EL LIBRO DE LOS MUERTOS 2

Transmitidos originariamente de forma verbal por los sacerdotes, no se empezó a reflejarlos por escrito hasta la mitad del Reino Antiguo, cuando comenzaron a grabarse sobre las paredes de las pirámides de Unas, Teti, Pepi I, Merenre y Pepi II en Saqqara (durante las dinastías V y VI). Por tal motivo, son conocidos inicialmente como Textos de las Pirámides. A partir de la VII dinastía (y hasta el Reino Medio), se produjeron dos importantes innovaciones: la primera, que su escritura cambió de soporte, fijándose entonces sobre los ataudes o sarcófagos donde reposaban los cuerpos momificados; y la segunda, que su uso, además de emplearlos para los reyes y reinas, se hizo extensivo también a los nobles y funcionarios de alto rango, al tiempo que sufrían algunas modificaciones y alteraciones respecto a los originales. Fueron llamados entonces Textos de los Sarcófagos.

Finalmente, (y con el fin de extender su uso al máximo), terminaron por ser copiados sobre papiros que después eran depositados al lado de los cadáveres. Estos últimos habrían de ser los que en la actualidad conocemos como 'Libro de los Muertos', nombre que no es sino la traducción de las palabras árabes 'Kitâb al-Mayyitûn', y que era como los nativos egipcios denominaban a los rollos encontrados por los saqueadores en las tumbas. En cuanto al tipo de notación empleado, si bien en un principio se usó de forma exclusiva la escritura jeroglífica, posteriormente esta fue alternándose también con el empleo de otra mas sencilla y fácil de plasmar: la hierática.

Como característica destacable podemos citar que de los aproximadamente 190 capítulos que componen la totalidad de la obra, no todos fueron invariablemente transcritos sobre los citados papiros, sino que dependiendo de la importancia del personaje al que estuviera destinado, (y por ende de las posibilidades económicas de este), se les daba una mayor o menor extensión. De hecho, todos los ejemplares encontrados hasta hoy muestran diferente número, naturaleza y ordenación de los capítulos, por lo que cabe pensar que quizás cada persona escogía en cierto modo el contenido que deseaba integrar en la obra con la que deseaba ser enterrado.

Respecto a los ejemplares actualmente conocidos, son tan variados que tienen una longitud que va desde los 25 cms. de texto puro y simple en el mas escueto de los casos, hasta los 58 mts. y toda clase de ilustraciones en el mas completo. Entre los mas famosos, cabe citar: por su extensión, el Papiro de Ani (de 24 mts, propiedad del Museo Británico), y el Papiro de Yeufanj (de algo más de 19 mts, ubicado en el Museo de Turín); y en cuanto a su antigüedad, destacan el Papiro de Yeuya (localizable en el Museo de El Cairo), el Papiro Ja (también del Museo de Turín), y el Papiro Nu (igualmente del Museo Británico).