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Extractos del libro “EL SECRETO DE LOS ORÁCULOS”, de Philipp Vandenberg. Ediciones Destino, 1979.

  

LAS  FABRICAS  DE  SUEÑOS  DE OROPO  Y EPIDAURO 

     En la antigüedad, los sueños eran de naturaleza divina, e incluso personas tan escépticas e ilustradas como Cicerón, Sócrates, Jenofonte, Aristóteles y Sófocles creyeron en su capacidad reveladora.

   El oráculo de Anfiarao, a unos 50 Km. al norte de Atenas, era una auténtica “fábrica de sueños”, en la que, recurriendo a diversos métodos, se hacía dormir días enteros a las personas y se las programaba para que tuvieran sueños sobre su futuro.

     Anfiarao era un héroe y adivino que se convirtió en dios. Hijo de Oícles y de Hipermnestra, estaba emparentado con Apolo. Su ascensión a las esferas divinas la debía a sus poderes adivinatorios. Había vaticinado su propia muerte, una muerte bastante extraña: durante la campaña de los Siete contra Tebas, un rayo partió del cielo, abrió una grieta en el suelo y en ella desaparecieron Anfiarao y su carro de combate. A partir de entonces, la población beocia lo consideró un dios.

   El oráculo de Anfiarao de Oropo era realmente un oráculo muy diferente a los demás santuarios del mundo antiguo, pues aquí no se vaticinaba el futuro, sino que se lo soñaba. Se trataba de un lugar muy distinguido, y sus hospederías e instalaciones de reposo atraían sobretodo a los ricos e intelectuales, que desconfiaban de los rituales de los oráculos mayores. El santuario oracular tenía el aspecto de un sanatorio mundano en el que se servía agua mineral para favorecer el sueño curativo e incluso, en los casos más difíciles, vino.

   Los sueños, que los sacerdotes interpretaban con métodos “psicoanalíticos”, sustituían a la sentencia de la “Pitia” (profetisa), y, como los podían controlar personalmente, muchas personas recelaban menos de ellos que del habitual culto oracular. (...)

      El consultante que llegaba al oráculo de Anfiarao se encontraba con la pulcritud propia de un sanatorio regido por religiosos. Uno llegaba en fecha acordada de antemano o había de inscribirse en una lista de espera. Como ya hemos dicho, este oráculo era muy distinguido: el faraón Ptolomeo IV y su bella esposa Arsinoe (240-204 a. De C.), el general romano Sila y su esposa Metela, políticos y poetas, todos soñaron aquí con su destino futuro, y en agradecimiento ofrendaron valiosas estatuas.

 

Cómo se producían los sueños.

    (...) Al principio había que sacrificar un carnero en el gran altar y seguir un ayuno riguroso. Los días anteriores al sueño no se podía comer carne de cerdo, ni determinadas clases de pescado, cebollas, judías o ajo. Para beber sólo había agua. Todos estos procedimientos seguían la teoría de la purificación pitagórica y platónica.

   Tal como narra el escritor romano Plinio, los antiguos eran conscientes de que el excesivo consumo de determinados alimentos pesados y de alcohol podía influir negativamente en los sueños. También estimaban que las alteraciones enfermizas del organismo y los estados febriles fomentaban las pesadillas, por lo que estos transtornos eran tenidos como un impedimento a la hora de elaborar un oráculo del sueño.

   “Cuando el cerebro se calienta repentinamente a causa de la bilis- afirma el médico griego Hipócrates- agitándose la sangre, entonces los enfermos ven terribles figuras imaginarias, y cuando despiertan, está encendido su rostro, rojos sus ojos y sólo pueden pensar en cosas negativas”.

   Por ello, el sumo sacerdote del oráculo, elegido por un año, debía de ser médico y psicoterapeuta, y además debía desempeñar el cargo de intérprete de los sueños. La base del éxito de su trabajo eran los trucos empíricos que se enumeran en los llamados papiros mágicos. El consultante del oráculo se disponía a dormir con la intención de “soñar cualquier cosa”, pero los sacerdotes utilizaban diversos métodos con los que creían poder causar determinados sueños. Las actuales investigaciones sobre hipnosis han confirmado esta posibilidad.(...)

   Artemidoro, un famoso intérprete de sueños del siglo II d.de C, confirma indirectamente que se aplicaban algunos métodos para estimular el sueño: “Cuando quieras tener un sueño, no utilices ni incienso ni fórmulas mágicas con la intención de obligar a algo; pues resultaría ridículo que hombres sensatos negaran la realización de su deseo a las personas que exigen imperiosa y violentamente su cumplimiento, mientras que los dioses están atentos a las vehementes exigencias”.(...)

   No es ningún secreto que determinadas plantas o productos derivados de éstas producen alucinaciones y que algunas, como el opio y el cáñamo, provocan sueños muy intensos.(...)Pero una piedra sencilla o un amuleto también pueden aumentar la intensidad del sueño, pues la concentración del consultante se centra en ellos.

Un filón para el psicoanálisis.

      En muy pocas ocasiones los sueños son concretos y reales, pues normalmente se trata de historias alegóricas o simbólicas soñadas que deben interpretarse correctamente. Esta capacidad de interpretación era un arte muy respetado en la antigüedad, y los intérpretes más famosos escribieron voluminosos tratados sobre el tema. El ya mencionado Artemidoro de Efeso publicó un libro sobre los sueños que consta de 5 volúmenes. En ellos se enumeran, entre otros, 95 sueños que llegaron a realizarse: son todo un filón para el psicoanálisis moderno.(...)

    Pero los visitantes del oráculo de Oropo no tenían necesidad de pedir consejo a estos expertos, pues el sacerdote de turno apuntaba cada sueño en una tablilla , para explicar a la persona interesada el contenido simbólico y archivar la tablilla después. Esta extraña forma de interpretar el futuro era muy popular y las dimensiones de la sala hacen creer que eran centenares de personas las que allí podían soñar a la vez. La sala de los sueños tenia unos 110 metros de largo.(...)

    Es probable que el sueño incubador sea de origen egipcio, pues en los cultos de Serapis e Isis ya se aplicaba este procedimiento. Heródoto se refiere a un faraón de la XXV dinastía, llamado Setón, (704-688 a.de  C.), que cuando los árabes atacaron Egipto,  tuvo que vérselas con un motín entre sus propias tropas. Desesperado, acudió al templo y se quejó de su suerte a los dioses. Estando en ello se quedó dormido y “creyó ver que se le aparecía un dios y le daba ánimos, asegurándole que no sufriría desgracia alguna si salía al encuentro del ejército de árabes, pues él, personalmente, le enviaría socorros.” En lugar de soldados, el faraón se quedó con un ejército de buhoneros, artesanos y mercaderes, pero en el campamento de los árabes las armas, flechas, arcos y escudos quedaron inutilizados por un tropel de ratones que los royeron, de modo que los egipcios lograron ganar.

 

Las curaciones milagrosas de Epidauro

 

    En Grecia, después del culto a Anfiarao en Oropo, el culto al sueño de Asclepio era el que gozaba de mayor popularidad. Asclepio era hijo de Apolo, y tras sanar milagrosamente a varios enfermos, empezó a considerársele el dios del arte de la curación. Su santuario más famoso era el de Epidauro.(...) Este culto, simbolizado por la imagen de  un dios que en su mano sostenía una vara en la que se enrollaba una serpiente, fue sumamente popular hasta las postrimerías de la antigüedad.

    El santuario era un sanatorio mundano, con hospedería de 150 camas, parque, baños públicos, odeón, gimnasio e hipódromo, y un teatro con aforo de 15mil personas.(...)Los sacerdotes criaban serpientes pardas, tan apreciadas por Asclepio.(...)

   La sala de los sueños tenía una altura de 2 pisos y una longitud de 70 metros. Llevaba el nombre de abaton y se utilizaba para rituales similares a los de Anfiarao. En Epidauro la psicoterapia desempeñaba un papel mucho más importante que la adivinación del futuro que se buscaba en Oropo. Aquí las personas podían dormir hasta quedar sanas. Realmente, la excitación interior y la autosugestión parecen haber obrado milagros. Un enorme número de inscripciones hablaban de ciegos que recobraron la vista, cojos que volvieron a caminar y mujeres que dejaron de ser estériles.

    Sabemos de unas 70 curaciones milagrosas que se produjeron gracias al sueño. Una mesenia, por ejemplo, acudió a la cura del sueño del abaton porque no podía tener hijos. En sueños se le apareció Asclepio, que le colocó una serpiente en su cama. Pero en vez de asustarse, la mujer jugueteó con ella (en sueños, se entiende). Aquel mismo año dio luz a gemelos. (...)

    El arte y el ocio formaban parte de la terapia de los sacerdotes de Asclepio. Al principio, sólo fueron médicos que abusaban de los narcóticos e intérpretes de los sueños, pero más tarde se convirtieron en psicoterapeutas y médicos naturistas. Prescribieron ejercicios gimnásticos y curas de ayuno y aplicaron tratamientos clínicos. Decían que Asclepio manifestaba en sueños cuáles eran sus honorarios, pero cabe suponer que ello significaba que los sacerdotes percibían el dinero que consideraba justo el consultante. Se sabe con certeza que el rico pagaba más y los pobres, menos. Podemos suponer que también el tratamiento sería diferente.

LA  ENCINA  DE   DODONA

 Dodona se esconde en un pequeño valle al norte de Grecia, en un lugar adonde se puede acceder sólo por un único puerto de montaña, al pie de los montes Tomaros. Allí  está el oráculo más antiguo del mundo griego. Homero ya dijo que Dodona estaba “muy lejos”, y Hesíodo opinaba que se encontraba “en los confines del mundo griego”. En el museo de Janina, a unos km de Dodona, se guardan centenares de láminas de plomo donde se registraban por escrito los oráculos.

   En  estas montañas se rendía culto único a Zeus. Según contaban los habitantes de Dodona, Zeus se encontraba sentado en una enorme encina sagrada que crecía en medio de su santuario. El origen de este culto probablemente reside en los rayos que atraía sobretodo aquella encina.

   El culto al árbol desempeña un papel muy importante en la cultura minoica, pero a pesar de ello, no se pueden establecer relaciones entre Creta y Dodona. El profesor Parke ha descubierto una relación mucho más interesante. Dice que “la encina de Dodona no está tan asociada con otros cultos de Grecia como con algunos de Italia, y más aún, con los de países tan lejanos como los del norte de Europa – los de la Germania pagana, por ejemplo- donde el dios indoeuropeo del cielo fue venerado en algunos lugares en una encina santa”.

   De hecho, existen paralelismos sorprendentes, sobre todo en el caso de los legendarios selos, aquellos sacerdotes excesivamente ascéticos que vivían en las montañas. Les estaba prohibido lavarse los pies y debían dormir en el suelo, y sus costumbres eran similares a las de los sacerdotes germánicos, que dormían 3 días en el suelo hasta que podían presentarse a su dios. En tiempos de Troya, estos selos aún debían de existir, pues en la Ilíada se encuentra el siguiente pasaje:

  Júpiter soberano, dodoneo, pelásgico, que vives lejos y reinas en Dodona, de frío invierno, donde moran los selos, tus intérpretes, que no se lavan los pies y duermen en el suelo!. Escuchaste mis palabras cuando te invoqué, y para honrarme oprimiste duramente al pueblo aqueo. Pues ahora, cúmpleme este voto...”

    Aún ahora, los selos homéricos siguen planteando cuestiones a los historiadores. Sus costumbres son tan desconocidas e indescifrables como su origen. El que sólo fueran descalzos no resulta tan sorprendente, pues en aquella época, Dodona sólo estaba habitada en verano. En cambio, se saben algunas cosas sobre sus predicciones: escuchaban el susurro de la encina sagrada y creían poder distinguir voces. Una pregunta planteada con voz fuerte en dirección contraria a la del viento encontraba respuesta el los susurros, el roce y el crepitar de las hojas de la encina. Incluso el visitante actual de Dodona lo sigue oyendo, pues casi siempre sopla un viento frío que irrumpe el silencio del valle.

     Pero además de los selos, en la antigua Dodona también operaban profetisas. Heródoto, Píndaro y otros escritores de la antigüedad afirman que, en todo momento, habían sido 3. Sin embargo, las relaciones que se pueden establecer entre estos cultos y los germánicos e indios parecen puramente casuales. “Los paralelismos de Dodona con los cultos itálicos, noreuropeos e indios –afirma Herbert W. Parke- se deben menos al oráculo que a lo universal del culto que los humanos rinden a los dioses. Las similitudes pueden explicarse por su gran antigüedad, que se remonta a los indoeuropeos, quienes extendieron esas prácticas por las regiones en que se instalaron”.(...)

     En tiempos de Homero, las sacerdotisas de Dodona, Promenia, Timárete y Nicandra gustaban de contar la siguiente leyenda: en la Tebas egipcia, dos palomas negras habían alzado el vuelo para llegar  tras varios días a Libia y a Grecia. Ambas hablaban con voz humana. La de Libia ordenó fundar el oráculo de Amón. La que llegó a Grecia se posó sobre una encina de dodona, diciendo que en aquel lugar tenía que haber un oráculo de Zeus.

    Es un ejemplo de cómo se convertía en mítico un hecho histórico del cual ya se había borrado casi todo recuerdo. Heródoto (II, 57) asevera que el oráculo y el arte de la predicción llegaron de Egipto a Grecia. En el templo de Amón, en Tebas, escuchó  otra versión, según la cual las “palomas” eran sacerdotisas tebanas  secuestradas y vendidas una en Grecia y otra en Libia, donde, gracias a sus dotes, acabaron por por fundar un oráculo.(...)

   En historiador Sotiris Dakaris, sin embargo, ha descubierto que en Dodona existían 3 cultos diferentes. Al principiose veneraba la encina sagrada, después siguió el culto a la diosa de la tierra Gea, y finalmente, el culto a la encina se fundió con el culto a Zeus.(...). Esta idea es muy controvertida, y que se discuta tanto sobre el culto allí practicado prueba su origen prehistórico y la ausencia de fuentes filológicas que den cuenta de los inicios. Es posible que no se pueda demostrar la teoría según la cual existió al principio en Dodona un culto a Gea, la diosa de la Tierra,(...) pero es un proceso similar a muchos otros que se han dado en la historia de las religiones.(...)

 

     La persona que pedía consejo  al oráculo normalmente recibía un si o un no como respuesta. Debía formular preguntas concretas. (...)Apuntaba él mismo la pregunta en una lámina de plomo con su nombre en el reverso. Luego se colocaba junto con otras en una vasija que se colocaba delante de la profetisa, la Sibila. En un pasaje de la Suda, el diccionario enciclopédico bizantino del siglo X d. De C, se lee que “ Una ciudad en la Pelasgia tesprota, donde crecía una encina, era el oráculo de las profetisas. Cuando se entraba en el oráculo para plantear una pregunta, la encina realmente empezaba a moverse y a emitir un sonido, y las mujeres levantaban la voz: “así habla Zeus”...” (...) No se sabe si las profetisas entraban realmente en trance para pronunciarse, como ocurría en Delfos, si fueron devotas víctimas de sus propias alucinaciones o si sólo fingían encontrarse en ese estado. (...)

    Sólo con el apogeo del cristianismo descendió el número de consultantes. Los primeros cristianos aprovecharon el material de las construcciones de Dodona para erigir allí una basílica de tres naves. En los cimientos de la basílica los sacerdotes enterraron las ofrendas de los consultantes de los oráculos y los “objetos paganos”. Dodona se convirtió en sede episcopal, y a partir de entonces las preguntas sobre el futuro obtuvieron otra clase de respuestas.

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