Actualización:  21 abril de 2005

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                                              B A A L B E C K ( Líbano)
    Baalbeck es hoy una ciudad libanesa, ubicada en  el valle de la Bekaa, entre las cordilleras del Líbano y el Antilíbano,  a unos 85 Km de Beirut.

 

                                                    

 

Debido a su emplazamiento,  entre los ríos Litani y Asi, en medio del camino de las caravanas que unían  la costa cananea a la alta Mesopotamia , el corredor sirio y Egipto,  así como por la prosperidad de su suelo, Baalbeck tuvo un gran  protagonismo en el Mundo Antiguo

 

Baalbeck desde el aire. Se aprecia la explanada del templo de Júpiter con las seis columnas y delante, el templo de Baco

 

 Esta importancia  se refleja en sus magníficos monumentos, cuyas ruinas asombraron a los viajeros de ayer y de hoy.

Cuenta la leyenda  libanesa que  allí estaba el Paraíso Terrenal y que Adán vivió en Baalbeck cuando era sólo  un oasis poblado de palmeras, rodeado de montañas  ricas en  frondosos bosques de  cedros. 
Miguel Angel. Capilla Sixtina


Autor foto: José Manuel Sánchez de Lorenzo Cáceres
Http://www.guiaverde.com/arboles/

También se dice que en ese lugar moró el patriarca  Abraham, hasta que lo vieron montar en un caballo de fuego y desaparecer en las profundidades de la noche de Oriente. 
En Baalbeck, por último, Salomón habría edificado, por amor a la reina de Saba, un palacio tan magnífico como no existía en toda Asia.

 

La reina de Saba. Piero

Salomón y la reina de Saba, Piero della Francesca

 

Astarté. Museo del Louvre, París

 

Más allá de las leyendas, la ciudad de Baalbeck atesora una historia de más de tres mil años, rica en odios y amores, en hazañas increíbles, en conquistas y en guerras de nunca acabar. 

Su nombre significa "Ciudad de Baal", nombre derivado de una antigua asociación en la ciudad con el culto a un Baal  solar local cananeo , de la tribu semita del mismo nombre , en el l II milenio  al que los griegos identificaron con Helios-Apolo De ahí el nombre de Heliópolis   con que la rebautizaron. 

El culto a este  Baal del sol  y su pareja  Astarté, la diosa de la fertilidad y la fecundidad del II milenio continuó en el I milenio, en la llamada "época fenicia" y llegó hasta el Imperio romano y el Cristianismo.

De aquellos templos consagrados a Baal y a Astarté poco o nada queda hoy en Baalbeck. La ciudad fue conquistada - y saqueada numerosas veces - por los  sucesivos invasores asirios, griegos (con Alejandro Magno) y romanos.

 Más tarde, sería el turno de los sarracenos y de los tártaros (al mando del Gran  Tamerlán). 

Simultáneamente a los desastres de la guerra, Baalbeck padeció una sucesión de terremotos: los más severos en 1158, 1203 y 1664, aunque particularmente devastador fue el de 1759, que dejó la ciudad sumida en tinieblas y a sus pobladores creyendo que había llegado la hora del Apocalipsis. Pero ni los invasores ni los seísmos pudieron doblegar del todo el testimonio que allí dejaron los romanos:  Un legado de edificios de piedra, parcialmente destruidos, pero tan monumental  y de tal tamaño como no hay otro  en todo el  Próximo Oriente.  

 

En efecto, en Baalbeck - y de ahí su importancia arqueológica - los Príncipes  Augusto, Adriano y Caracalla (que gobernaron Roma desde los albores de nuestra era hasta el siglo III) levantaron una  ciudad sagrada  diez veces más grande que la de Atenas. No hay, ni siquiera en la misma Roma, construcción tan gigantesca. 

 

Vista general de Baalbeck. Al fondo, la cordillera del Líbano, nevada, blanca, que da nombre el país( LABAN-Blanco)

                          http://www.rizzuti.org/SiriaLibano/Libano/Baalbeck.en.htm

                             http://www.rizzuti.org/SiriaLibano/index.en.htm

 http://www.rizzuti.org/SiriaLibano/Libano/Baalbeck2.en.htm

 

Vista aérea de la  Acrópolis

Lo que quedó de todo aquello, pasados muchos se convirtió  en uno de los más ricos yacimientos arqueológicos de Medio Oriente. 

Declarado  Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se constituyó paralelamente en poderoso imán turístico, que atrajo multitudes  de turistas a ese bello rincón del Líbano. 

Hasta 1974, medio millón de personas se acercaban anualmente a las piedras de la antigua Baalbeck para extasiarse ante la contemplación de tanta maravilla. Los viejos dioses parecían conservar, aún, su poder de convocatoria. Festivales de teatro y música aprovechaban, todos los veranos, la impar escenografía de las columnas del templo de Júpiter para montar grandes espectáculos. Durante  varias décadas, el Festival Internacional de Baalbeck tuvo fama de saber congregar a los mejores artistas del mundo.

Pero en 1975, en la antigua morada de los dioses volvió a sonar el estruendo apocalíptico. No eran los truenos de Júpiter ni el temblor  de nuevos terremotos. Eran los  disparos  de una guerra civil que terminaría desangrando, por largos años, el Líbano.

Baalbeck, en mitad de  una ruta estratégica, que une norte y sur,  fue de nuevo el escenario de un infierno. Convertida en bastión de la fracción proiraní Hezbollah, la vieja ciudad padeció cruentos bombardeos que afectaron la estructura de sus viejos monumentos.

Con sus columnas horadadas por las balas -y hasta burdamente pintarrajeadas con graffiti-, los templos de Júpiter Heliopolitano, Venus y Baco quedaron prácticamente abandonados.

La zona respira  actualmente un momento de paz. Pero nadie garantiza nada en esas regiones.

En la cercana y  ya semirreconstruida  Beirut, todavía se recuerda que el programa del Festival Internacional de Baalbeck 1975, que debió suspenderse por la guerra, incluía una famosa obra de Richard Wagner: la tetralogía El Ocaso de los Dioses.