KOINON

 

 

 

 

 

 

 

  Un territorio que le es propio y que se encuentra delimitado por una serie de líneas fronterizas

 

 
un centro urbano,

 

POLIS,

comunidad política dotada de

 

un cuerpo de ciudadanos  
instituciones políticas de carácter  representativo o electivo  
     

 

 y de . Entre beocios, focidios y locros, las póleis poseían además otras tres características principales: a) son organizaciones políticas subétnicas; b) son las únicas comunidades políticas subétnicas y no existe ningún otro tipo de organización política subétnica como tribus apolíadas y c) tendieron a adoptar un patrón organizativo e institucional similar o idéntico al del Estado federal.

El Estado federal griego, nombrado de diversa manera, ethnos, synteleia, sympoliteia o koinon (este último era el término preferido), es un estado (con territorio, cuerpo de ciudadanos, fronteras, instituciones y capital propias) suprapolíado, que tiene como núcleo una comunidad étnica y como base la sympoliteia, la colaboración mutua y la representación proporcional.

La sympoliteia, el intercambio de derechos de ciudadanía, implicaba la concesión a todos los ciudadanos de la Confederación, independientemente de la pólis a la que pertenecieran, de los derechos de matrimonio (epigamía), propiedad de bienes inmuebles (énctesis y oikía) y derechos políticos, judiciales y civiles en todo el ámbito de la Confederación. El ejercicio de estos derechos dependía únicamente de la residencia. La sympoliteia conllevaba, pues, la existencia de dos ciudadanías, una local y otra federal y, por tanto, la convivencia de dos soberanías, local y federal.

Como en la actualidad, en general el federalismo implicaba también en el mundo griego una cierta división del poder, una descentralización contractual, una dispersión estructurada del poder en el cual el centro político ejercía sus competencias en áreas concretas y no controlaba todas las decisiones. En las Confederaciones de Grecia central se reconocían dos entidades políticas distintas que poseían competencias y funciones diferentes: el Estado federal y las póleis que lo formaban. Frente a las competencias locales de las póleis, el Estado federal se encargaba de la política exterior y la defensa (sus funciones principales), y además del mantenimiento del orden interno y del régimen político, de la elección de todos o parte de los magistrados federales y del control de los mismos, de determinadas competencias legislativas y jurisdiccionales, de la administración de los santuarios federales y, en ocasiones, se arrogaba el derecho exclusivo de acuñar moneda. Para ello el Estado federal poseía una serie de instituciones propias, independientes de las de las póleis, como magistraturas, consejo y/o asamblea, tribunales, tesoro y un sistema de contribuciones económicas. Por la existencia de una sympoliteia y el desarrollo de sus instituciones, la Confederación transcendía a una symmachia multilateral o Liga de guerra y por sus funciones y competencias se diferenciaba también de la anfictionía religiosa.

El Estado federal se fundaba además sobre el principio de la proporción y representación geométrica. Se trataba, pues, de un gobierno representativo en el que todos los estados miembros participan y están representados pero no de forma paritaria ya que, según sea la contribución de cada pólis, así será su presencia en las instituciones federales.

Naturalmente el federalismo tenía sus peligros, en primer lugar podía encubrir la hegemonía de una pólis como Opunte o Tebas sobre los demás miembros de la Confederación y además podía servir al mantenimiento de un determinado régimen político no sólo en la Confederación sino en las póleis como la oligarquía en Beocia y posiblemente la democracia en Fócide.

De las cuatro etnias consideradas sólo dos, beocios y focidios, crearon un estado federal. En el caso de los locros, ambas partes de la misma etnia, locros orientales y locros occidentales, tuvieron su propio estado federal diferenciado. Aparentemente los minias sólo pudieron crear póleis y todo lo más una symmachia o alianza militar multilateral.

Como vimos, la Confederación de los locros orientales pudo formarse hacia mediados del siglo VI (570-560) tras el final de la dominación tesalia. Está atestiguada al menos en la primera parte del siglo V. La organización interna de este Estado federal es bastante mal conocida, podemos suponer la existencia de magistraturas (quizá un arconte como magistrado principal) e instituciones federales como una asamblea oligárquica, tasas y un sistema judicial común. La capital federal era Opunte que ejercía también de pólis hegemónica al aparecer de una manera bastante férrea. En el siglo V la Confederación parece haber incluido toda la Lócride Oriental. Sin embargo en el siglo IV, varias ciudades como Larimna y Halas formaron parte del koinon beocio y adoptaron sus instituciones tanto federales como locales. Al menos desde el siglo V, si no desde mucho tiempo antes, los locros orientales tenían un régimen oligárquico y el koinon contribuiría a su sostenimiento. Únicamente cuando varias póleis de la antigua Confederación fueron incluidas en el Estado beocio, éstas adoptaron el régimen democrático por lo que en este caso la democracia parece haber sido impuesta por una potencia externa al ethnos.

Es posible que la Confederación focidia se formara también hacia mediados del siglo VI (570-560), en el contexto de la lucha contra los tesalios, por la unión de una veintena de póleis. Sobre el Estado federal focidio nuestra información es muy escasa y procede en lo esencial del siglo IV. Todo parece indicar que, al menos en esta época, el koinon y las póleis que lo formaban disponían de un régimen democrático. Las instituciones federales más importantes parecen haber sido un colegio de formado por dos o tres estrategos, aunque en época de crisis se concentraban los poderes en manos de un único strategos autokrator, y una asamblea democrática. Ciertamente Elatea, que ocupaba una posición geoestratégica clave, era la capital de la Fócide, pero no parece haber disfrutado de una situación de predominio comparable a Opunte o Tebas. De hecho, las reuniones federales tenían lugar en el Fócico sobre la ruta sagrada a Delfos, bastante lejos de Elatea. El Estado federal focidio se mostró extraordinariamente compacto hasta su disolución por Filipo de Macedonia en el 346. Excepto Delfos que casi siempre se mantuvo fuera de la organización, sólo Abas, que no participó en la III Guerra sagrada, parece haberse separado de la política general del koinon y exclusivamente en este periodo (356-346). La Confederación focidia se nos muestra así bastante diferente a otros estados federales de Grecia central por su régimen político y sus instituciones y por la ausencia de una pólis hegemónica.

Sólo de una manera muy tenue podemos entrever algunas instituciones federales de la primera confederación beocia creada en torno a 520 como el colegio de los beotarcos y un consejo que Heródoto (5.79.2) llama Halia, acaso un órgano tebano o una institución federal. Tebas era indudablemente la pólis hegemónica en este período (ca. 520-480) y el régimen aristocrático debía ser norma en las póleis y en la misma federación. En dicha época la Confederación no incluía la Parasopia (con Platea, Hisias y Eutresis) ni tampoco Oropo. Después de una serie de derrotas frente Atenas en la última parte del siglo VI y una desastrosa participación en la Segunda Guerra Médica, Tebas perdió la hegemonía en la Confederación que pasó a Tanagra. Desde 457 Beocia quedó sometida a Atenashasta la batalla de Coronea (446) que significó el final de la dominación ateniense y supuso la emergencia de una fuerte confederación situada nuevamente bajo el control de Tebas. Dicha Confederación se basaba en la introducción de un régimen oligárquico moderado u hoplítico (llamado isonómico) idéntico tanto en la organización federal como en las póleis que formaban el koinon. Asimismo la Confederación había establecido un sistema de distritos que servían de unidad electoral, fiscal y de reclutamiento militar. Cada distrito elegía sesenta consejeros, un beotarco y varios jueces y aportaba una contribución económica y un contingente militar igual (mil hoplitas y cien jinetes). Los once distritos se repartían de manera asimétrica entre las once póleis participaban en la federación beocia. A Tebas le correspondían cuatro distritos; dos a Tespias y uno a Tanagra. Orcómeno e Hisias se repartían conjuntamente dos distritos; Copas, Acrefia y Queronea formaban un único distrito conjunto (con un tercio cada pólis) y otro también Lebadea, Coronea y Haliarto. El número de distritos con que contaba cada pólis definía la importancia de cada una de ellas en el seno de la organización federal. El Consejo federal comprendía seiscientos sesenta consejeros distribuidos en cuatro partes o pequeños consejos de ciento sesenta y cinco miembros. Cada pequeño consejo tenía la presidencia durante un cuatrimestre al año, convocaba las sesiones conjuntas de todos los consejos, elaboraba el orden del día de las reuniones y presentaba los proyectos de resolución. Sólo tenía fuerza de ley lo que votasen los cuatro consejos juntos. El Consejo cuatripartito evitaba así la necesidad de contar con una asamblea federal. Además la Confederación se dotó de varias magistraturas federales, la más importante de las cuales seguía siendo el colegio de beotarcos, de un sistema judicial y de una hacienda o tesoro independientes de las instituciones locales y particulares de cada pólis.

Esta Confederación beocia no incluía en un principio ni Platea ni Oropo. En 427 Platea fue destruida y al año siguiente su territorio fue incorporado a Tebas. Hacia 401 Oropo, si no fue introducida en la Confederación, cosa que ignoramos, sí al menos se convirtió en un estado dependiente de los beocios (D.S.14.17.1-3). A partir de 395 comenzó el declive de la organización federal. En este año se separó Orcómeno (Jen.Hel. 3.5.17; Plu. Lis. 28.1) y en 386 la misma Confederación fue disuelta por la Paz del Rey (Jen.Hel. 5.1.32-33). Reconstruida a partir de 379, una vez más bajo el dominio de Tebas, la Confederación tuvo entonces un régimen democrático cuyas instituciones principales eran la asamblea (damos) y el colegio de los beotarcos (formado ahora por siete miembros). Es posible que subsistiera parcialmente el antiguo sistema de distritos (probablemente reducidos a siete) y que hubiera también un consejo federal. Antes de 373 la nueva Confederación incluía ya buena parte de Beocia. Sólo Platea, Orcómeno y Oropo permanecían fuera. Platea fue nuevamente arrasada, su población expulsada y su territorio unido a Tebas en 373, Orcómeno fue incorporada en 370 y Oropo quedó sometida a la Confederación en 366. Luego de su inclusión en la Confederación, como Tespias y Orcómeno continuaron resistiéndose, ambas ciudades fueron destruidas. Esta Confederación fue disuelta por Alejandro en 335. Como vemos, Beocia contó, durante la época clásica, con una rica experiencia federal que, en cierta medida, parece situarse en una situación intermedia entre la Fócide y la Lócride Oriental. A diferencia de la Fócide, Tebas ejerció casi siempre como capital hegemónica pero, al contrario de Opunte, su predominio fue enconadamente contestado por diversas ciudades como Tespias, Tanagra y Orcómeno.

Cada una de las etnias de Grecia central compartía en su seno una serie de elementos culturales que nos autorizan a afirmar la creación de una verdadera comunidad cultural étnica dentro obviamente de la cultura griega general. No es posible exponer pormenorizadamente los elementos culturales propios de cada uno de los pueblos aquí considerados por lo que sólo vamos a apuntar, a modo de muestra, algunos aspectos de la cultura beocia que es, por otra parte, mucho mejor conocida. Beocia es, ante todo, una tierra especialmente vinculada a la tradición poética griega. En ella se localizan y ella preservó (una de sus grandes contribuciones a la cultura griega) toda una serie de ciclos mitológicos y legendarios que hunden sus raíces en la época micénica y que se reelaboraron durante la época arcaica. Baste mencionar los Siete contra Tebas, los Epígonos o la casa real tebana con Edipo, Orestes, Creonte o Antígona que inspiraron toda la literatura griega. La propia tradición poética beocia, que contaba desde la época arcaica con obras como los Himnos de Apolo y Hermes, el Escudo de Heracles y el Certamen Pítico, culminó con Hesíodo y Píndaro. Esta creación poética recogía buena parte de los valores y gustos beocios como la preocupación por los catálogos de nombres y las genealogías, la racionalización del cosmos cuya armonía se explica a través del triunfo del Bien sobre el Mal y la depuración de la idea de divinidad. Hesíodo reflejaba el valor de la tradición agraria y una abierta hostilidad hacia el comercio y la expansión marítima y Píndaro representaba los ideales aristocráticos de la excelencia, la moral agonal, la hospitalidad, el respeto a los dioses y la sophrosyne, esa moderación que se opone a la hybris. En el terreno de la música la flauta se convirtió en el principal instrumento musical beocio mientras que en Atenas y otros lugares estaba mal vista y se consideraba indigna de un ciudadano. Sin embrago en Beocia (Plut. Pel. 19.1) la flauta fue introducida en todas las actividades, se la tenía en gran honor y la principal coregía en Tebas era precisamente de flautistas. Desde finales del siglo V, los auletas beocios son muy renombrados y durante los siglos IV y III triunfan por doquier. Por otro lado desde mediados del siglo V se formó en Tebas un círculo pitagórico en torno a Lisis, un discípulo de Pitágoras. De esta comunidad pitagórica formaron parte Epaminondas y dos célebres filósofos tebanos, Simias y Cebes, que mantuvieron estrechos contactos con Sócrates. A lo largo del siglo V la filosofía tebana parece haberse mantenido fiel al Pitagorismo y se vio poco afectada por la Sofística. A finales de esta misma centuria se vinculó a las enseñanzas de Sócrates y a los posteriores círculos socráticos. En el terreno artístico Beocia disfrutó al menos desde la última parte del período geométrico de un arte original con elementos propios y adaptaciones selectivas de influencias artísticas exteriores. Los trípodes que se consagran en varios santuarios como Orcómeno o Platea constituyen raros y preciosos ejemplos de la transición entre el arte geométrico y orientalizante y nos muestran en su concepción, materiales y ornamentación un arte muy avanzado. Los kouroi del Ptoio, realizados por artistas locales, ocupan un lugar muy destacado en los primeros pasos del arte griego y nos hablan de una fecunda evolución artística y una reelaboración de influencias corintias, isleñas y atenienses. Este desarrollo artístico culmina en el siglo V en el que el número e importancia de los escultores beocios es espectacular. Así los tebanos Hipatodoro y Aristogitón levantaron el monumento de los argivos en Delfos tras la batalla de Enoe (456). Sócrates y Aristomedes de Tebas realizaron la estatua de la madre Dindimene encargada por Píndaro. Sotadas de Tespias firmó la base de la estatua atribuida al auriga de Delfos y sobre todo Calamis, un beocio,dejó numerosas obras en Atenas (el Apolo Alexicacos del Cerámico) y Beocia (el Zeus Amón de Tebas, el Hermes Crióforo y el Dionisio ambos en Tanagra). A pesar de la fuerte influencia ática la escultura beocia fue capaz de crear piezas originales de gran valor artístico. Por ejemplo las esculturas de los jinetes beocios que empiezan en el periodo arcaico con un jinete galopando o desmontado y las estelas esgrafiadas que se fechan entre 420 y 400. Ambos tipos son desconocidos en Atenas. En la cerámica destacaron las producciones bilingües, el gusto beocio por las terracotas, la tenaz presencia de las Figuras Negras y producciones muy originales como los vasos del Cabirio, un santuario en el territorio de Tebas. 

3. Las fronteras

Como en la actualidad, las fronteras griegas cumplían múltiples funciones: marcaban los límites de la soberanía política, de la administración, de los sistemas legales y judiciales; constituían la primera zona de defensa o ataque, eran objeto de la sensibilidad popular y poseían un diferente aprovechamiento económico e influencia antrópica.

Al menos desde la época arcaica, las fronteras de Grecia central tuvieron la pretensión de configurarse como fronteras lineales compuestas por una serie de puntos de referencia (accidentes orográficos, cursos fluviales, lagos, bosques o, menos comúnmente, edificios), por líneas imaginarias que unían puntos de referencia y por mojones fronterizos. Sólo en muy pocos casos, al menos en las épocas clásica y helenística, hubo indefinición.

Además, las fronteras contaban con un espacio inculto y deshabitado, de uno o dos kilómetros, que se extendía a ambos lados de este límite lineal. En esta zona baldía de débil aprovechamiento no existían ni asentamientos agrupados plurifamiliares ni siquiera casas de campo aisladas. Las razones de ello hemos de buscarlas obviamente en el temor a un ataque por parte del estado vecino y, como consecuencia de ello, en la lejanía de cualquier centro habitado. La frontera creaba así, dentro del territorio de cada estado, un paisaje propio y característico. Se puede afirmar, por tanto, que la frontera en Grecia central estaba constituida por lo que podríamos llamar frontera y confín, línea y territorio fronterizo, horoi y eschatiai, y la pólis no parece haber extendido el cultivo hacia estos confines, al menos basta hacerlos desaparecer completamente, ni siquiera en épocas de fuerte crecimiento demográfico.

Las fronteras pueden ser muertas, esto es, no sometidas a discusión, o vivas y controvertidas: en el primer caso podríamos situar las fronteras entre la Fócide y Beocia y en el segundo los limites entre el Ática y Beocia. Evidentemente, en el caso de un mismo estado, parte de su frontera es cerrada y parte es inestable pues la presión que se ejerce sobre ella no es nunca uniforme sino sobre puntos específicos.

Dicho esto, en Grecia central hubo tres tipos básicos de fronteras: políadas, federales y étnicas. Estas tres categorías pueden coincidir o no sobre la misma línea. La fronteras políadas, establecidas por diferentes póleis, son las más numerosas. Naturalmente las fronteras políadas pueden separar distintos estados pero no era éste el fenómeno más común. Normalmente constituían fronteras internas de un Estado federal o separaban una pólis de un estado federal. En el caso beocio, mucho mejor conocido, las fronteras políadas se mostraron extremadamente móviles de manera que se dieron numerosas anexiones de unas póleis por otras. Así, la lista de póleis que desaparecieron en época arcaica y clásica es muy numerosa: Ascra, Hieto, Queronea, Hipotas, Tisbe, Hisias, Micaleso, etc. Las fronteras políadas parecen haber sido mucho más estables en la Fócide por la semejanza de poder entre todas las póleis focidias pero, con todo, la evidencia prueba sin lugar a dudas que es falso que, en las relaciones entre póleis, la anexión del territorio de la pólis vencida sea extraña a la mentalidad y al comportamiento helénicos.

Las fronteras federales marcaban la separación de un Estado federal de cualquier otro tipo de estado. Paradójicamente, aunque la Confederación tenga como núcleo a un ethnos, las fronteras federales casi nunca coinciden completamente con las fronteras de una determinada etnia. En ocasiones no incluyen parte de la etnia, en otras (las más raras) trascienden las fronteras étnicas. Así, la Confederación beocia en escasas ocasiones incluyó Platea u Oropo o en el siglo IV reunió varias ciudades de la Lócride Oriental y en época helenística a la megárica Egóstena. Sólo en el núcleo étnico las fronteras federales se mantuvieron estables. Empero las fronteras étnicas son lineales y no difusas al menos desde la época arcaica. A pesar de todas las controversias, fueron las más estables y pervivieron a lo largo de siglos. De hecho, tenemos muy pocos casos en el que una parte de una etnia generalmente aceptada se considere posteriormente parte de otra, sólo Halas en la Lócride Oriental y quizá algunos oropios desde finales del siglo V. 

4. Conclusiones

La etnicidad puede ser definida como el sentimiento de pertenencia a una comunidad, reconocida por otros grupos, pre y suprapolíada, intermedia entre la pólis y la helenidad, basada en determinados rasgos como son los territorios, las tradiciones históricas comunes, las genealogías, los cultos, las instituciones políticas, las costumbres y ciertos aspectos culturales, y que tiene la pretensión de constituir una comunidad política, un estado federal, con miras principalmente a la política exterior y a la defensa.

La autopercepción y la autoadscripión de los miembros de un grupo étnico pueden generar dificultades. De hecho, un individuo puede sentirse miembro de un determinado colectivo pero no tiene porqué creer que ello deba conllevar las mismas consecuencias que consideran otros miembros del mismo grupo. Por ejemplo, los plateos se consideraban beocios (Tuc.3.54.1) pero, según ellos mismos, su pertenencia al ethnos de los beocios no debía significar su inclusión en un Estado federal bajo la hegemonía de Tebas, exactamente lo contrario a lo que sostenían los tebanos y posiblemente la mayor parte de los beocios (Tuc.2.2, 3.61). Dentro de una misma identidad étnica pueden darse, como es el caso, acérrimas enemistades (Tuc.3.54,59). Asimismo el reconocimiento de una etnia por parte de otros grupos (percepción y adscripción externas) no está exento de inconvenientes. Por ejemplo, para los atenienses Eléuteras era parte del Ática mientras que los beocios aseguraban que era beocia, o los delfios que, según Pausanias (4.34.11), evitaban ser llamados focidios y no se consideraban, por tanto, miembros de esta etnia. Sin embargo, los focidios afirmaban que Delfos formaba parte de la Fócide. Y es que en cada persona o grupo las identidades tienden a superponerse, a integrarse de alguna manera de forma concéntrica, a dotarse de una jerarquía interna. Así sobre la identidad familiar debería situarse la pertenencia a la pólis, por encima de ésta, la identidad étnica y aún más arriba, el sentimiento común de pertenecer al mundo griego. El problema surge cuando, entre la identidad políada y la étnica, la jerarquización interna no es armónica, cuando confluyen varias identidades étnicas en el mismo plano u orden jerárquico o bien otra identidad como la políada, teóricamente inferior, tiende a primar sobre el elemento étnico supuestamente superior. Esta dificultad se agrava por el hecho de que ambas comunidades, la pólis y el ethnos, se constituyen como estados.

Cada etnia de Grecia central tenía una composición interna no homogénea y puede ser dividida territorialmente en núcleo, centro y periferia. El núcleo, el punto focal de la etnia, se localizaba en torno a uno o varios santuarios o en una pólis y un santuario; el área central, más amplia, incluía a todos aquellos que se sentían fuertemente vinculados entre sí con relación a su pertenencia étnica y la periferia, en la que se pueden englobar todos aquellos territorios o estados en los que el vinculo étnico es menor como la Parasopia, Oropo y Orcómeno en Beocia, Delfos en la Fócide y varias póleis del sudeste (Larimna, Halas) en la Lócride Oriental.

Los elementos que conforman la identidad étnica tienen diferente presencia, importancia y composición interna según el grupo étnico en cuestión y es posible, aunque sólo en determinados casos, establecer varias etapas en la aparición y desarrollo de estos elementos. Parece que los rasgos más antiguos son los diferentes territorios, la tradición histórica común, las costumbres y aspectos culturales y las genealogías étnicas. Parece que la emergencia definitiva del carácter étnico de algunos cultos tuvo lugar posteriormente entre los siglos VII y VI y la constitución de estados federales se produjo en el siglo VI. Un caso especial se refiere a los locros orientales. En sentido estricto los locros orientales formaban una subetnia dentro del conjunto de los locros por lo que estaríamos ante un Estado federal subétnico. Mucho más compleja es la evolución de los minias. En origen es muy posible que los minias no se consideraran beocios y su área étnica pudo extenderse, hacia el siglo VII, por buena parte del Oeste de Beocia. Sin embargo, a partir del siglo VI se produjo un retroceso de la conciencia étnica minia en esta zona que sería suplantada por la beocia. Quizá los minias pudieron constituir una symmachia o alianza militar en torno a Orcómeno pero la fuerza de los beocios impidió que los minias formaran un Estado federal y tendió a reducir la identidad minia a la pólis orcomenia. Quizá finalmente al menos desde la última parte del siglo IV los orcomenios se sintieron también beocios aunque rechazaran la hegemonía tebana.

En definitiva, desterrando la imagen simplista de una Grecia de comunidades étnicas atrasada en relación a otras zonas del mundo griego; las etnias griegas fueron, según los períodos, vanguardia y siempre riqueza de la Hélade; sin deslumbrarnos por ella, pero sin olvidarlo, la etnicidad puede ser considerada un elemento esencial para la comprensión de la civilización griega. 

Bibliografía moderna

- A. Giovannini (1971), Untersuchungen über die Natur und die Aufange der bundesstaatlichen Sympolitie in Griechenland, Gotinga
- A. Schachter (1981, 1984), Cults of Boiotia. I-II, Londres
- B.A. Sparks (1967), “A Taste of a BoeotianPig” JHS, 87, 116-30
- B.S. Ridgway (1970), The Severe Style in Greek Sculpture, Princeton
- B.S. Ridgway (1981), Fifth Century Styles in Greek Sculpture, Princeton
- Ch.G. Starr (1978), “An Evening with the Flute-girls” PP. 33, 401.
- D. Katsonopoulou (1990), “Studies of the Eastern Cities of Opountian Lokris: Hlalai. Kyrtones, Korseia, Bumelitaia”Dis. Cornell Univ.

- D.W Prakken (1943), “The Boeotian Migration,” AJPh, 64, 13-23 

- E. Barth (1976), Los grupos étnicos y sus fronteras, Méjico

- E. French (1984), “New Finds at the Phokikon” en Studies presented to Sterling Dow, Durham, 89-96

- E. French, E. Vanderpool (1963), “The Phokikon” Hesperia, 32, 213-225

- E.W. Kase, G.J. Szemler (1982), “Xerxes’ March through Phokis. Her.8, 31-35” Klio, 64, 353-366

- F. Vian (1963), Les Origines de Thébes. Cadmos et les Spartoi. París

- G. Daverio Rocchi (1994), “Strutture urbane e centralismo politico nel koinon focese” en M. Sordi (ed.), Federazione e federalismo nell´ Europa antica, Milán, 181-194.

- G. Daverio Rocchi (1988), Frontiera e confini nella Grecia antica, Roma

- G. Daverio Rocchi (1993), Città-Stato e Stati federalí della Grecia classica. Lineamenti di storia delle istituzioni politiche, Milán 

- G. Ténékides (1957), Droit international et Communautés fédérales dans la Gréce des Cités, Leiden 

- G.A. De Vos (1996), ‘Ethnic Pluralism: Conflict and Accommodation” en L. Romanucci-Ross, G.A. De Vos (eds.), Ethnic Identity. Creation, Conflict and Accommodation, Walnut Creek, 18-23.

- H. Beck (1997), Polis und Koinon. Untersuchungen zur Geschichte und Struktur der griechischen Bundesstaaten im 4. Jahrbundert v. Chr., Stuttgart

- H. Beck (1999), “Ostlokris in die Tausend Opuntier: neue Uberlegungen zum Siedlergesetz fur Naupaktos” ZPE, 124, 53-62, 

- H. Haarmann (1986), Language in Ethnicity. A View of Basic Ecological Relations, Amsterdam

- H. Tajfel (ed.) (1982), Social Identity and intergroup relations, París

- J. Buckler (1978), “The Re-establishment of Boiotarchia (378 B.C.)”, AJAH, 4, 57, 59.

- J. Buckler (1980), The Theban Hegemony (371 -362 B.C.), Cam.Mass.

- J. Buckler (1989), Philip II and the Sacred War, Leiden

- J. Ducat (1971), Les Kouroi du Ptoion. Le sanctuaire d’Apollon a l’e­poque archaïque, París

- J. McInerney (1999), The Folds of Parnassos. Land and Ethnicity in Ancient Phokis, Tejas

- J. Pascual (1997), Grecia en el siglo IV a.C. Del imperialismo espartano a la muer­te de Filipo de Macedonia, Madrid

- J.A. Hall, G.J. Ikenberry, (1989), The State, Bristol, 

- J.A.O. Larsen (1968), Greek Federal States. Their Institutions and History, Oxford

- J.M. Fossey (1986), The Ancient Topography of Eastern Phokis, Amsterdam

- J.M. Fossey (1988), Topography and Population of Ancient Boiotia, Chicago

- J.M. Fossey (1990), The Ancient Topography of Opountian Lokris, Amsterdam

- J.-N. Corvisier (1991), Aux origines du miracle grec. Peuplement et population en Gréce du Nord, París

- K. Kilinski II (1977), “Boiotian Black-figure Lekanai by the Protome and Triton Painters” AJA, 71, 55-65

- K. Kilinski II (1978), “The istanbul Painter”, Antike Kunst, 21, 12-16

- M. Amit (1971),“The Boeotian Confederation during the Pentekontaetia”, RSA, 1, 49-64.

- M. Sordi (1994), “II federalismo greco nell´età classica en M. Sordí (ed.), Federazione e federalismo nell´Europa antica, Milán, 3-22

- M.H. Hansen (1994), “Póleis and City-States, 600-323 B.C. A Comprehensive Programme en D.Whitehead (ed.), From Political Architecture to Stephanus Byzantion. Sources for Ancient Greek Poleis, Stuttgart, 9-18

- M.H. Hansen (1996), “POLLACHOS PÓLIS LEGETAI. Arist.Pol.1276 a23. The Copenhagen lnventory of Póleis and the Lex Hafniensis de Civitate” en M.H. Hansen (ed.), Introduction to an lnventory of Poleis, Copenhague, 7-72

- N.H. Demand (1982), Thebes in the Fifth century. Heracles Resurgent, Londres,

- P. Ellinger (1993), La légende nationale pbocidienne, París

- P. Roesch(1989), “Aulos et les aulétes en Béoeie” en H. Beister, J. Buckler (eds.), Voiträge vom 5 Internationalen Böotien Kolloquium, Munich, 203-214.

- P. Salmon (1978), Etude sur la Confédération béotienne (447/6-386). Son orga­nisation et son administration, Bruselas

- P.W. Wallace (1979), Strabo´s Description of Boiotia. A Commentary, Heidelberg

- R.J. Buck (1968), “The Aeolic Dialect of Boiotia,” CPh. 63. 278-9

- R.J. Buck (1979), A History of Boeotia, Edmonton

- R.S.C. Felsch (1987), “Kalapodi. Bericht Obre die Grabungen im Heiligtum der Artemis Elaphebolos und des Apollon von Hyampolis 1978-1982” AA, 1-99

- R.S.C. Felsch (1991), “Tempel und Ältere im Heiligtum der Artemis Elaphebolos von Hyampolis bei Kalapodi” en R. Étienne, M.-Th.Le. Dinahet (eds.), L´espace sacrificiel dans les civilisations mediterranéennes de l´Antiquité, París, 85-91

- R.S.C. Felsch, H.J. Kienase, H. Schuler (1980), “Apollon un Artemis oder Artemis und Apollon? Bericht von den Grabungen im neu enedeckten Heiligrum bei Kalapodi” AA, 38-123 

- St. Shennan (ed.) (1989), Archaeological approaches to cultural identity, Londres

- Th.H. Nielsen (2000), ‘Epiknemidian, Hypoknemidian, and Opountian Lokris. Reflections on the political organisanon of East Lokris in the Classical Period”, en P. Flensted-Jensen (ed.), Further Studies in Ancient Greek Polis. Sttugart, 90-120