Pero hay un punto importante a destacar. Esta obra, hoy por hoy atribuida a Sancho IV de Castilla aunque probablemente fuera un proyecto original de Alfonso X[52], es básicamente una obra franca[53], traducida por castellanos, quienes añadieron ciertas partes referentes a la historia de Castilla y la Península Ibérica para entroncarla en el desarrollo general de las cruzadas a Oriente.

Precisamente es ese carácter franco lo que la hace especial. Considero que el elevado número de decapitaciones presentes responde a una concepción “franca” más que peninsular o castellana del enfrentamiento con los musulmanes y del propio fenómeno de la decapitación. Ello vendría a reafirmar la visión que presentan varios autores, el arzobispo Rada entre otros, de los francos como un pueblo mucho más radical en su trato con los musulmanes que los castellanos, lo que queda bien patente en su narración de los hechos de las Navas de Tolosa. De hecho, ninguna de las otras obras cruzadas puramente peninsulares, o donde el elemento cruzado se muestra más evidente, como en el Poema de la conquista de Almería, la Historia Rebus Hispaniae, la Crónica latina de los reyes de Castilla, el Poema de Fernán González, el Gran Poema de Alfonso XI, o incluso los romances viejos de frontera presentan tal cantidad de decapitaciones. Lo cual vendría también, al menos en cierta forma, a apoyar la idea de que la decapitación era una pena o hecho más frecuente en las sociedades del centro y este de Europa, que en las de la península ibérica cristiana[54].

También son relativamente abundantes las referencias a decapitaciones en las principales novelas de caballería como el Caballero Zifar, y, en menor medida, en el Libro de Alexander, el Cuento de Tristán de Leonis y el Emperador Otas de Roma. Estas novelas de caballería, aunque algunas fueran obras castellanas, siguen modelos centroeuropeos, por no decir claramente francos, algo alejadas de los tradicionales héroes épicos castellanos hasta ese momento, como el Cid, donde las decapitaciones son mucho menos abundantes, a pesar de ser un evidente recurso para el impacto.

El tratamiento de los romances fronterizos castellanos es problemático. Por un lado, nos enfrentamos a fuentes tardías. Por lo general cuentan hazañas del s. XV, aunque los más antiguos narren episodios referentes al reinado de Alfonso XI, pero éstas son una excepción. Además, estas hazañas del s. XV (especialmente de su segunda mitad) sólo las encontramos recogidas en obras posteriores, durante la primera mitad del s. XVI. Y de hecho, es frecuente encontrar diferentes versiones de un mismo romance. Versiones que pueden varias en longitud o en detalles, incluyendo que en algunas de ellas se mencione una decapitación y en otra versión del mismo romance se omita. Este, por ejemplo, sería el caso de los romances VI.17 y IV.3 según la recopilación de Pedro Correa[55].

            En estos romances, donde se mezclan espíritu de cruzada y caballería, la decapitación se suele realizar sobre cuerpos ya muertos, bien de cristianos, bien de musulmanes, principalmente como obtención de una prueba de honor o como ejemplo. De acuerdo con el carácter de los romances, estas decapitaciones se suelen realizar sobre la persona de capitanes o dirigentes, caso de los ejemplos VIII.9, VI.16, VI.15, VI.14, VI.12 y VI.2. No se encuentra que se produzcan decapitaciones o mutilaciones sistemáticas, respondiendo más bien a casos puntuales y ejemplarizantes, y de hecho el número de decapitaciones es pequeño comparado con la cantidad de romances analizados (ello no quita que se mencionen más bajas, pero no se especifica si son o no decapitados). Ciertamente estos romances nos muestran una imagen muy vívida y épica de la frontera, con campeones por ambos lados retándose bien en batalla, bien en lances particulares.

  

4. Las decapitaciones por los musulmanes en las fuentes cristianas

 

...los filosofos proffetas con algunas cosas verdaderas mesclan con otras falssedades dizjendo que muysen fue muy grant proffeta mas que Ihesu ffue mucho mayor de todas las proffetas & por lo qual dize mahomad assus moros que en su alcoran esta escripto que del rressuello de dios vjno ihesu xpisto en santa maria &' dize mas que quien dixiere mal deste ihesu xpisto que ellos llaman yza que nasçio de maria por sspiritu santo que le corten la cabeça & muera & assi da a entender que ihesu xpisto que es fijo de dios verdadero que nasçio por graçia de spiritu santo dela virgen santa maria & luego lo daña por otra parte en que njega que ihesu xpisto non tomo muerte & passion njn ressurrection[56]

 

que pena meresçen los iudios o los moros que denuestan a dios & a santa maria o alos otros santos o fazen algunos delos yerros sobre dichos que dize en este titulo. Commo quier que non deuen apremiar alos moros y alos iudios para creer enla fe delos cristianos. con todo eso no tenemos por bien que ninguno dellos sea osado ni atreuido en ninguna manera de denostar a dios ni a santa maria nin a ninguno delos santos que son otorgados por la yglesia de roma. Ca si los moros defienden en todos lugares do han poder alos cristianos que no denuesten a mohamat ni digan mal de la su creençia & los açotan por esta razon. & les fazen mal en muchas maneras & los descabeçan avn mucho mas guisada cosa es que lo defendamos nos aellos & alos otros que non creen en nuestra fe que non osen ser atreuidos de dezir mal della ni delos denostar.[57]

 

Esta aproximación teológica a la pena de decapitación en el mundo musulmán, en fuentes cristianas, es una excepción. Se podrían poner en referencia con el contexto histórico en el que se escriben, cuando todavía son recientes los casos de las decapitaciones de los franciscanos en Túnez y Valencia, en el segundo tercio de ese siglo XIII.

De las algo más de treintena de noticias diferentes relacionadas con decapitaciones practicadas por los musulmanes, en fuentes castellanas plenomedievales, en la mitad de los casos se trata de ajusticiamientos dentro del propio mundo musulmán. Lo cual no deja de ser sintomático habida cuenta del, por lo general, escaso espacio que se dedica a contar la cosas acaecidas en el interior de al-Andalus.

 

Suceso

(época/ siglo)

Fuente

Decapitación de Munio Alfonso y tour de su cabeza por las cortes musulmanas de al-Andalus y Magreb

2/2 s. XII

Cronica Aldefonsi Imperatoris

Batalla de Écija. Decapitación de don Nuño.

«& de moros que murieron alli / E abenyuçaf mostraua quele pesaua dela muerte de don nuño ca dizie quelo quisiera tomar biuo & mandole cortar la cabeça & enbiola al Rey de granada & enbio le dezjr que tomase su parte de aquella caualgada / E el Rey de Granada enbiole dezjr que era pagado...» Granada devuelve el cuerpo para su enterramiento en Córdoba.

1275

CAX, cap LXII, p. 178-179

Batalla de Martos. Decapitación del obispo electo, el infte. de Aragón d. Sancho. Habiendo caído Sancho derrotado y prisionero, comenzaron las discusiones entre las tropas musulmanas formadas por contingentes peninsulares diversos (arraez de Málaga, tropas nazaríes) y benimerines. Ante ello, el arraez de Málaga le propinó un golpe «con vna azagaya por ençima del onbro quele entro al cuerpo & matolo. E dixo non quiera ala que por vn perro se maten tantos buenos commo aqui estan & cortaronle la cabeça & la mano en que tinje el anjllo & moujeron ende con su presa & fueronse / E en este dia que prendieron & mataron al arçobispo...»

Envío de su cabeza de vuelta a Castilla desde Granada

1275

CAX, cap. LXIII, p. 181-183; Anales, libro I, cap. 98

Decapitación del mercenario cristiano portugués Giraldo sem pavor

½ s. XIII

CLRC

Identificación entre perder en batalla frente a los musulmanes y la decapitación

s. X

PFG

Identificación entre perder en batalla contra los musulmanes y la decapitación

s. IX

C20R

Decapitación de los siete infantes de Lara

«.... & vos sabedes que almançor me prometio grand ayuda para ellas onde vos Ruego que vos que vayades ael con mjs cartas & que melo saludedes de mj parte & vos dezirle hedes la grand cosa que fiz en mjs Bodas & que auja mucho menester la Su ayuda & yo bien sey que vos dara el grand auer. Gonçalo gustios le dixo don Rodrigo mucho me plaze de yr y & de fazer enesto vuestro Ruego Ruy blasques apartose estonçes en su palaçio con vn moro ladinado & fizo sus cartas conel en araujgo & las cartas dizien assi: A vos almançor de mj don Ruy blasques. salud. Fago vos saber que Sus fijos deste don gonçalo gustios de salas que vos esta mj casa dara que desonrraron mal amj & amj muger & por que yo non me puedo aca vengar dellos en tierra de xpistianos enbiouos por ende a este su padre que le fagades vos luego descabeçar. E yo sacare mj hueste & leuare comigo asus siete fijos & yre posar conellos a almenar & vos enbiad y aujara & galue con grand hueste & yo meterles he en poder alos ssiete Jnfantes mjos Sobrinos & descabeçen los luego. ca des que vos estos oujeredes muertos aueredes la tierra delos xpistianos a vuestra voluntad Ca estos vos son los mas contrarios caualleros que otros ningunos que ya ssean & enque mas esfuerço tiene el conde garçi ferrandes. Despues que la carta ouo el moro fecha descabeçolo luego Ruy blasques por que non lodescubriesse...

... Don Rodrigo metiosse entonçes ençelada con todos los Suyos & mando a los ssiete Jnfantes que fuessen correr el canpo. ca don Rodrigo mando alos moros las cabeças delos ssiete Jnfantes & aujalos enbiado dezir alos dichos moros que echassen aquel dia los ganados fuera...

... las espadas asi botas que non tajauan nada. Los moros quando los vieron estar ssin armas vinjeron aellos & çercaron los aderredor & mataron los luego los cauallos desi prisieron aellos ca sse les non podien ya anparar ca non tenjan armas con que & descabeçaron los vno a vno asi commo nasçieron. Gonçalo gonçales el menor quando vio los hermanos muertos ante ssy con la grand cueyta que ouo en su coraçon dexose yr a aquel moro que los descabeçaua & diole vna tan gran puñada enla garganta que luego cayo muerto en  tierra. desi sacole mucho ayna la espada dela mano & mato conella mas de veynte moros de aquellos que estauan aderredor del los moros çercaron le alli todos & prisieronle & descabeçaron le luego. Despues que todos fueron muertos assi commo diximos espidosse Ruy blasques de los moros & tornosse a villuren su lugar. E los moros fueronsse otrossi para cordoua & leuaron las cabeças delos ssiete Jnfantes & la de muño salido...»

s. X

C20R, 34v, 38r

Crónica de 1344[58]

Estoria de España, II (Alf X)

Decapitación de los defensores cristianos de Córdoba, tomando como última plaza fuerte la iglesia principal.

s. VIII

HRH, p 154

Muza decapita a sus aliados, la familia de Witiza y el conde d. Julián

s. VIII

HRH, p. 165

4 episodios de decapitaciones protagonizadas por Ysem de Córdoba y otros primeros dirigentes taifas entre las propias filas musulmanas

ca. 1020

Historia Arabum (xxiii, xxxvi, xxxix, xliv)

«E vn dia auino assi que caualgo mahomad almahadi fuera de la villa & el andando alla fuera ysen araxid & los otros moros de cordoua que tenjen conel fueron al alcaçar & entraron dentro & mataron muchos de aquellos traydores que fueran enel consseio & en el fecho de prender a ysen su Rey & quemaron los cuerpos dellos y açerca de las puertas del alcaçar Despues desto guisaron sse muy bien & fueron contra mahomad almahadi fuera de la villa & lidiaron conel mas al cabo vençio los mahomad & mato muchos dellos & priso a ysen araxid.. E mahomad temjendo sse de trayçion fizo descabeçar a aquel ysen araxid & avn a otros muchos con él».

ca. 1020

C20R, 45r

«Ese Çulema & dieronle vn cauallo & vna espada & dixeronle que si pudiese matar a çulema que lo alçarien luego por su Rey Çulema ouo de saber esto por vn su amigo & priso a aquellos berberios & descabeçolos».

ca. 1020

C20R

«Ysen quando lo vio dixole tu eres traydor a dios & amj. ca feziste matar todos los moros que tenjen comigo & tomaste les todos sus bienes que aujen. & fezistes a muchos perder consejo & andar pobres & mesquinos & avn syn esto fezistes despues muchas trayçiones.  Luego que esto ouo dicho mando avn su alguazil que le descabeçasse [a Mahommad] & que le despeñasse el cuerpo de somo del muro en medio dela Rua. E yssen mando guardar la cabeça del [e] los castrados fizieron lo que les mando ysen & desfizieron []todo el cuerpo en pieças metiendo las lanças por el Despues desto tomaron la cabeça por mandado de yssen & metieron la en somo de vna lança & traxieronla por toda la çibdad. Los moradores de cordoua oujeron grand plazer quando la assi vieron traer por que muchos males & muchos tuertos & desonrras aujen de aquel mahomad Resçebidos Pero despues a cabo de tres dias Rogaron al Rey algunos Sus parientes de aquel mahomad que les mandasse dar el cuerpo para soterrarlo de aquel mal auenturado mahomad ...

Ysen enbio la cabeça de aquel mahomad despues desto a Çulema que estaua estonçes en Çitana cuydando que luego que la viesse que se tornarie su vasallo mas non fue assi commo el cuydó...

Çulema luego que ovo tomada la cabeça de Mahomad enbiola enbuelta con vn paño blanco de muy grand valor a aquel su fijo Obeydalla....

E avn sin esto cayo en esos de cordoua vna pestilençia tan grande que todos se morien. onde por esta Razon fuyen dela çibdad todos los que podien & alçauansse enlas sierras Alhagib alhameri del que dixiemos de suso quando este mal vio tan grande enbio sus cartas en su poridad a çulema & alos berberis que Se querie yr para ellos con todo lo suyo Mas esto non lo fizo el tan en poridad que lo non sopo luego ysen. Despues que çulema ouo leydas las cartas que le enbiara aquel alhagib enbiole su Respuesta por sus cartas otrossi en commo fiziesse. E fue assi que ouo de auer  Ysen aquellas cartas que çulema enbiaua & despues que vio lo que enellas se contenjan Ysen enbio sus monteros por Alhagib que gelo traxiessen preso. E despues que ouo leydas aquellas cartas mandole luego descabeçar & mando que traxiesen la cabeça del por toda la çibdad por tal que supiessen todos que por la trayçion que cuydara fazer le dieran tal muerte E por que los berberis auian toda la tierra destruyda & despoblada eran en muy grand cuyta de fanbre. assi que los dela çibdad commo los de los otros logares aderredor estauan aquerados mucho».

ca. 1020

C20R, 49r

Historia arabum (xxxvi)

Crónica abreviada

«E prisieron le y vn alguazil que avie nonbre adub & descabeçaronle. & mataronle y otrosi muchos delos berberies».

ca. 1020

C20R

«y aquel abderramen almorcada & a muchos de los suyos. Los de granada cogieron estonçes el canpo & fallaron y grandes riquezas & muchas buenas donas. Desi enbiaron lo todo de so vno con las cabeças de aquellos que murieran enla batalla a Caçin Rei de cordoua en presente. por esta batalla cobro Caçin muchas villas que auja perdido..»..

 

C20R

«Abenjahaf quando sopo de aquel Sartal & del otro aver que era muy grande cresçio le grand cobdiçia & cuydo en commo lo podrie auer que non sopiesse njnguno. E asmo que non podrie seer encubierto ssi non si le matasse E quando llego la noche mandole descabeçar & tomo todo aquel tesoro que el falló».

ca. 1020

C20R, 147r

«Todos de yaya  [Abenjahaf] fuyeron & fueron se para malaga /. mas luego a poco de espaçio mato a ysmet fijo de dabet ayaya & enbio la cabeça del a ysen que era Rey de seujlla /. Et quando esto ouo sabido ydres hermano de aly de que ya auemos dicho el qual era adelantado de çebpta».

ca. 1030

Crónica de 1344

«E mjentra que el Rey [Fernando III] touo çercada a capilla el Rey de Baeça estaua en cordoua & quando vieron que enbiaua vianda a los xpistianos alboroçaronse para lo matar El con mjedo salio dela villa por vna puerta que es contra las huertas por se acoger al castillo de almodouar E los moros fueron en pos el & alcançaronlo ante que sse acogiese al castillo enla cuesta alli mataron su Señor dos moros poderosos cortaronle la cabeça & leuaronla en presente Abullaleque que era Rey de seujlla cuydando que le fazian plazer & sserujçio  Mas el entiendiolo mejor. & por la trayçion que fizieron mandoles el Rey cortar las cabeças & los echasen a los canes».

ca. 1230

C20R

«E en aquel tienpo era Abuhat vn moro que se leuantara enrricad vn castillo que era en tierra de murçia que se alço contra los almohades que apremjaua crua mente alos moros de aquen mar E ellos con la grand premja de los almohades alçaronsse con Albuhat & resçibieronlo por señor en tierra de Murçia & en otros muchos logares. & quantos almohades pudo auer descabeçolos todos & touo que las mezquitas eran ensuziadas dellos & fizo esparzir agua por ellas. Bien commo fazen los xpistianos por las iglesias quando las Restolan que son violadas E fizo las señales de sus armas negras E en poco tienpo gano el andalozia & fue ende sseñor fueras ende valençia & su tierra que la anparo cahen que era de linaje de Reyes. E este Albuhat era del linaje de abenalhange & por su esfuerço & por su bondad valio mucho & fue muy buen Rey & esforçado & justiçiero & verdadero. Enpero ala postremeria conbidolo vn su vasallo a comer en Almaria que auja nonbre yhuda Roman & cortole la cabeça».

ca. 1230

HRH, 345-346; C20R

«Esse anno otrossi enuio Ysca Amjramomellin por Rey de Espanna; un que auie nombre Alhaytam fijo de Obeth. & assi como llego a Espanna; demostrosse por muy brauo & mucho esquiuo con el poder que traye. & mantouo el Regno muj crua mientre. diez meses. E algunos de los Alaraues ouieron sus fablas por ende de comol matassen. Mas Alhaytam sopo lo luego & priso los. & atormento los muj mal. desi enuio los allend mar; & fizo los alla descabeçar Entre aquellos Alaraues que el penara & mandaua descabeçar; auie uno a que dizien Zath que era omne de muj grand linnage entrellos. & noble por si mismo. & rico & abondado de todos bienes. & ya como que fue; uuio escapar & fuxo ante quel descabe[ç]assen & fuesse pora sus parientes & pora los daquellos a que Alhatam mandara descabeçar. & conto les todo el fecho. Desi fueron se todos pora Ysca Amiramomellin. & demostraron ge lo. Ysca enuio estonces con aquel Zath a espanna; uno que auie nombre Mammen con muj grand caualleria. & mandol que fuesse como derebata de guisa que non tardasse mucho por que Alhaytam lo pudiesse saber. & quel echasse del Regno; & que fuesse el rey & sennor de la tierra. Mas agora dexa la estoria de fablar de los moros...».

733

Estoria de España II (Alfonso X), 74E

«Pero dize la estoria que venje el de omnes buenos & que su padre & sus ahuelos ssienpre fueran alcaldes de valençia vno en pos otro fasta el Su tienpo. Este abenjahaf Sopo commo el Rey de valençia non era ydo dela çibdad & mando lo buscar & fallaron lo ascondido enel baño onde vos dixiemos que Se escondiera. Aquel Rey de valençia sacara conssigo del alcaçar muy gran auer en oro & en plata & en piedras presçiosas & vn sartal de aljofar & de piedras presçiosas. Abenjahaf quando sopo de aquel Sartal & del otro aver que era muy grande cresçio le grand cobdiçia cuydo en commo lo podrie auer que non sopiesse njnguno. E asmo que non podrie seer encubierto ssi non si le matasse E quando llego la noche mandole descabeçar & tomo todo aquel tesoro que el fallo. Capitulo l.vo. de commo el Cid tollio los panes & las vjñas & las huertas a valençia. Abenjahaf estando en su casa muy loçano en continente de Rey non daua nada por las cosas que fazien menester para mantener aquel estado que el cuydaua tener. mas labraua sus casas & sus vjñas. & puso omnes por guardas que lo guardassen. E hordeno las cosas que el touo por bien. E fazie todas sus cosas asy commo Rey. E esto fazie el por abaxar vn su cormano que era alcalde de la çibdad & por mostrar que el era Señor Ca non preçiaua nada al alcayde delos almoraujdes njn mandaua njn vedaua nada enla çibdad. la conpaña que fuera de alcadir Rey de valençia fuerasse para Juballa con vn primo de abenfarac el que yazie preso».

ca. 1095

C20R, 147r

Albohacén, sultán benimerí, convoca la guerra santa... y en su arenga a las tropas “dice”: «E luego les tajaré / las sus cabeças preciadas [las de los cristianos],/ a Marruecos las traeré / en las mis señas colgadas...».

ca. 1340

Poema de Alfonso XI, 911

Sobre Algeciras, el mismo Albohacén: «Tantas piedras non tien ella

de la cima fasta el fondo /            quant(as) cabeças por ell            morieron en este (mu)ndo»

ca. 1340

Poema de Alfonso XI, 2354

«(E) un falso enaziado, /(que) de la cava sopiera, /en la villa fue entrado, / a los moros lo dexiera. / So las cavas pelearon /todos con muy gran porfía / e a los moros tajaron / siete cabeças un día:/  al rey las apresentavan, / que estava en su tienda,  (e) a Priego se allegavan...».

ca.  1340

Poema de Alfonso XI, 1984-1988

«...ayudar E el paso a espanna con muy grant conpanna de almoravides & çerco luego a seujlla & tomola & priso a aly el que enbiara a espanna & cortole la cabeça por que sse llamara mjramomelyn & torno toda la tierra de moros sso su sennorio & saco su hueste & entro a correr la tierra del rey don Alphnso».

ca. 1090

Crónica abreviada

«el ynfante salio de la villa de Fez, entro el rrey su padre en la villa, e puso en ella rrecaudo el mejor que entendio.  E el infante Aboali fuese para Sojulmença, e rresçiuio las tierras por de su señorio e llamose rrey de Sojulmença e señor de Alquiba. Y estando el rrey Aboali en Sojulmença, vino a cuydar como saliera de Fez sin su grado e como los christianos hizieron fabla con su padre non gelo mandando el; e por esta rrazon, mando llamar todos los christianos e dixoles que se tornasen moros a la ley de Mahomad e que creyesen en el Alcoran, que dezia que Dios enbiara del çielo el su propheta Mahomad, e los que esto fiziesen que les faria merçed e que aurie fuzia en ellos, * e los que fazer no lo quisiesen que les faria cortar las cabeças[59]. Y ellos le pidieron por merçed que les diese tienpo para que pudiesen acordar sobre esta rrazon; e el gelo dio. E destos ouo ay que se tornaron moros sin su grado, e los otros se fueron para su padre del rrey Aboali el rrey Aboçayde, que los rresçibio muy bien, e les mando que los que se tornaron moros sin su grado que se tornasen a su ley e fuesen christianos segund lo solian ser, e los que quisiesen ser moros que le plazia con ellos. / Y por lo que anssi hizo el rrey Aboali contra los christianos, por esta rrazon el fue mal andante e tirado de su honrra, anssi como adelante oyredes en la historia».

ca. 1340

Gran Crónica de Alfonso XI, II, 208 (cap. Ccxix)

«E luego empos esto passo allende la mar yucaf miramamolin de marruecos: E corto la cabeça a aquel ali según vos lo contara la hystoria adelante...».

ca. 1095

Crónica popular del Cid, 58v

«...despues desto passo este sartal alos reyes moros de benuc que fueron señores del andaluzia: & despues houo la el Rey aly maymon de Toledo: & diola a su muger: & ella diola a su nuera madre deste yaya Rey de valencia: & el houola de su madre. E abeniaf asmo que non podia hauer este hauer & encubrirlo de otra guisa si non matasse al Rey yaya. E por esta razon mando le cortar la cabeça: & mandola echar en vna laguna & yogo alli fasta otro dia de mañana E vn home bueno dolio se del su cuerpo de su señor: & tomolo & puso lo en vnas sogas & en vn lecho...».

 

Crónica popular del Cid, 65r

«Ca siguio eneste medio/ entre los infieles del Africa/ vna estraña nouedad: que vn cabdillo moro que llamauan Mirabusaque/ se leuanto contra el rey de Tunez: sobrino suyo: y le corto la cabeça: y se fizo rey».

ca. 1280

Crónica de Aragón, 120r

Muerte y decapitación de Abu Salim por el sultán Abu Tabit, encargándoselo a cristianos.

1/2 s. XIV

CAXI (CCXXIII, 312)[60]

Muerte de al-Murtadà. Presentación de la cabeza a su oponente, Abu Dabbus.

1266

CAXI (CCXIX, 311-312)

La GCU y otras novelas de caballería cuentan muchos más episodios referentes a Tierra Santa o a otros escenarios donde también se ven implicados los musulmanes, que aquí no se han contabilizado.

 

Como detalle, podemos hacer notar que las dos obras atribuidas al arzobispo Rada, la Historia Rebus Hispaniae y la Historia Arabum, nos cuentan siete episodios de decapitaciones islámicas. Y sin embargo los episodios narrados en una y otra fuente no coinciden. Las de la Historia Arabum refieren cuatro casos sucedidos en la primera época taifa dentro de las filas musulmanas; episodios diferentes a los que se cuentan en la HRH. Ello vendría a ser otro elemento a favor de aquellos que consideran que la Historia arabum no salió de la pluma del toledano[61].

Es evidente que para las fuentes cristianas castellanas el mundo musulmán estaba muy familiarizado con la decapitación. El relato épico de los siete infantes de Lara incluso nos comenta el uso por parte de un cristiano de esa facultad extendida en la cultura o política musulmana. Si bien es cierto que la decapitación es algo más o menos común a uno y otro lado de la frontera. También, y a pesar del escaso hueco que tienen los sucesos andalusíes en las crónicas castellanas, es de hacer notar el que se recojan no sólo abundantes episodios de decapitaciones dentro del mundo musulmán, sino también el posterior trato que se da a las partes decapitadas, mostrando a los musulmanes algo más preocupados o interesados que los cristianos castellanos en cuanto a ese ulterior destino de las cabezas. Pero, repetimos, el trato expositivo de las cabezas también se encuentra en la cultura cristiana castellana. Sin embargo, una cosa algo diferente es el interés que parecen mostrar los musulmanes, según las crónicas castellanas, en decapitar los cuerpos en plena batalla y presentarlos inmediatamente a los capitanes[62]. Ello recuerda mucho a la costumbre japonesa al respecto[63], pero es poco común en el campo cristiano castellano.

 

 

5. Otras formas de perder la cabeza

 

...ssiete caualleros & vos vno solo &queredes tornar a ellos por vna cofia. / Garçi Peres le dixo non me fables enello & mas que bien vees que non he cabeça par andar sin cofia. / E esto dizie el por que era muy caluo que non tenja cabellos dela meytad de la cabeça adelante / E tornose para aquel... C20R

 

            Como hemos visto, había ciertas profesiones que no eran nada recomendables si uno quería mantener la cabeza sobre los hombros, como el ser adalid (de uno u otro lado), espía (los cristianos les llamarían enaciados musulmanes), y, por último, candidato al trono. Ciertamente el postularse para el trono debió ser un negocio altamente peligroso, especialmente en al-Andalus durante toda su historia, en comparación con los relativamente tranquilos candidatos cristianos castellanos de época pleno y bajo medieval (aunque la tasa de defunciones “reales”, no naturales, durante la alta edad media cristiana fue igualmente elevada).

            Sin embargo, había otras maneras de perder la cabeza de forma no tan evidente, sin ser un reo penado, o ser sujeto de un llano robo con violencia. En los textos nos hemos encontrado con varios mensajeros decapitados, que a veces también podrían desempeñar la función de espías[64], y algún que otro traductor envuelto en asuntos turbios (como el de los siete infantes de Lara). En estos casos, la decapitación no solo elimina al personaje sino que creo que tiene un objetivo de ocultación, o de hacer imposible identificar a la persona decapitada para evitar ulteriores pesquisas.

            Además, uno podría perder la cabeza, y algo más, por feudos privados. El caso que recoge el Fuero de Burgos es especialmente ilustrativo de la violencia que se podía desatar en estos conflictos:

 

Esto es por fazannya que pero diaz el meryno enforco a Johan Romero cauallero sobrino de don mariscot de sagrero. Et vinia vn dia cauallero de sant milian pero diaz el meryno & traya consigo muchos peonnes & muchos omnes dela tierra. Et dieron salto a el al enzinal de santo domingo dela calc'ada ferrant Romero& lope Romanez de puellas & sus fijos et gutier munioz de santurdi & fijos de lope Romanez de goreta & lope gunc'alez fijo de don mariscot & otros de sus parientes & lidiaron con pero diaz el meryno & cortaron le la cabesça & los pies & las manos & metieron le vn palo por el fondamiento & mataron a su fijo diago peres que era euangelistero & fueron se del Regno para aragon por miedo del Rey alfonso que era su meryno pero diaz. Et fueron con el Rey de aragon ala batalla de vbeda & Rogo el Rey de aragon por ellos al Rey don alfonso de castiella et perdono los[65].

 

Por último, la cabeza podía sufrir otro tipo de daños, permanentes o temporales, como resultado de una sentencia o de una batalla, que no supusiesen la pérdida de la misma. Nos referimos a los castigos por mutilación parcial (ojos, nariz, orejas), así como las marcas sobre la frente o la cara, todo lo cual llegaron a prohibir las Partidas (aunque estaban especificados en el Fuero Juzgo y otros fueros locales). Otro método tenía que ver con el pelo y su rasura[66].

  

6. La importancia simbólica de la cabeza.

 

...la muger faze contra su marido, [e] viene el marido a matalla toda la culpa dela su muerte es de aquel que la metio enel mal ssegunt la palabra que nuestro señor ihesu xpisto dixo en ssu euangelio que dize asi guay de aquel por quien se leuanta el escandalo ca aquel que faze el errar viene el escandalo entre el marido & la muger Ca por Aquel Escandalo vjene despues la muerte della quando el marido la mata ca con derecho la puede matar ca el dia quela muger & el marido casan enla eglesia estando los ynojos fincados antel altar les ponen A amos a doss vn paño alas cuestas & los atan con vna cuerda a ssemejança que de aquel dia en adelante son atados por aquel casamjento & el paño que tienen alas cuestas non cubren la cabeça al noujo & ala muger cubren le la cabeça conel paño a ssemejança que de allj adelante deue ser sojebta del marido & obedeçello en todo & le non fazer pesar& por esso mandan todos los derechos que Nunca mate la muger al marido por culpa que enel Aya & el sy aella otrosi mjo fijo commo te dixe de primero guardate que non peques con muger virgen[67].

 

Dende a tres dias que el cid murio decendio el Rey Bucar en la playa de Valencia con el mayor poder que nunca Rey traxo de allende en mar & conel treinta & seys Reyes & vna Reyna mora con mil & dozientos caualleros negros que todos venian tresquilados si no sendas vedijas de cabellos enlo mas alto dela cabeça en señal que venian a saluar sus animas & estos venian armados de coraças & lorigas & trayan arcos turquies &...[68]

 

El primer texto es un ejemplo del sometimiento de la mujer al hombre en la Edad Media y cómo la cabeza puede usarse como símbolo. Se habrá notado que durante la ceremonia de la boda la cabeza que se cubre es la de la mujer y se hace constar el motivo, porque representa su sujeción respecto al hombre. Ciertamente, la iglesia ya había demostrado esta sujeción femenina desde la época de San Pablo, al mismo tiempo que el mismo autor identificaba a Cristo como cabeza de la Iglesia[69]. De igual modo, la metáfora antropomórfica se mantiene por parte de la iglesia en un documento expedido por Inocencio III y dirigido a los priores de los conventos de Costa y San Torcato. En dicho documento se especificaba que al igual que era ilícito separar los miembros de la cabeza, de igual manera era inaceptable que las iglesias situadas en la diócesis de Braga, a pesar de la lejanía de alguna, intentasen huir de la obediencia de dicho obispo[70].

En realidad, las fuentes de los s. XII y XIII dejan constancia de la primordial importancia simbólica de la testa. En las partidas y en los fueros se juraba por la cabeza[71] (de uno mismo) –y por la cruz-, se contaban “cabezas” (de personas y ganado), se decoraba la cabeza como símbolo de diferentes valores (véase el segundo texto) y se asimilaba la cabeza física con otro tipo de cabezas ideológicas.

La iglesia no era la única institución que establecía dicho paralelismo. La ideología cortesana funcionaba en el mismo sentido. Así son abundante los ejemplos que identifican al rey como la cabeza de un reino de carácter corporal (Espéculo Ms 2:I.I):

«Spiritualmente, dezimos que el rey es el alma del pueblo...Naturalmente, el rrey es cabeçera de su rreyno»: Es. 2:6.2. El rey es el único creador de ley (Es. I:I.3).

El Setenario (p. 261) establecía una equiparación entre las armaduras temporal y espiritual: «... en semejança del yelmo pusieron el amito con que cubre el clérigo la cabeça, que es más alto e más nombe miembro del cuerpo...».

Otrosí:

 

Ca la cabeça mjenbro espeçial es del cuerpo & como quier que el cuerpo sea mjenbro mas es de guardar la cabeça que el cuerpo. Ca mas noble mjenbro es. Ca delo vno muere luego si lo tajan & del otro non. El tu heredero es tu cabeça[72].

 

Que las cosas del principe deuen seer ante ordenadas & las del pueblo depues. [iiija]. Dios que fizo todas las cosas. Ordeno con derecho la cabeça del omne de suso. & fizo nacer de la cabeça todas las otras partidas delos menbrios del cuerpo del omne. Onde por esso es dicha cabeça. por que los otros membrios comiezan a nacer della. & forma en la cabeça la lumbre de los oios; por que pudiesse omne ueer las cosas que le pudiessen enpeecer. & formo en ella la memoria de entender & por que pudiesse gouernar & ordenar los otros menbrios del cuerpo. que son sometidos. Por esto los maestros que son sabios ante han cura del mal dela cabeça. que delos otros membrios del cuerpo[73].

 

Que el rey o príncipe o regidor de tierra debe amar la justicia como sea ella cabeza de su señoría[74].

 

No sólo es la cabeza la que tiene un rango simbólico, sino también más concretamente la cara. Por ejemplo, el título 31 de las Partidas especifica que no se debe señalar a ningún hombre en la cara con fuego caliente, o cortándole la nariz o con cualquier otra mutilación en la faz, ya que «la cara del onbre la fizo Dios a su semajança e por ende ningund juez non debe penar en la cara». Dicha medida no debió ser muy respetada en el s. XIII a la luz de lo que el Fuero Juzgo[75] y otros fueros locales establecían al respecto. En cualquier caso el simbolismo puede llegar a extremos, cuando menos curiosos. Alonso de Palencia nos cuenta un hecho curioso sobre la llegada del embajador inglés Henry de Richmond a la corte de los Reyes Católicos. Este personaje era tuerto y Palencia pensó que la razón por la que los ingleses habían decidido mandar a un tuerto a Castilla era porque el anterior embajador castellano en Inglaterra había resultado ser manco[76].

Otro medida clara de la importancia de la cabeza es tanto el interés por exponerla públicamente, como elemento ejemplarizante, como el deseo por recuperarla en caso de decapitación, y todos los tratos que se llevaron a cabo, incluso entre enemigos, a veces requiriendo transportes complicados.

 

 

Conclusiones

 

somos poca compana de armas muy menguados, seremos sy nos vençen descabeçados[77].

 

si por nuestros pecados nos vençen seremos todos descabeçados[78].

 

Los textos anteriores son sólo un botón de muestra de la equivalencia entre morir a manos de los musulmanes y descabezamiento, según las fuentes castellanas.

La decapitación era sinónimo evidente de muerte.

            Parece como si las fuentes cristianas mostrasen que la decapitación, aunque conocida por ambos bandos, fuera más común en el mundo islámico que en el cristiano peninsular. En este sentido, son especialmente destacable los episodios de decapitación de enemigos, cristianos, por los musulmanes en plena batalla para su muestra al comandante. Hasta donde yo sé tal fenómeno fue sumamente raro en el mundo cristiano castellano-leonés[79].

            No creo que se pueda hablar de influencias del modelo de decapitación musulmán sobre el fenómeno de la decapitación en la sociedad castellana. Hemos visto cómo había unos claros precedentes celtas y romanos. Sí es cierto que pudo existir influencia a la hora de tratar, conservar y trasladar esos restos.

La decapitación era un acto ejemplarizante[80].

De igual modo,  era un acto probatorio de un hecho, de la identificación de un personaje, como lo eran sus armas[81] (especialmente en caso de combate, con el consabido caos de un campo de batalla).

La decapitación es también un acto simbólico, pero no parece que fuera religioso, al menos desde el punto de vista cristiano. Es decir, no he encontrado ninguna referencia en las fuentes castellanoleonesas que me induzcan a pensar que las decapitaciones se realizaban teniendo en cuenta la posible fe del ajusticiado. No se especifica que la decapitación fuese un acto todavía más agravante por posibles consideraciones religiosas de preservación del cuerpo. Sin embargo, por otro lado, sí se muestra cierto interés por recuperar los restos para su enterramiento en suelo sagrado[82].

La decapitación era la forma de ejecución preferida para la nobleza. Pero ello no quiere decir que todos los que muriesen decapitados eran nobles.

Los episodios de masacres o decapitaciones masivas por parte cristiana no son comunes, de igual modo que no he encontrado constancia de que en los reinos castellano-leonés se emplease la decapitación como método de cuenta de las bajas en batalla.

A la luz de los textos analizados, y sin ser un análisis exhaustivo, parece confirmarse que el fenómeno de la decapitación estaba más extendido fuera de las fronteras peninsulares que dentro de ellas[83].

Jose M. RODRIGUEZ GARCIA (Universidad de Salamanca / UNED), “Cabezas cortadas en Castilla y Leon, 1100-1350”, in El Cuerpo Derrotado: Cómo trataban musulmanes y cristianos  a los enemigos vencidos. CSIC, Madrid, 2008, pp. 349-395

  

 

Bertrand du Guesclin presenta la cabeza en picota del Pedro I de Castilla ante el nuevo monarca Enrique II Trastámara (Crónicas de Francia)

 

[1] Para el presente estudio nos hemos centrado en las fuentes cristianas castellanoleonesas del período reseñado, aunque también se incluyan algunos ejemplos tardíos. Las fuentes de los otros reinos de la península también presentan más casos, de los cuales aquí sólo se indican algunos como botones de muestra, sin que constituya ningún tipo de estudio sistemático sobre las mismas. Así, tanto Muntaner como Desclot cuentan varios descabezamientos que suelen tener como telón de fondo episodios en Sicilia, Italia, el norte de África y el Imperio bizantino.

[2] Alfonso X, General Estoria, ed. Pedro Sánchez Prieto, Alcalá de Henares, 2002, 1, V, f. 123 v. [en adelante: GE], ; Real Academia Española: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español, http://www.rae.es, que cita la ed. electrónica de Madison. Hay dos página en internet donde se pueden realizar consultas lexicológicas: la citada página de la RAE y la página de Mark Davies, "Corpus del español" (http://www.corpusdelespanol.org). Ambas bases usan, fundamentalmente, las ediciones electrónicas de Madison. A no ser que se especifique lo contrario las ediciones consultadas son las que aparecen en la base de la RAE y Madison.

[3] Savater, F. y Martínez Fresneda, G., Teoria y presencia de la tortura en España, Barcelona, 1982, pp. 17-21, cit. Espejo Muriel, C., “Penas corporales y tortura en Roma”, Florentia Iliberritana, 7, 1996, pp. 93-111.

[4] Vease por ejemplo Easton, M., “Pain, torture and death in the Huntington Library Legenda Aurea”, S. Riches y S. Salih (eds.), Gender and Holiness: Men, women and saints in late medieval Europe, Oxford, 1999, pp. 49-62.

[5] A la vez que es un reconocimiento de la nobleza de su linaje, reconociendo esa máxima de que a los nobles se les decapita. «Por Dios vos rogamos don Diego e don Ferando! Dos espadas tenedes | fuertes e tajadores - al una dizen Colada | e al otra Tizon - ¡cortandos las cabeças, | martires seremos nos! Moros e christianos | departiran desta razon»: Poema del Mio Cid, ed. F. López Estrada, Madrid, 1974, 2725.

[6] Castigos y documentos de Sancho IV, Electronic Texts and Concordances of the Madison Corpus of Early Spanish Manuscripts and Printings, prepared by John Oneill, Madison and New York, 1999, CD-ROM, f. 30.

[7] Libro de los doce sabios, Madrid, 1975, XXI.

[8] «A los caballeros encontrados culpables no se les puede dar abiltada muerte asi commo rastrandole o enforcandole o destorpando le. Mas han le de descabeçar por derecho o matalle de fanbre quando quisiesen mostrar contra el grand crueza por algund mal que ouiese fecho penas para los traidores: estauan que luego que los cogiesen en mano queles cortasen las cabeças si fuessen fijos dalgo: & si delos otros queles diesen la mas estranna muerte que pudiessen –y ciertamente podían encontrarse sistemas muy raros-, & si no los pudiesen auer que perdiessen»: Alfonso X, Las Siete Partidas, ed. I. A. Corfis, transc. Electronic texts and concordances of the Madison Corpus of early Spanish Manuscripts, CD-ROM, Madison, 1999; ed. de la RAE de Pedro Sánchez Prieto, Universidad de Alcalá de Henares, 2004 [en adelante: Partidas], ley tercera, tit. XIV.

[9] «Otrosy dezimos que la pena dela muerte prinçipal de que fablamos enla terçera ley ante desta puede ser dada al que la meresçiere cortandole la cabeça con espada o con cuchillo & no con segur ni con foz de segar. otrosi puedenlo quemar o enforcar o echar alas bestias brauas que lo maten. Pero los iudgadores no deuen mandar apedrear a ningund onbre cruçificarlo ni despennarlo de penna ni de torre ni de puente ni de otro lugar»: Partidas, ley sexta, tit., XXXI. Sin embargo, ello se contradice con fueros locales y, de hecho, se pueden encontrar casos aislados de muerte por lapidación como gráficamente muestra la cantiga 124. Ciertamente esta cantiga es un claro ejemplo de varias formas de ajusticiamiento (infructuosas hasta que el reo no consigue confesarse con la Virgen María): lapidación, lanceamiento, degollamiento.

[10] Tratado de las armas, f. 7; Rojas, Fernando de, La celestina, ed. Francisco J. Lobera, Guillermo Serés, Paloma Díaz-Mas, Carlos Mota, Íñigo Ruiz Arzálluz, Francisco Rico, Barcelona, 2000, p. 266; Crónica de Aragón, Electronic Texts and Concordances of the Madison Corpus of Early Spanish Manuscripts and Printings, prepared by John Oneill, Madison and New York, 1999, CD-ROM, f. 173v.

[11] Mientras que Crónica de los once reyes, ed. A. Terrence, trancr. Electronic texts and concordances of the Madison Corpus of early Spanish Manuscripts, Madison, 1995, CD-ROM [en adelante: C20R o C11R], f. 183v, especifica que su líder, Muño Rauja, fue decapitado tras la batalla, Ximenez de Rada, Historia Rebus Hispaniae (Historia de los hechos de España), ed. J. Fernández Valverde, Madrid, 1989 [en adelante: la HRH], p. 290, se limita a señalar que fue capturado y ajusticiado, sin especificar el método.

[12] Valera, Diego de, Crónica de España, (1482), Electronic Texts and Concordances of the Madison Corpus of Early Spanish Manuscripts and Printings, prepared by John Oneill, Madison and New York, 1999, CD-ROM [en adelante: Crónica de España],  f. 40v; Lucas, Obispo de Tuy, Obra sacada de las crónicas de San Isidoro,  ed. de la RAE de Juan Manuel Cacho Blecua, Universidad de Zaragoza, 2003 [en adelante: Tuy], f. 78r, respectivamente.

[13] Crónica de Alfonso X el Sabio, ed. M. González Jiménez, Murcia, 1998 [en adelante: CAX], cap. 99, p. 260; Crónica de España, f. 138r.

[14] HRH, p. 175. Este personaje era Mahmud b. ‘Abd al-Yabbar al-Maridi, uno de los líderes de la rebelión de Mérida-Badajoz. Ibn Hayyan nos da noticias desde el año 829, hasta su muerte en el 840. Es notable la coincidencia de fechas entre Rada y al autor musulmán (coincide en el año inicial, mientras que su muerte, para Rada, debió ser en el 837-838, y para Ibn Hayyan en el 839-840). No obstante, la versión de la muerte difiere. Mientras que en la obra castellana se dice llanamente que el líder musulmán fue vencido y decapitado, en Ibn Hayyan se cuenta que a pesar de la situación apurada de Mahmud, la muerte de este personaje se debió a que su caballo se encabritó, tirándole de bruces contra una encina y provocando su fallecimiento. Los caballeros cristianos se tomarían su tiempo hasta cerciorarse de que estaba muerto, decapitándole después. Ibn Hayyan, Crónica de los emires Alhakam I y Abdarrahman II entre los años 796 y 847 [Almuqtabis II-1], ed. F. Corriente y M. ‘Ali Makki, Zaragoza, 2001, ff. 178r, 181v-184r.

[15] Por supuesto la propaganda enriquista ya se había encargado de abanderar tal causa. Ejemplo equivalente sería el de la ejecución de Conradino a manos de Carlos de Anjou, en el marco del enfrentamiento por el trono de Sicilia y que se preocupan de recalcar La Gran Conquista de Ultramar, Electronic Texts and Concordances of the Madison Corpus of Early Spanish Manuscripts and Printings, prepared by John Oneill, Madison and New York, 1999, CD-ROM [en adelante: GCU] y las principales crónicas de la corona de Aragón (en un tono claramente peyorativo).

[16] Crónica de España, 151; Crónica de Aragón 174; Ayala, L. de, Crónica de Pedro I, C.R.C., B.A.E., vol. LXVI, Madrid, 1953 [en adelante: Crónica de Pedro I], p. 57.

[17] Caso del monumental enfado del rey don Alfonso de Portugal con el legado pontificio y alguno de sus propios obispos: C20R, f. 171r.

[18] Caso del rey Hyderigo de los vándalos, que decapita a sus opositores, los reyes Ramiro I y Ramiro II (el de la leyenda de las campanas de Huesca) de Aragón: Alfonso X, Estoria de Espanna que fizo el muy noble rey don Alfonsso, fijo del rey don Fernando et de la reyna ..., ed. de la RAE  de Pedro Sánchez Prieto-Borja, Universidad de Alcalá de Henares, 2002; ed. Lloyd A. Kasten, John J. Nitti, Hispanic Seminary of Medieval Studies, Madison, 1995, CDROM [en adelante: Estoria de España]; o, también, algún episodio constatado durante la vida del rey Sancho IV: Crónica de España, 140.

[19] Crónica popular del Cid, f. 100v; Estoria de España, f. 244r.

[20] Powers, J., A Society Organized for War. The Iberian Municipal militias in the central Middle Ages, 1000‑1284, Berkeley, 1988.

[21] C20R; Crónica de España, f. 77r; Poema del Mío Cid, 3655 .

[22] Crónica de Juan II, ed. J. Mata Carriazo, Madrid, 1940, p. 683 ff; Chacón, G., Crónica de Álvaro de Luna, ed. J. Mata Carriazo, Madrid, 1940; Palencia, A. de, Crónica de Enrique IV, ed. A. Paz y Melia, Madrid, 1973-1975, p. 48 ff.

[23] Poema del Mío Cid, 118. Enfrentamiento entre el Cid y el rey Bucar, de Valencia.

[24] En armerías centroeuropeas e inglesas se conservan ciertos tipos de espadas para decapitación, por lo general de sección triangular y pesadas, aunque datadas en el s. XVI.

[25] Por ejemplo en la torre del castillo calatravo de Alcañiz, ca 1300.

[26] La arqueología experimental, la arqueología forense y la paleopatología nos pueden arrojar luz sobre el tipo de heridas infligidas en batalla. La excavación de campos de batalla sería lo ideal para este tipo de estudios, y de ahí los mejores resultados cuando se han estudiado los campos de batalla bajomedievales de Bisvy (1361), en Suecia,  Towton (1461), en Inglaterra, Tannemberg (1410), en Polonia, y Aljubarrota (1385), en Portugal (excavación de 1958). Para el caso hispano sólo disponemos de informes aún parciales para el caso de Alarcos (1195). Sobre todo ello, ver: Quigley, C., Skulls and Skeletons: Human Bone Collections and Accumulations, McFarland, 2001; Mitchell, P. D., Medicine in the Crusades: warfare, wounds and the medieval surgeon, Cambridge, 2004; Idem, "Weapons injuries in the 12th century crusader garrison of Vadum Jacob Castle", International Journal of Osteoarchaeology 16, 2 (2006): 145-155; Blood Red Roses: The archaeology of a mass grave from the battle of Towton, ed. Fiorato, V, et alii, Oxford, 2000; Cunha, E. y SILVA, A.M., “War lesions from the famous portuguese battle of Aljubarrota”, International journey of Osteoarcheology, 7, 1998, pp. 595-599; Wiltschke-Schrott, W., “Bony evidence of beheading in Austria (650-800)”, Actas. Primera reunión de la Asociación de paleopatología en Sudamérica (en prensa); idem. "Beheading in Avar times 630-800", Acta Medica Lituanica, 12 (2005): 58-64. Además, y aunque no se menciona nada que nos interese sobre los huesos, pero sí sobre las armas, Alarcos, 1195. Actas del Congreso Internacional conmemorativo del VIII centenario de la batalla de Alarcos, ed. Izquierdo Benito, Ciudad Real, 1996. Para el caso andalusí, Castillos Armenteros, J. C. et alii, “Algunos casos de muertes violentas en Al-Andalus. Aproximación desde las investigaciones arqueológicas y paleopatológicas”, M. Fierro (ed.), De muerte violenta. Política, religión y violencia en Al-Andalus, Madrid, 2004, pp. 523-552.

[27] «...él forçosse quanto mas pudo & fuele dar vn golpe con la espada que le corto el yelmo & la loriga & el tiesto de la cabeça / Pedrarias con la grand ferida & la mucha Sangre que le sallia abraço la çerujz del cauallo. / E don diego ordoñes cuydando que era muerto...»: C20R; «Caoyello, e almofar e cofya de armar, ovo los la espada ligera de cortar, ovo hasta los ojos la espada de passar, d´aqueste golpe ovo don Gustio finar»: Poema de Fernán González, ed. Alonso Zamora Vicente, Biblioteca de Autores Españoles, 57, Madrid, 1978 [en adelante: PFG], 527; «[El Cid] diole la gope de espada [a un justicia moro en batalla] con la diestra braceando / que le partió la cintura, y la mitad rodó al campo», «Alzó su espada Colada y un fuerte golpe fue a darle. Los rubíes de su yelmo quitólos de sus engarces; por medio le pare el yelmo, los sesos quedan al aire y hasta la cintura llega, aquella espada tajante»: Poema del Mio Cid., 38, 120; «& tomo a durandarte[Roldán] & fue en pos el con amas las espadas & alcançol & diol otro golpe con joyosa quel corto por medio del cuerpo & diçio & cortol la cabeça & colgola de su petral & tornose para Toledo muy loçano que avia muerto Abramante & a todos los suyos»: Juan Manuel, Crónica abreviada, Electronic Texts and Concordances of the Madison Corpus of Early Spanish Manuscripts and Printings, prepared by John Oneill, Madison and New York, 1999, CD-ROM, Madrid Nacional ms. 1356, cap. CXLV; «Garçilaço que esto viera... ynco el pie en el estrivo, más temeroso que osado, y tirole un gran golpe que la caveça le a cortado (y luego delante delante el rey fue presentada)»: Los romances fronterizos, edición comentada de Pedro Correa, Granada, 1999, I. VI. 16.

[28] Aunque siempre pueden ser reclamados por el rey, a cambio de cierta suma (aunque haya ciertos fueros que contemplan el ajusticiamiento inmediato del prisionero si se le considera peligroso). Por ejemplo, en el fuero de Plasencia se especifica en su punto  540: «[Del que moro adalil aduxiere ]. Ley XVIIII. Todo omne que moro adalil aduxiere al conceio, aya X mrs. Et qui cabeça de anaziado connoscida aduxiere, aya V mrs.; e estos mrs. delos el conceio assi los de los adaliles commo los de los anaziados. Los adaliles el conceio los iustiçie quandol’ ploguiere»: Fuero de Plasencia, ed. J. Majada Neila, Plasencia, 1986. Para todo este aspecto: ver Powers, J., A Society Organized for War, pp. 150-180.

[29] Maíllo Salgado, F., “Contenido, uso e historia del termino "enaciado". Contribución al estudio del medievo español y al de su léxico”, Cahiers de linguistique hispanique médiévale, VIII, 1983, pp. 157-164.

[30] Medida que favorece tanto la disciplina interna como el desarrollo de una guerra algo más humana. Sobre las leyes de la guerra en la Edad Media sigue siendo básico comenzar con Rusell, J., The Just War in the Middle Ages, Cambridge, 1975.

[31] Véanse, por ejemplo, las figuras de ahorcados en la sala de batallas del Real Monasterio del Escorial, donde se representa la batalla de Higueruela (1431, Juan II contra Granada), basándose para ello en una grisalla de época encontrada en el Alcázar de Segovia.

[32] García Fitz, F., Castilla y León frente al Islam. Estrategias de expansión y tácticas militares. Siglos XI-XIII, Sevilla, 1998; idem, Relaciones políticas y guerra. La experiencia castellano-leonesa frente al Islam. Siglos XI-XIII, Sevilla, 2002; idem, La Edad Media. Guerra e ideología. Justificaciones religiosas y jurídicas, Madrid, 2003; idem, Las Navas de Tolosa, Madrid, 2005.

[33] «¿Hay vida tan cuidadosa que asegure tus enojos? ¿Hay Argos tan lleno de ojos como una mujer celosa? quantos moros catiuos hauia en la hueste cortaronles las cabeças [los cruzados, 1098] et hizieron las poner enlos engenios et echaron las enla villa [sitiada de Antioquía]; et esto duro bien hasta el medio dia que nunca otra cosa...» : GCU, 148. En la misma obra se cuenta que, con anterioridad, había sido el sitiado rey musulmán de Antioquía quien había decapitado a cautivos cristianos, arrojando sus cabezas sobre las murallas de su ciudad dirigidas hacias las tropas sitiadoras cristianas. Estas decapitaciones mutuas se repitieron en las tomas de Nicea y Antioquía. Con anterioridad se contó cómo los ciudadanos griegos y armenios de la ciudad de Mararsa se habían levantado contra sus señores turcos, aprovechando que la ciudad era sitiada por los cruzados de la primera cruzada, de tal manera que los ciudadanos asaltaron su propio alcazar, «touieron mas atreuimiento & fueronseles a parar delante & mataronlos a todos [los turcos], assi que no quedo ninguno. E despues que lo ouieron hecho cortaronles las cabeças & echaron las fuera alos que tenian la villa cercada; & abrieron las puertas a ellos & acogieron los dentro con muy gran goço».

[34] Gran Crónica de Alfonso XI,  ed. Diego Catalán, Madrid, 1976 [en adelante: Crónica de Alfonso XI], CCLXXVI, 350-351: durante el sitio de Algeciras (1343), dos moros salen de la ciudad. Alfonso XI los captura y manda torturarles para sacarles información. Luego los decapita y manda sus cabezas volando dentro de la ciudad. Los moros de la ciudad, en represalia, hacen lo propio con dos cristianos cautivos catapultando sus cabezas al real cristiano. Zurita, J., Anales de la Corona de Aragón, Zaragoza, 1980 [en adelante: Anales], en WWW, fundación Fernando el Católico, libro I, cap. V: Conquista de Mallorca por Jaime I: «Con trecientos hombres don Nuño venció los que habían quitado el agua; y echaron la cabeza del moro con una bola en la ciudad. Entonces mandó el rey a don Nuño que saliese contra ellos y con trecientos de caballo movió hacia aquel monte y trabóse allí una muy recia batalla por defender el agua, y a la postre no pudiendo resistir a la gente de caballo fueron los moros vencidos y echados del monte; y siguiendo el alcance murieron más de quinientos y su caudillo; y ganaron el lugar donde se había fortalecido y robaron y quemaron las tiendas. Mandó el rey lanzar con la honda del almajanech la cabeza de aquel moro dentro de la ciudad. Y así en un día perdieron los nuestros el agua con grande peligro del ejército, y en el mismo se tornó a cobrar con grande daño y pérdida de los enemigos».

[35] «...llegasse a tierra fue herido bien de dozientas saetas assi que luego fue muerto: & tal como estaua le mataron & arastraronle por la villa: & despues [ cortaronle la cabeça ] & dieron la alos moços que jugassen con ella: & tan mal lo querian que nunca pensaron ser vengados del»: GCU.

[36] «...uoso caudillo Alacran peleo tan reziamente con el: que [Pedro III]le vencio  no solamente: mas le cortó la cabeça: y la mas de su gente destroço: y mando despedaçar/ desquartizar/y jugar a cañas. Cobró las fortalezas, libró los catiuos/ reparó los daños fechos: y todo quasi el reyno restituyó. Cerco despues aquel tan fuerte/ poderoso/ e inexpugnable castillo de Muntesa»: Crónica de Aragón, f. 117r. «Et murieron y otrossi amos los Cabdiellos. Almatharaph Rey de Tunez. & Aluolhapaz Alcayde de Cordoua. Et murio y otrossi; Hulitahulabaz. que era Rey de grand poder. Et al Rey don Ordonno mandol cortar la cabeça  & colgar la de las menas del Castiello de sant Esteuan. Al que el uiniera correr por sennal daquel so Noble uencimiento. Et desi tornosse pora Leon con grandes aueres que tomo alli. & con muchos moros catiuos. muy onrrado & con grand prez. La Encarnation del sennor En .dccc. & .Lxxx. & .ix.»: Estoria de España, II, f. 45v.

[37] Por ejemplo el romance VI.15 nos proporciona una espectacular y atemorizante imagen de un caballero musulmán que portaba cuatro cabezas de cristianos en su pretal, y buscaba pelea; mientras que el maestre de Alcántara se lleva la cabeza de un campeón enemigo en su arzón para mostrársela a su rey (VI.14): Los romances fronterizos, I.

[38] Como era «listo y precavido», para suplantar las fuerzas perdidas en un enfrentamiento campal previo contra los musulmanes: HRH, 155.

[39] El rey consideraba que los de Ávila habían roto un pacto y eran por tanto traidores. Los çarcos eran ligeras entructuras, por lo general de ramas entrelazadas y algún tejido, que se podían emplear como cercas provisionales, o como protección para avanzar tras ellas ante las murallas enemigas, a modo de parapeto portátil. El rey creía que los de la ciudad no se atreverían a disparar sus dardos o lanzar rocas contra sus tropas protegidas por este escudo humano: Crónica de la población de Ávila, ed. Amparo Hernández, Madrid, 1966, p. 20. Esta poco ortodoxa maniobra también se vió en otros escenarios como Tierra Santa y Asia.

[40] «... el jnfante don juan con gentes de moros A tarifa & commo degollo a su fijo de don alfonso perez de guzman & commo dio el cuchillo su padre para lo [ degollar. ] // Enel mes de abril que començo el honzeno año del Reynado deste rrey don sancho que fue enla era de j mil ccc xxx ij años »: Sánchez de Valladolid, Fernán, Crónica de Sancho IV, Electronic Texts and Concordances of the Madison Corpus of Early Spanish Manuscripts and Printings, prepared by John Oneill, Madison and New York, 1999, CD-ROM, Madrid Nacional ms. 829.

[41] «...al conde & dieron le con vna espada enla mano & cortaron gela & cayo luego la mano en tierra conel cuchillo & luego dieronle con vna maça en la cabeça que cayo en tierra muerto non lo mandando el Rey / E torno el rrey contra Diego Lopez que estaua y quele corriera a Çibdad Rodrigo»: Crónica de Sancho IV.

[42] «...fasta el menor, fueron despedaçados & cativos [batalla de Hattin]. E en tanto espanto & flaqueza de coraçon los omillo el Sennor, que uno de los enemigos por buelta los perseguia a çiento de los nuestros e, echando sus armas feamente en las manos de los enemigos, se davan ellos de grado. E, fecha grande destruiçion de los muertos, Guido de Lisinaco, rey de Gerusalem, & el maestre de la cavalleria del Tenplo, con muchos otros, asi mayores como menores de la orden, fueron detenidos en cativerio sin fortaleza ante la faz del enemigo, en guisa que por çiertos juizios & manifiestas sennales conoçiesen aver ofendido terriblemente al Sennor & non dubdasen averse partido dellos el escudo del divino defendimiento & el madero de la salutifera cruz, que del troxieron en la tenebrosa batalla, perdieronlo por su llorosa infortuna. E Saladino, pensando luego quitar en las partes de oriente las ordenes de los del Tenplo & del Ospital, mandó descabeçar a todos los que dellos pudo aver»:  Traducción de la "Historia de Jerusalem abreviada" de Jacobo de Vitriaco, Castilla, ca. 1350, ed. María Teresa Herrera y María Nieves Sánchez, Universidad de Salamanca, 2000, f. 56v.

[43] Poema del Mio Cid, 31.

[44]  Batalla de Jerez, 1231. Francisco García Fitz comenta esa acción en este mismo volumen.

[45] HRH, 165. La Primera Crónica General de España, ed. J. Menéndez Pidal, 3ª ed.,  Madrid, 1977 [en adelante: PCG] es mucho más prosaica a la hora de narrar este episodio.

[46] «El hermano del [rey] de Castilla [Alfonso X] llevó en Villena un besante por cabeza de moro. Estaba en esta sazón en Villena el infante don Fadrique, hermano del rey de Castilla, y llevaba por cada cabeza de los moros un besante. Y de allí fueron a Murcia»: Anales, libro I, cap. V, p. 50. En la GCU se cuenta cómo «Xpistianos que llegaron ay con su ganado: hallaronlos todos durmiendo & conocieron que eran moros & mataronlos & tomaronles quanto les hallaron & cortaronles las cabeças & leuaron las ala villa alos xpistianos que les dieron mucho por ellas». [Cerca de Antioquía]. Ciertamente recuerda algo a la caza de cabelleras durante la conquista de norteamérica por los anglosajones...

[47] Crónica de la población de Ávila, p. 23 sobre los conflictos con los nuevos pobladores de Ciudad Rodrigo, del reino de León, aunque parece que también había algunos elementos procedentes de Ávila, por lo que quizás lo consideraran también un acto de traición.

[48] Ya hemos visto el episodio referido por la crónica de la población de Ávila. También nos encontramos con los ejemplos de al menos dos nobles castellanos muertos al servicio de emires musulmanes (uno en Baena, el conde don Gonzalo Núñez) y otro en el Magreb (el conde don Fernando) que consiguen que sus cuerpos sean trasladados y enterrados en territorio castellano (en sendos conventos del Temple y Hospital; PCG, 719, HRH, 343). De igual modo el romance VI. 17 nos cuenta la heroica muerte de don Alonso de Aguilar y cómo el rey de Granada, apenado, devuelve la cabeza y cuerpo al rey Fernando el Católico. Muerto en batalla, el romance narra que su cuerpo había sido en cierta forma ultrajado por las tropas musulmanas que se dedicaron a lancearlo, hasta que un notable decidió su decapitación y el traslado de la cabeza ante el rey granadino: Los romances fronterizos, I.

[49] VIII.9, VI.15, VI.14: Los romances fronterizos, I.

[50] GCU, f. 242r.

[51] También se mencionan las decapitaciones llevadas a cabo por Carlos de Anjou en su enfrentamiento contra los imperiales y sus aliados por el trono de Sicilia.

[52] González, C., La tercera crónica de Alfonso X: "La Gran Conquista de Ultramar", Londres, 1992.

[53] Traducción de la Crónica de Eracles, la Chanson de Antioche, la Chanson des Chètifs, la Chanson du chevalier au Cigne, la Chanson de Godefroi de Bouillón, la Chanson de Jerusalem, Beste aus grans pies y Mainet.

[54] Al menos así lo considera Stahl, P. H., Histoire de la décapitation, Paris, 1986, que centra su clásico estudio sobre la decapitación en la zona de la Europa oriental y sudoeriental, así como en el imperio turco porque considera que fue el área geográfica donde la decapitación tuvo más tradición. Particularmente considero que el mundo germánico, franco y anglosajón también contó con un largo recorrido en este campo.

[55] Los romances fronterizos

[56] Castigos y documentos de Sancho IV, f. 59r.

[57] «E porende mandamos & defendamos a todos los iudios & moros de nuestro sennorio que ninguno dellos no sea osado de denostar a nuestro sennor dios ihesu cristo en ninguna manera que pueda ser ni a santa maria su madre ni a ninguno delos otros santos ni de fazer ninguna cosa de fecho contra ellos. assy commo escopir contra la cruz ni contra el altar nin contra ninguna magestad que este enla yglesia o enla puerta dela entrada o en tallada o en semeiança de nuestro sennor ihesu cristo o de santa maria o de alguno delos otros santos & santas. ni sea osado de ferir con mano ni con pie ni con otra cosa ninguna en ninguna destas cosas sobre dichas ni de apedrear las yglesias ni de fazer ni de dezir otra cosa semeiante destas paladina mente en despreçio ni en desonrra delos cristianos & de su fe. Ca qualquier que contra esto fiziere escarmentar gelo yamos enel cuerpo y enel auer, segund entendieremos que meresçe por el yerro que fizo. Ca guisada cosa es & derecho que los iudios & los moros a quien nos consentimos que biuan en nuestra tierra no creyendo enla nuestra fe que non finquen sin pena sy denostaren o fizieren de fecho alguna cosa publica mente contra nuestro sennor ihesu cristo o contra santa maria su madre o contra la nuestra fe catholica que es tan santa cosa & tan buena & tan verdadera»: ley sesta, Partidas, tit. Xxviii.

[58] La crónica anónima de 1344 presenta una versión ligeramente diferente. En ésta, los cuatro capitanes musulmanes se apiadan de los infantes ante su brava defensa y les protegen. Sin embargo, Ruy Blasquez protesta, les argumenta que el dejarlos libres sería peligroso y que, en cualquier caso, les denunciaría ante Almançor por romper el trato, por lo cual el emir les descabezaría. Ante dicha amenaza los adalides musulmanes aceptan descabezar a los infantes.

[59] Nótese cómo el autor mete el tema de la conversión forzada de cristianos en una obra cruzadística.

[60] Para el período de Alfonso XI, consultar: Manzano Rodríguez, M.A., “Algunas imágenes de muerte y violencia referidas a los árabes en la historiografía alfonsina”, M. Fierro (ed.), De muerte violenta. Política, religión y violencia en Al-Andalus, Madrid, pp. 399-411.

[61] Al menos, el editor de la HRH consultada.

[62] De hecho, en los tapices de la toma de Túnez (1531) realizados en Flandes por encargo de Carlos I de España, se puede ver cómo en dos de los siete se muestran a musulmanes en el acto de enseñar a sus jefes las cabezas de un par de soldados cristianos decapitados, aún en pleno fragor de la batalla.

[63] Turnbull, S. R., Warriors of Medieval Japan, Osprey, 2005.

[64] HRH, 243. En ese episodio se nos relata cómo un noble castellano elimina de forma sucesiva a varios mensajeros (algunas fuentes les llaman también enaciados) que iban a informar al rey musulmán de Toledo del fallecimiento del rey Sancho, cuando el desposeído Alfonso se encontraba refugiado en dicha corte musulmana: «vnos omnes malos que agora llama enaziados que van descubrir a los moros lo que los xristianos cuedan fazer quando supieron de la muerte del Rey don sancho fueron luego dezirlo a los moros. Don pero ançures era omne entendido & Sabia algarauja & caualgaua cada dia quanto legua & media fuera de toledo a solazarsse & por veer ssi vernja alguien de es(t)[c]ontra castilla que le contasse algunas nueuas & acaesçio que fallo vn dia vn omne que dixo que vinje con mandado al Rey alimaymon commo era muerto el Rey don sancho. Don pero ancures sacole fuera de la carrera commo en Razon de fablar con el & descabeço le. Desi tornosse a la carrera & fallo otro que vinje con esse mesmo mandado & descabeçole otrossi. Torno sse de cabo don pero ançures a la carrera & fallo los mandaderos de la jnfante doña vrraca que le contaron todo el fecho assi commo pasara. E el tornosse luego para toledo & gujso quanto mas pudo todas las cosas que ffazian menester para el camjno en commo Se vinjese el Rey don alfonso. Otro dia despues que los mandaderos de la jnfante llegaron. llegaron otros mandaderos de los castellanos al Rey.  Don pero ançures & sus ermanos tenjan que ssi alimaymon supiesse de la muerte del Rey don sancho que prenderia a don alfonso que aueria con el a  fazer fuertes posturas. & ssi ge lo encubriesse otrossi & el por otras partes lo supiesse por auentura que sseria avn peor ... »: C20R, f. 105v.; Crónica de España, f. 87v.

[65] Fuero de Burgos, CC, Lxx, f., 94.

[66] Para ello nos remitimos a Powers, J.,  A Society Organized for War, pp. 197-200.

[67] Castigos y documentos de Sancho IV, f. 56.

[68] Crónica de España, 1482, ff. 117v-118r (IN4).

[69] Algo ya mencionado por Stahl y repetido por Easton, M., “Pain, torture and death in the Huntington Library Legenda Aurea”, p. 56.

[70] Bulario Bracarense, ed. M. A. Jácome de Vasconcelos, Braga, 62 (año 1213), 1986.

[71] Los ejemplos son innumerables, como por ejemplo en el fuero de Madrid de 1202.

[72] Castigos y documentos de Sancho IV, f. 40.

[73] Fuero Juzgo, ed. de Wilhelmina Jonxis-Henkemanns, Electronic Texts and Concordances of the Madison Corpus of Early Spanish Manuscripts and Printings, prepared by John Oneill, Madison and New York, 1999, 1992, CD-ROM, Nueva York Hispanic Society of America B2567, f. 10v.

[74] Libro de los doce sabios, XVIII.

[75] Por ejemplo, en este se establecía que se marcaría en la frente, entre otros, a los que forzasen a las mujeres: Fuero Juzgo, f. 30v.

                [76] Palencia, A. de, Crónica de la Guerra de Granada, año 1489, Madrid, 1904-8; Loaysa, J. de, Crónica de los Reyes de Castilla Fernando III, Alfonso X, Sancho IV y Fernando IV (1248‑1305), ed. A. García Martínez, Murcia, 1982, [en adelante: CRC], BAE, CCLVIII (1).

[77] Lo que dicen algunos castellanos a Fernán González antes de enfrentarse en batalla campal a Almanzor. PFG, 204 c-d. La PCG recoge este episodio pero dice simplemente: «seremos muertos».

[78] Unos nobles desaconsejando al rey Ordoño que plantee batalla a los moros: C20R.

[79] Sin embargo, siempre hay excepciones. En el Poema de Alfonso el Onceno, estr. 732-733, ed. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, se cuenta cómo tras la victoria de las tropas del maestre de Santiago contra el infante "Abomelique" (hijo de Abu l-Hasan), ca. 1340, los cristianos tajaron las orejas de los cadáveres musulmanes en el campo de batalla, enviándoselas al rey Alfonso XI a Madrid.

[80] Así como la exposición de la cabeza. Como cuando el rey Ordoño ordena cortar las cabezas de los reyes musulmanes a los que se ha enfrentado y colgarlas desde las almenas del castillo de San Estaban (ca. 888): Estoria de España, II.

[81] Romance VIII. 9; Crónica de España, f. 138 r (muerte de Fernán Muñoz en batalla por los partidarios de Alfoso X en la guerra civil, llevando su cabeza, su escudo y los pendones guerra), y Romance IV.3: «yo te traeré del maestre o la cabeza o las armas, que bien las conocerás en la señal colorada».

[82] Sobre la legislación funeraria ver Partidas, I, tit. XIII, Partidas, VII, tit. XIX, ley XII. En esta última ley se establecen las penas para los profanadores. Se especifica que todo esto sólo se aplica a las tumbas de cristianos, no de judíos ni moros. Si estos últimos en vida habían sido vasallos del rey los profanadores serían sometidos a la justicia del rey, como caso particular.

[83] Stahl, P. H., Histoire de la décapitation. Véanse también: Strickland, M. J., “Killing or Clemency? Ransom, Chivalry and Changing Attitudes to Defeated Opponents in Britain and Northern France, 7-12th centuries”, Krieg im Mittelalter, 2001, pp. 93-112. Éste último autor defiende que la recolección de cabezas enemigas seguía siendo algo común en las guerras anglo-escocesas alrededor del año 1000 (n.21) y que los galeses solían mutilar las cabezas a mediados o fines del s. XII y aún hasta mediados del s. XIII, llevando las cabezas enemigas de vuelta consigo. Se pueden consultar otros capítulos en Spencer Larsen, C., Bioarchaeology: interpreting behaviour from the human skeleton, Cambridge, 1997; Daniell, C., Death and burial in Medieval England, 1066-1550, Routledge, 1997. Ciertamente la práctica de la decapitación se mantuvo de forma extendida en Inglaterra hasta fines del s. XVIII, en Suecia hasta fines del s. XIX y en Alemania hasta principios del s. XX. Como obra de marco general, aparte de la básica de Stahl, también se puede consultar Miether Hong Lu, T. D., Punishment: a comparative historical perspective, Cambridge, 2005. En el caso español aún tenemos decapitaciones hasta el siglo XVIII, como en el episodio del horcamiento en Granada de los cabecillas de la conjura a favor del Archiduque Carlos de Austria durante la guerra de sucesión. Una vez muertos, se les decapitará y sus cabezas serán colocadas en distintos puntos de la ciudad como escarmiento (19-7-1705).

Jose M. RODRIGUEZ GARCIA (Universidad de Salamanca / UNED), “Cabezas cortadas en Castilla y Leon, 1100-1350”, in El Cuerpo Derrotado: Cómo trataban musulmanes y cristianos  a los enemigos vencidos. CSIC, Madrid, 2008, pp. 349-395

 


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