FAQs - Naloxona y naltrexona




 

 

Parece que la naloxona precipita un síndrome de abstinencia en la adicción a opiáceos. Sin embargo, en el consumo de alcohol, la naltrexona -que también es un antagonista opiáceo- disminuye este efecto de craving. ¿Por qué ocurre este comportamiento diferencial?

La naloxona y la naltrexona, aun siendo antagonistas opiáceos, no deben confundirse, aunque en drogodependientes siempre es necesario hacer una desintoxicación previa de la drogadicción (a heroína, por ej.) antes de proceder al tratamiento de la deshabituación (farmacológica y psicológica); siendo considerada la naltrexona (también metadona) una de las que aporta mayor eficacia en los programas de deshabituación. Pero, en ambos casos, si no se toman estas precauciones se puede producir el síndrome de abstinencia o de supresión de la droga. De hecho, antes de aplicar la naltrexona, el drogodependiente debe estar libre unos días antes de opiáceos exógenos.

La naloxona (antagonista opiáceo sintético) se utiliza habitualmente en urgencias hospitalarias cuando se sospecha de la dependencia a opiáceos (test de desensibilización a opiáceos) y se comienza inyectando dosis muy pequeñas para comprobar que efectivamente -o no- se producen síntomas relativos al síndrome de abstinencia; ya que inicialmente, en dosis mayores puede ser peligroso e incluso letal, dependiendo del grado de intoxicación en la que se encuentre el paciente.

Se ha planteado la hipótesis de que el alcohol estimula la actividad opiácea endógena (es decir, que beber resulta muy reforzante); por lo que al contrario que en otros tipos de dependencia a otras sustancias, en los casos de desintoxicación de alcoholismo o de dependencia al alcohol, no sólo están involucrados los endocannabinoides y los opiáceos endógenos sino varios neurotransmisores (GABA, glutamato, dopamina), lo cual constituye un proceso más complejo que lleva añadido el reforzamiento positivo de los programas de rehabilitación psicológica y la motivación para abandonar el consumo de alcohol.

De hecho, estudios experimentales y clínicos han sugerido la eficacia de los tratamientos con antagonistas opioides en la dependencia alcohólica, habiéndose demostrado que existe una disfunción (deficiencia) endógena primaria de los sistemas de endorfinas y encefalinas en animales (en humanos probablemente también) que espontáneamente consumen alcohol; por otro lado, también se sabe que la administración de alcohol altera el contenido de endorfinas y encefalinas cerebrales.

Es por ello que la naltrexona resulta ser tan eficaz reduciendo el "craving" o anhelo de consumir alcohol, ya que lo que produce es antagonizar el efecto reforzante (agradable, ansiolítico, euforizante, etc) que produce la ingesta del alcohol; mientras que en las otras dependencias de drogas "más duras" la antagonización de los receptores de opioides produce especialmente los efectos desagradables de la ausencia del opiáceo (síndrome de abstinencia) si no se siguen las pautas indicadas anteriormente.

Se ha hipotetizado que la sensibilización neuronal en el sistema dopaminérgico fundamentalmente parece ser el mecanismo neurobiológico responsable de la adicción y el craving. Y en este sentido, la naltrexona parece reducir la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, modulando la sensibilización dopaminérgica. Por otro lado, se ha indicado también que las recaídas en la ingesta de alcohol podrían deberse a un nivel anormalmente bajo de endorfinas centrales como consecuencia a un fenómeno de retroalimentación debido al incremento agudo de endorfinas producido por el consumo crónico de alcohol.

¿No es contraproducente la deshabituación a opiáceos con naloxona y buprenorfina?

La buprenorfina (Subutex®) potente analgésico más que la morfina, y la buprenorfina y naloxona (Suboxone®) se usan para tratar la dependencia a los opiáceos, puesto que sirven para evitar los síntomas de abstinencia del opiáceo en cuestión. En las primeras fases de deshabituación se administra Subutex, mientras que en la fase de mantenimiento se opta por la combinación con la naloxona (Suboxone®) La buprenorfina es un opioide semisintético (por ello la paciente del caso que comentan en el foro, diría que no era un opiáceo propiamente dicho), y -a diferencia de la metadona, que es un opiáceo o narcótico sintético menos sedante que la morfina aunque con efectos analgésicos similares a ésta- es agonista parcial de los receptores "mu" y antagonista de los "kappa" (tal como le indica Luz). Probablemente, en el otro programa la trataran con metadona o incluso con buprenorfina que, al ser agonista parcial, ayuda a ir tolerando la disminución de la droga (heroína, por ej.) sin provocar el síndrome de abstinencia, en unión al efecto "desmotivador" y negativo de la naloxona. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo el opiáceo (heroína, morfina) que el agonista parcial sustitutivo, y si ya llevaba tiempo en deshabituación, no resultan muy extraños los resultados de la analítica, puesto que, para que se pueda empezar la deshabituación y administrar la naloxona, el paciente debe llevar ya un tiempo sin consumir la droga (al menos una semana). En los enlaces siguientes se puede ampliar algo más de información respecto al proceso de deshabituación con naloxona y buprenorfina.
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¿La naltrexona podría ser letal durante la deshabituación a una droga, por competencia con los receptores de opiáceos al ser un antagonista opioide?

Sí, la antagonización de los receptores de opiáceos lleva sus riesgos si no se controla adecuadamente la deshabituación. No obstante, la antagonización de los receptores es reversible (horas: 24-72); pero como es variable -y en función del grado de intoxicación del paciente- la intervención con naltrexona y/o naloxona ha de hacerse sabiendo que el sujeto lleva al menos 7 días sin consumir la droga para comenzar dicho tratamiento, porque ciertamente conlleva sus riesgos de depresión respiratoria severa cuando se deja al drogodependiente sin opiáceo al entrar en un síndrome severo de abstinencia. En tales casos, cuando no se hace en ambiente hospitalario, debe advertirse al paciente de que en estos casos, para superar o contrarrestar el efecto del antagonista naltrexona (es decir, cuando entra en síndrome de abstinencia) o lo que esté tomando, la dosis de droga necesaria para superar dicho síndrome ha de incrementarse y (¡claro!) puede ser letal.

No me queda claro es si, en la desintoxicación, junto con la buprenorfina, se usa el antagonista naloxona o si, por el contrario, se usa un agonista.

La naloxona es un antagonista opiáceo para contrarrestar de forma aguda los efectos de la intoxicación por el opiáceo (morfina, etc.). Sin embargo, en la desintoxicación paulatina, en programas de deshabituación se emplean opiáceos como la metadona (y no naloxona, que es un antagonista). La metadona es un medicamento que pertenece al grupo de los fármacos analgésicos narcóticos; es un analgésico opiáceo con una potencia superior a la de la morfina y mayor duración de su acción, aunque produce menos euforia. De este modo, aún siendo un opiáceo con efectos similares a los de la morfina o heroína, el 'enganche psicológico' progresivamente va siendo menor con el tiempo y va paulatinamente 'desenganchando' del consumo. El síndrome de abstinencia producido por metadona es similar al inducido por la morfina, aunque su curso es más prolongado. Es por ello que la metadona está indicada para el tratamiento sustitutivo de la dependencia a opiáceos, dentro de un programa de mantenimiento con control médico y conjuntamente con otras medidas de tipo médico y psicosocial.

Lo mismo ocurre con la buprenorfina (agonista también), que sustituye en el consumo (en programas de desintoxicación igualmente) a otros opiáceos más potentes. Concluyendo: en la deshabituación progresiva son agonistas opiáceos menos potentes, como la metadona.