El Calendario Romano 

 

Sg. J. BAYET, La religión romana, historia política y psicológica, Cristiandad, Madrid, 1984

    Ciertos calendarios prejulianos grabados en piedra nos han conservado el orden de los meses y, normalmente en letras capitales grandes, las fiestas antiguas y los días consagrados

 

 

- 109 son Nefasti,

-  235 son Fasti -192 de los cuales son Comitiales o apropiados para los asuntos públicos-

-11 son mixtos); en letras más pequeñas aparecen los aniversarios religiosos (establecimiento de cultos o dedicación de templos) o históricos y otras fechas diversas.

   


El primer calendario romano es atribuido al rey Numa Pompilio que abandonó el viejo sistema de medición lunar de origen itálico y adaptó el solar, recibido, sin duda, de los etruscos.

 

Losa con el calendario romano procedente de Caere

Losa con el calendario romano procedente de Caere

El calendario resultante se organiza en torno al mes lunar que constituye su base. Redondeado (por exceso) en 29 días, culmina brillantemente en la luna llena o Idus (palabra con resonancias céltica que, sin duda, no es etrusca).

El mes comienza de una manera mucho menos precisa cuando, tras el total oscurecimiento al fin de la lunación, aparece durante unos momentos un creciete muy delgado: ese instante debía ser “proclamado” (Kalendae) por los sacerdotes, que fijaban a la vez la fecha del cuarto creciente, ocho días (Nonae)  antes de los Idus, y que normalmente caía el día 5, aunque lo hacía en el 7 los meses de marzo, mayo, quintilis (julio) y octubre, al dárseles a éstos 31 días . Se contaban los días por anticipación: a tantos antes de las Nonas, antes de los Idus o antes de las Calendas (del mes siguiente). Sin embargo, existió con seguridad otro cómputo, quizá más antiguo, que seguía la sucesión normal de los días. En efecto de forma sistemática, todas las celebraciones religiosas antiguas (excepto el Regifugium del 24 de febrero y la Equirria del 14 de marzo) caían en días pares. Según la versión de Virgilio (Bucólicas, VIII.75) "los dioses se complacen del número impar".

 

    La adaptación de este calendario lunar al curso del sol resultó difícil. Su falta de claridad se debe sin duda en parte a dos supersticiones numéricas:

-El límite duodecimal para el número normal de los meses

-y la preferencia religiosa por las cifras impares en el número de días del mes, excepto en el caso de febrero, que, dedicado a los muertos y a las purificaciones, sólo contó con 28.

El resultado fue un año de 355 días, al que le faltaban, para completar el año solar romano, once días y medio. Hubo que suplirlos insertando cada dos años, después del 23 de febrero, un mes intercalar (merkedonius), que tenía alternativamente 22 o 23 días, además de los últimos días de febrero y del Regifugium (24 de febrero). En este sistema casi solar, el cómputo de los días se hacía según la ordenación del tiempo: todas las fiestas religiosas, excepto las Caristias y el Regifugium de febrero, caían en días impares.

    La inserción de un mes intercalar y el dato singular de que antes de Numa el año romano sólo contaba con diez meses son indicios de la existencia de un sistema mucho más arcaico, bien atestiguado por las investigaciones sociológicas: el del “año vivo”, agrícola y guerrero, que iba de marzo a diciembre. Los dos meses de enero y febrero (unidos por un sufijo distintivo) se hallan respectivamente bajo el patronazgo de Jano, dios de los comienzos, y de Februus, dios de las purificaciones, y representan, de forma chocante, “el encuentro de los dos extremos del año”, especie de resumen sacro que se halla también en ciertas tribus de América de Norte. También los pueblos indoeuropeos separaban los años por un período “amorfo” de unos doce días, especie de caos entre la muerte y el nacimiento, que permitía, por otra parte, un reajuste aproximado entre el calendario lunar y el año solar. Es muy tentador interpretar los meses inter-calares del ciclo de cuatro años como el sustitutivo racionalizado de este período religioso desvinculado.

La renovación del año y la secuencia ininterrumpida del tiempo se festejaban alegremente en el primer plenilunio, el 15 de marzo, bajo la advocación de una diosa de nombre expresivo, Anna Perenna.

De esta forma, la normalización, tosca pero consciente, que atribuimos a la influencia de los etruscos había conservado en cierta medida estadios muy anteriores. Lo cual no es sorprendente en un asunto religioso tan delicado.

 


  ad calendas graecas
 

Expresión que indica  "algo que no sucedará nunca" ya que los griego NO USABAN EL CÓMPUTO POR CALENDAS

hic manebimus optime
 

Expresa la intención de no abandonar el puesto aunque las circunstancias sean desfavorables.

Fue pronunciada por Camilo cuando la Urbe fue asediada por los galos en el  390a.C..

- Quando i parlamentari parlavano delle possibili dimissioni del Presidente della Repubblica Sandro Pertini, lui dichiarò ai giornali: "Dimettermi io? Hic manebimus optime!"

hic sunt leones
 

En los mapas romano se definía con esta frase las zonas inexploradas de África, con grandes peligros.

Hoy se utiliza para indicar aquellas zonas  llenas de enemigos a las que es mejor no acercarse.