Actualización:  3 abril 2005

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HELENISMO

                                                                                    Cronología de las Guerras Púnicas


 

La route d'Hannibal en Italie

264 a 241 a. C : Primera guerra púnica


241 a 238 a. C : Guerra de los  mercenarios

 219 a 202 a. C : Segunda  guerra púnica,
149 a 146 a.C : Tercera guerra púnica

 

 

 

Asdrúbal Barca

http://perso.wanadoo.fr/miltiade/guerpunique.htm

Amilcar Barca, padre de Aníbal

 
ENTRADA


 

 

                   Segunda guerra púnica e invasión de Italia

Hannibal Barca

Aníbal Barca

 

 

Representación de la batalla de Cannas

 

 

Carte animée de la bataille de Cannae - 119.7 ko

Mapa animado de la batalla de Cannas
 

 

Légende - 7.3 ko

Leyenda
 

            http://www.histoiredumonde.net/article.php3?id_article=5

                                                                                                 

La batalla de Cannas (o Cannae) fue un importante encuentro armado ocurrido en Italia en agosto del año 216 adC, entre el ejército púnico comandado por Aníbal Barca, y las tropas romanas dirigidas por los cónsules Cayo Terencio Varrón y Paulo Emilio, en el marco de la Segunda Guerra Púnica.

La táctica empleada por Aníbal en la batalla de Cannas se convirtió en un modelo clásico a la que se puede llamar "Madre de todas las batallas". Así, cuando los miembros del Estado mayor alemán, antes de la Primera Guerra Mundial, examinaban a los aspirantes a pertenecer a esta élite y les ponían para resolver un problema de táctica, cuando veían cómo lo resolvía el alumno, exclamaban invariablemente defraudados: ¡Otra vez Cannas!

La táctica consiste en aceptar el encuentro en el centro, el cual, de forma escalonada comienza a retroceder, haciendo que el ejército enemigo avance fácilmente por el centro metiéndose por la boca de una U mientras que los flancos aceptan el combate. Cuando una de las alas está batiendo allí favorablemente al enemigo y puede desprenderse de parte de sus efectivos, se trasladan rápidamente éstos por detrás de la línea de combate para reforzar el otro ala. Llegada esta situación, los flancos se lanzan tanto desde la derecha como desde la izquierda sobre las alas del enemigo, que queda de este modo acorralado en una bolsa.

Desarrollo de la batalla de Cannas

  • Preámbulo: Los ejércitos estaban desplegados en una llanura, en líneas perpendiculares al río Ofante. Los romanos con su estilo clásico: dos bloques en líneas cerradas, el de la infantería ligera delante y el de la pesada detrás. A su derecha, junto al río, la caballería romana y en el flanco izquierdo la caballería compuesta por aliados de Roma.

Aníbal formó su tropa también en dos líneas pero no compactas, con su centro apuntando ligeramente el centro romano. El centro de Aníbal lo componían sus tropas menos aguerridas, galos e íberos. Los dos flancos lo cubrían sus infantes libios. A su derecha colocó la caballería ligera númida al mando de Maharbal y a la izquierda, frente a la caballería romana, la caballería pesada formada por jinetes galos e íberos dirigida por Asdrubal.

Cannas-Fase 1
Cannas-Fase 1
  • Fase 1.: Los cartagineses dispusieron una línea con unos 800 honderos baleares para intentar frenar el avance de las tropas romanas, pero no tuvo éxito. Cuando ambos ejércitos estaban uno en frente de otro se inició una auténtica lluvia de lanzas. Los cartagineses vencieron en este inicio de batalla, al igual que vencerían al final.
Cannas-Fase 2
Cannas-Fase 2
  • Fase 2.: Los romanos iniciaron el ataque y el centro de Aníbal cedió terreno, curvándose hacia atrás, ocupando el centro romano el espacio desalojado por el centro cartaginés. Las alas cartaginesas se mantuvieron firmes, con lo que los ejércitos formaban ahora dos líneas paralelas curvas.
Cannas-Fase 3
Cannas-Fase 3
  • Fase 3.: Mientras el ataque romano consiguió que la línea central cartaginesa siguiese cediendo, las caballerías cartaginesas iniciaron el ataque. La caballería númida en el ala derecha encontró fuerte resistencia en la caballería de los aliados romanos mientras que la caballería situada en el ala izquierda, junto al río, debilitó la caballería romana. Viendo que le sobraba caballería en esta ala, Aníbal ordenó que parte de ella se trasladase a reforzar a la númida, realizando el movimiento por detrás de la línea de la infantería cartaginesa, fuera de la vista del mando romano.
Cannas-Fase 4
Cannas-Fase 4
  • Fase 4.: Las dos alas de la infantería cartaginesa ofrecían mucha resistencia a las alas romanas, consiguiendo rechazarlas, obligándolas a replegarse hacia su centro. Pero como el centro romano había avanzado mucho al profundizar en el centro cartaginés que seguía ofreciendo nula resistencia y seguía replegándose. Las líneas de ambos ejércitos acabaron por formar cada una una "U", quedando la "U" romana dentro de la "U" cartaginesa. Los romanos creyeron vencer hasta que se dieron cuenta de que no podían moverse. Estaban atrapados en la genial táctica de Aníbal, que una vez más demostraba todo su ingenio militar. Los legionarios estaban aterrorizados. No podían ni siquiera alzar los escudos para defenderse, ni podían desenvainar sus espadas. En ese momento la falange íbera avanzó hacia el cerco para atacar por los flancos a los romanos. Los íberos que habían retrocedido, gracias a sus cortas pero mortales espadas (falcatas) hicieron una masacre entre las filas enemigas. Impresionados por el filo de la espada íbera, los romanos pronto se dispusieron a adoptarla para sus tropas. Más tarde la caballería cartaginesa reforzada en el ala derecha, obligó a retirarse a la caballería de los aliados de Roma, comenzando ahora su movimiento sobre la espalda de la infantería romana.

Cannas-Fase 5

Cannas-Fase 5
  • Fase 5.: La caballería romana que se encontraba luchando junto al río, cedió el campo, retirándose. Las dos alas de caballería cartaginesa tenían ahora el campo libre para situarse en la espalda de la infantería romana y cerraron el cerco.

Los historiadores Tito Livio y Plutarco cifran entre 50.000 y 70.000 el número de romanos que quedaron atrapados en el cerco de Cannas. Muchos romanos habían recurrido a esconder sus cabezas bajo tierra, semejándose a avestruces. La caballería númida les cortaba el cuello con sus espadas. Sólo sobrevivieron unos 3.500 legionarios. Los cartagineses perdieron entre 5.000 y 8.000 hombres, sobre todo de los celtas que se encontraban en la primera línea de combate. Fue la mayor batalla de toda la Segunda Guerra Púnica. Ese día en Cannas, murieron más soldados que todos los marines americanos que fallecieron en la Guerra de Vietnam.

 

 

Historia Romana  - Tito-Livio

Arrivé au mois d’octobre 218, Hannibal occupait l’Italie depuis près de deux ans. A l’aube, Hannibal envoya en avant les Baléares et le reste des troupes légères et passe la rivière ; puis il rangea chaque formation dans l’ordre ou il l’avait fait passer : les Gaulois et les Espagnols près de la rive a l’aile gauche face a la cavalerie romaine ; l’aile droite fut confiée a la cavalerie numide ; le centre de la ligne etait solidement tenu par les fantassins : aux ailes les Africains, au milieu les Gaulois et les Espagnols. Vu leur équipement on aurait pris les Africains pour des Romains : ils portaient les armes prises a la Trébie et surtout au lac Trasimène. Les boucliers des Gaulois et des Espagnols se ressemblaient beaucoup mais leurs épées etaient différentes par la taille et par l’aspect : les Gaulois avaient des épées très longues et sans pointe, les Espagnols, habitues au contraire a percer l’ennemi plutôt qu’a le frapper, avaient des poignards courts, faciles a manier et pointus du bout. Plus que tous les autres ces deux peuples impressionnaient par leur haute stature et par leur apparence. Les Gaulois etaient nus jusqu’à la ceinture, les Espagnols portaient des tuniques de lin d’une blancheur éclatante, bordées d’une bande pourpre.

Au total l’armée comptait alors quarante mille fantassins, dix mille cavaliers. Hastrubal commandait l’aile gauche, Maharbal l’aile droite, Hannibal et son frère Magon se trouvaient au centre de l’armée. Le soleil frappait heureusement les deux armées de coté, qu’on ait choisi exprès cette orientation ou qu’on se soit placé de cette façon par hasard : les Romains au sud et les Carthaginois au nord ; mais le sirocco, que les gens du pays appellent le vulturne, s’etait levé contre les Romains et les aveuglaient en leur envoyant des tourbillons de poussière dans les yeux.

On poussa le cri de guerre ; les auxiliaires attaquèrent et le combat s’engageat avec les troupe légères ; puis l’aile gauche, composée de cavaliers gaulois et espagnols, s’élança contre l’aile droite des Romains, mais le combat ne se fit pas du tout dans les règles ordinaires : faute de place les cavaliers devaient en effet attaquer de face, car ils etaient coincés entre la rivière d’un cote et l’infanterie de l’autre. On attaquait donc droit devant soi et les chevaux finirent par être pris dans la mêlée et immobilisés. Les cavaliers s’empoignaient, cherchaient a faire sombrer leur adversaire et ils se battaient surtout a terre. L’attaque pourtant fut plus violente que soutenue et les Romains, repoussés, prirent la fuite. Au moment ou se terminait le combat de cavalerie, on lance l’assaut des fantassins. Au début et tant que les Espagnols et les Gaulois gardèrent leurs range, les deux adversaires montrèrent autant d’energie et de courage ; puis les Romains, au prix de longs et vigoureux efforts, attaquant de front et en rangs serres, finirent par bousculer la colonne d’attaque ennemiet69, trop étirée et pas assez fournie, qui faisait légèrement saillie en première ligne. Les Romains serraient de près l’ennemi qu’ils avaient bouscule et qui reculait en désordre ; pousses par leur élan, ils atteignirent d’abord le centre de la ligne adverse, se laissèrent entamer par la fuite précipitée des ennemis sans rencontrer d’obstacle, puis ils tombèrent sur les corps de réserve africains qui se tenaient aux deux ailes un peu en retrait ; le centre au contraire, ou se trouvaient les Gaulois et les Espagnols, avançait légèrement. La colonne d’attaque fut donc d’abord repoussée, ce qui rectifia la ligne de front puis, a force de reculer, elle creusa une poche dans les rangs ; pendant ce temps les Africains disposes en croissant Pour se dégager, les ennemis ont adopte la disposition en triangle qu’on appelle le " coin " ; a leur tour les Romains resserrent les rangs. Les Gaulois et les Africains, disposes un peu en avant encerclaient les Romains qui s’etaient avancés imprudemment ; en rejoignant les pointes du croissant, ils les bloquèrent aussi par-derrière.

 

Après ce premier effort pour repousser l’ennemi, les Romains cessèrent de poursuivre et de massacrer les Gaulois et les Espagnols en déroute et entamèrent un nouveau combat contre les Africains : combat doublement inégal, d’abord parce qu’ils etaient encercles et surtout parce que, épuises, ils avaient en face d’ eux des adversaires dispos et pleins d’ardeur. Le combat avait commence aussi a l’aile gauche des Romains, ou la cavalerie alliée etait opposée aux Numides il fut d’abord peu animé et commencé par une ruse bien punique. Environ cinq cents Numides, qui avaient caché une épée sous leur cuirasse en plus de leur armement coutumier, firent semblant de déserter et de s’éloignée de leurs camarades, avec leur bouclier sur leur dos : ils sautèrent rapidement de cheval et, jetant leurs boucliers et leurs javelots aux pieds de leurs ennemis, furent introduits au milieu des lignes et conduits au dernier rang avec ordre de rester a l’arriere sans bouger. Tant que le combat s’engageait de tous cotes, ils restèrent tranquilles ; mais quand ils virent que le combat absorbait toute l’attention et tous les regards, ils ramassèrent les boucliers qui se trouvaient un peu partout parmi les monceaux de cadavres et attaquèrent l’arme romaine par-derrière : les frappant dans le dos et leur coupant les jarrets, ils firent un grand carnage mais provoquèrent une frayeur et une panique encore bien plus grande. Hasdrubal, qui commandait la cavalerie, voyant que d’un cote les Romains etaient épouvantés et en fuite et de l’autre résistaient avec l’energie du désespoir, fit dégager les Numides, parce qu’ils combattaient mollement contre leurs adversaires et les lance a la poursuite des fuyards ; il envoya les cavaliers gaulois et espagnols soutenir les Africains, qui etaient déjà plus fatigues de tuer que de combattre.

 

 

 

A la tête des légions Paul Émile, bien que gravement blessé par une fronde dés le début de l’engagement, marcha pourtant contre Hannibal a plusieurs reprises avec ses soldats en rangs serres et rétablit sur plusieurs points le combat. Les cavaliers romains le protégeaient puis, quand ils virent que le consul n’avait même plus la force de diriger son cheval, mirent pied a terre. Quand on dit a Hannibal que le consul avait donne ordre de mettre pied a terre, il s’ecria, a ce qu’on prétend : " Tant mieux ! C’est comme s’il me les livrait pieds et poings lies !" Le destin de ces cavaliers, qui combattaient a pied contre des ennemis surs de tenir la victoire, etait scéllé ; les Romains aimaient mieux mourir sur place que battre en retraite et les vainqueurs, furieux contre ceux qui retardaient la victoire, tuaient ceux qu’ils ne pouvaient déloger. Ils délogèrent pourtant les derniers survivants, épuisés par leurs éfforts et par leurs bléssures ; alors ce fut la déroute et ceux qui le pouvaient reprirent leurs chevaux pour s’enfuir.

Les Africains, repartis a chaque extrémite du front, avaient en effet joués un rôle éssentiel : en formant les pointes du croissant, ils avaient resserre l’etau sur les Romains, qui se firent donc massacrer dans la poche qu’ils avaient creusé au milieu des rangs ennemis

Le tribun militaire Gnaeus Lentulus, passant a cheval, aperçut le consul couvert de sang, assis sur une pierre. II lui dit : " A toi seul, Paul Émile, les dieux doivent aujourd’hui la vie sauve, car tu n’as aucune responsabilité dans le désastre. Monte sur mon cheval, tant qu’il te reste des forces et que je peux te hisser et te protéger en montant avec toi. Que cette bataille ne compte pas le consul parmi ses morts : il y a sans cela bien assez de larmes et de deuils. " Le consul lui répondit : " Bonne chance, Gnaeus Cornelius ; ne gaspille pas, en me prenant vainement en pitié, le peu de temps qui te reste pour échapper a l’ennemi. Pars, recommande publiquement aux sénateurs de fortifier Rome et de protéger la ville avant que l’ennemi arrive en vainqueur ; et dis en particulier a Quintus Fabius que Paul Émile, jusqu’a la fin de sa vie et jusqu’a son dernier souffle n’a pas oublie ses conseils. Laisse Moi mourrir au milieu de mes hommes, qui vent couches la ; je ne veux pas une seconde fois passer en jugement au sortir de mon consulat, ni accuser mon collègue et prouver mon innocence en attaquant un autre. " Ils parlaient encore quand arrivèrent sur eux les Romains en déroute et leurs poursuivants ; les ennemis accablèrent de traits le consul sans le reconnaitre ; Lentulus, au milieu de la confusion, fut sauve par son cheval.

Alors de tous cotés ce fut une fuite éperdue. Sept mille hommes se réfugiaient dans le petit camp, dix mille dans le grand, deux mille environ a Cannes : le village n’avait pas de murailles, ils furent aussitôt encercles par Carthalon et ses cavaliers. L’autre consul ne s’etait mêle a aucune troupe de fuyards, soit à dessein , soit par hasard et atteignit Venouse avec une cinquantaine de cavaliers. On chiffre les pertes a quarante-cinq mille fantassins et deux mille sept cents cavaliers, citoyens et allies en nombre a peu prés égal ; parmi eux les deux questeurs des consuls Lucius Atilius et Lucius Furius Bibaculus, vingt-neuf tribuns militaires, d’anciens consuls, d’anciens préteurs ou édiles, entre autres Gnaeus Servilius Geminus et Minucius qui avait été maître de la cavalerie l’année précédente et consul quelques années plus tot ; en outre quatre-vingts sénateurs ou magistrats ayant rang de senateurs : enrôlés volontaires ils servaient comme simples soldats dans les légions. On dit qu’il y eut trois mille prisonniers parmi les fantassins, quinze cents parmi les cavaliers.

CLICK Y MUEVELO

http://www.spqr-moneta.com/varios/cannas_mapa.htm

 

 

 

 

SHEPHERD, William R.,Historical Atlas, New York, Henry Holt and Company, 1926 [1923], p. 32.

 

                                                                      http://www.europa1939.com/infanteria/antiguas/anibal.html

 

Desechando una invasión de Italia por mar, en la primavera del 218 a.C. inició, con un ejército de unos 40.000 hombres, una audaz marcha a través de los pasos de montaña de los Pirineos y de los Alpes. En su recorrido, que constituye una de las grandes gestas militares de la Antigüedad, hubo de combatir continuamente contra las aguerridas tribus galas por lo que, cuando desembocó en la llanura del Po, en el otoño de del 218 a.C. sus tropas se habían reducido a unos 20.000 infantes y 6.000 jinetes.

 

En diciembre, Aníbal derrotó a los cónsules Publio Escipión y Sempronio Longo sucesivamente en los ríos Ticinus (Tesino) y Trebia. Su prestigio subió tanto, que las tribus galas y ligures que habitaban el Norte de Italia se levantaron contra los romanos y engrosaron el ejército invasor hasta los 60.000 hombres. A comienzos del 217, las tropas de Aníbal cruzaron los Apeninos y, tras una penosa marcha por los pantanos de Etruria, en la que su general perdió un ojo, en abril atrajeron a una trampa a un nuevo ejército romano, al mando del cónsul Flaminio, junto al lago Trasimeno. Surgiendo de la niebla, los cartagineses mataron en tres horas a unos 15.000 italianos, entre los que se encontraba el propio Flaminio.

Roma parecía madura para caer en manos de los invasores. Dispuestos a resistir, los romanos destruyeron los puentes sobre el Tíber y adoptaron una medida excepcional: elegir un dictador en la persona del patricio Fabio Máximo. Pero Aníbal no atacó a la Urbe sino que se dedicó a vagar por el centro de la península, estorbando el abastecimiento de Roma, derrotando a los escasos contingentes enemigos que se le oponían e incitando sin éxito a los pueblos itálicos a sacudirse el yugo romano.  inicio

Una batalla de aniquilación
Su marcha llevó a Aníbal, en la primavera del año 216 a.C. a Cannas, localidad del norte de Apulia, a orillas del mar Adriático, y gran depósito de víveres del que se abastecía Roma. Derrotados tres veces sus ejércitos, y en situación cada vez más precaria el vital suministro de trigo a la ciudad, el Senado romano decidió expulsar a cualquier precio a los invasores. Se reunió, por lo tanto, el mayor ejército movilizado por Roma, con unos 80.000 infantes y 6.000 jinetes, compuesto a partes iguales por ciudadanos romanos y aliados itálicos. A su frente fueron colocados los dos cónsules, Paulo Emilio y Terencio Varrón, que se repartían el mando en días alternos.

Este impresionante ejército, en el que figuraba la flor y nata de la aristocracia romana, se dirigió al encuentro de Aníbal en la llanura de Cannas, a donde llegó a finales de julio. Bajo un sol abrasador, los contendientes tomaron posiciones mientras medían sus fuerzas en algunas escaramuzas; Entre los dos jefes romanos habían surgido diferencias. Paulo Emilio, con mayor experiencia, era partidario de evitar una batalla en campo abierto, en la que la caballería cartaginesa tendría una gran ventaja. Pero Varrón, sabiendo que su infantería duplicaba a la cartaginesa, prefería un ataque frontal y masivo y, al corresponderle el mando el 2 de agosto, decidió desencadenar la batalla. Con un calor asfixiante y fuertes ráfagas de viento del suroeste, que levantaban nubes de polvo, los dos ejércitos se prepararon para el combate.

Varrón dispuso a sus tropas ala manera romana clásica, una línea de vélites en vanguardia que precedía a la masa de la infantería pesada, formada en tres líneas consecutivas. La infantería estaba flanqueada por la caballería romana a la derecha y la de los aliados itálicos a la izquierda. Por su parte, Aníbal dispuso a los mercenarios íberos y galos en formación de media luna, con la parte convexa orientada hacia el enemigo. En cada extremo situó contingentes de infantería pesada africana. El flanco izquierdo estaba protegido por la caballería pesada, formada por jinetes íberos y galos y al mando de Asdrúbal, mientras que la caballería ligera númida, dirigida por Maharbal, operaría a la derecha, lejos del río Aufidus y libre para moverse a su antojo.  inicio

La carga de Asdrúbal
La batalla se inició con algunas escaramuzas entre la infantería ligera que formaba la vanguardia de ambos ejércitos: velites contra honderos baleáricos. Pero no adquirió intensidad hasta que Asdrúbal ordenó a sus jinetes atacar a la caballería romana, que dirigía Publio Emilio. El choque entre ambas formaciones, con sus movimientos limitados por la proximidad del río, se decidió en favor de los púnicos, que pusieron en fuga a sus adversarios.

Avanzó entonces la infantería romana. Formados en apretadas filas tras una muralla de escudos, los romanos y sus aliados marchaban al redoble de los tambores envueltos en nubes de polvo cegador. En un principio, impusieron su numero a las tropas íberas y galas. Creyendo que la victoria estaba al alcance de su mano, los romanos concentraron su presión sobre el centro del dispositivo enemigo para partirlo en dos. La media luna cartaginesa se fue convirtiendo en cóncava.

Mientras tanto, la caballería númida del flanco derecho cartaginés cargó contra la caballería de los aliados itálicos, mandados por el cónsul Varrón, que resistieron el choque hasta que fueron atacados por la espalda por los jinetes galos e íberos de Amílcar. Este dejó a Maharbal la tarea de perseguir a la dispersa a la caballería romana, y organizó sus escuadrones a la espera de las órdenes de Aníbal.

El jefe púnico aguardo hasta que la infantería romana penetró profundamente en el interior del dispositivo cartaginés, que adoptaba la forma de una “U” cada vez mas alargada. Cuando consideró que era factible envolver al enemigo, hizo intervenir a la caballería de Amilcar. La infantería africana, hasta entonces en reserva,  se desplegó en dos masas, presionando cada una un flanco del dispositivo romano.  La maniobra envolvente se completó con el retorno de la caballería númida, que atacó a la masa de infantes romanos por la retaguardia. Rodeados por un sólido cerco de caballeros e infantes, amontonados en un espacio reducido y sin poder maniobrar, los romanos eran empujados hacia el interior, cada vez con menos sitio para manejar sus armas. Aún así, resistieron de forma desesperada hasta el final. La matanza fue espantosa, el revés más grande sufrido hasta entonces por un ejército romano y en el que perecieron hasta 80 senadores.

Polibio, casi coetáneo de los hechos, cifra los muertos en unos 70.000 romanos y 5.700 cartagineses, mientras que Tito Livio y Plutarco dejan en unas 50.000 las bajas de los romanos y de sus aliados itálicos. Hoy los historiados suelen reducir estas cifras, aunque situándolas por encima de los 30.000 hombres.  inicio

La táctica de Aníbal
Aníbal, según Polibio, planteó así la batalla: “A su izquierda, junto al río, colocó la caballería íbera y celta, frente a los jinetes romanos; inmediatamente la mitad de la infantería pesada africana y, a continuación de ésta, la infantería íbera y celta. A su espalda colocó a la otra mitad de los africanos y, finalmente en el ala derecha formó la caballería númida”. Sigue contando Polibio que Aníbal hizo avanzar el centro ibero-celta hasta formar  una media luna, con la intención de emplearlos en los más duro del choque, manteniendo a los africanos como reserva, éstos iban armados como los romanos, pues habían adoptado las armas arrebatadas a los romanos en las anteriores batallas de Tesino, Trebia y Trasimeno. En cambio, “el escudo de los íberos y de los celtas era muy parecido; no así las espadas, pues las de los íberos podían herir lo mismo de punta que de filo, pero las de los celtas servían únicamente para atacar de tajo y contando con cierta distancia” (por eso Aníbal los situaba en compañías alternas, de manera que se complementasen). Los celtas combatían desnudos; los íberos, cubiertos con túnicas de lino de color púrpura.

Las claves de la victoria
Las claves de la victoria de Aníbal estuvieron primero, en el planteamiento de la batalla entre las colinas y el río, forzando, por un lado, un frente estrecho donde los romanos no pudieran hacer valer su gran superioridad numérica; por otro, ideando una táctica en el que el propio empuje de las regiones de Roma fabricase la bolsa donde quedarían encerradas.

Segundo, en el empuje de la caballería pesada de iberos y celtas, mandadas por el cartaginés Asdrúbal (no el hermano de Aníbal que se había quedado defendiendo Hispania, sino el hijo de Lacón, su compañero de armas durante muchos años). Tras salvar una feroz resistencia, iberos y celtas quebraron la resistencia de la caballería romana y la dispersaron; volvieron, luego, sobre la caballería aliada, que formaba el ala izquierda de Roma a la que no habían podido vencer los númidas de Maharbal  y la dispersaron; en la tercera fase de su acción, dejando la persecución de la caballería romana a Maharbal, cargaron sobre la retaguardia de las legiones, causando en ella una espantosa matanza.

Y, tercero, en la resistencia presentada por íberos y celtas a las legiones romanas, que les duplicaban en número, pero no podían desplegarse por lo angosto del frente de batalla. La infantería ligera de Aníbal cedió el terreno muy lentamente, metiendo en una mortífera trampa a los legionarios. Aníbal estimaba que su actuación constituía el centro de su estrategia, tanto que le arengó personalmente antes del combate y se hizo cargo del mando de esas tropas, dirigiendo la batalla en su retaguardia.
inicio
Victoria pírrica
El triunfo de Aníbal en Canna fue completo, pero no lo pudo aprovechar para lograr sus objetivos políticos. Esperaba que los aliados de Roma la abandonasen ante sus repetidos reveses militares, obligándola a firmar una paz ventajosa para Cartago, pero eso no sucedió. Algunas ciudades del Sur, como la poderosa Capua, cambiaron de bando; mas la Italia central, sembrada de colonias romanas, se mantuvo fiel a la confederación y en Roma no se pensó ni por un momento en la capitulación. Falto de tropas para intentar asedios de ciudades, Aníbal no podía esperar refuerzos, ya que estos iban a parar a la Península Ibérica, donde su hermano Asdrúbal hacía frente a un ejército enemigo mandado por Publio y Ceneo Escipión. Además, los romanos aprendieron la lección, y en adelante rehusaron el combate abierto y se limitaron a una activa guerra de guerrillas que buscaba dificultar los suministros del aislado ejército cartaginés.

Los años siguientes conocieron alternativas en la guerra sobre una Italia devastada. Los romanos completaron la conquista de Sicilia con la toma de Siracusa, aliada de Cartago, y Aníbal llegó a las cercanías de Roma en una audaz incursión que intentaba obligar a las legiones a levantar el sitio de Capua. En el 211 a. C., Capua cayó, y la situación de los cartagineses, confinados en el extremo suroriental de la península, se hizo sumamente precaria. Desde Hispania, Asdrúbal acudió en ayuda de su hermano, cruzando los Alpes en el año 207 con un gran ejército, pero fue derrotado y muerto en el río Metauro por las últimas reservas humanas de que disponía Roma. Este desastre aceleró la derrota de los cartagineses en Hispania y a partir del 205 a. C. su vencedor, Publio Cornelio Escipión el Joven, estuvo en condiciones de llevar la guerra al territorio metropolitano de Cartago.

En la ciudad púnica cundió el pánico y se enviaron mensajeros a Aníbal ordenándole volver. Durante quince años, el general había sido abandonado a su suerte por sus compatriotas. Años en los que se había sostenido aislado en territorio enemigo con un ejército cada vez más pequeño, pero invicto en numerosos combates. Sin embargo, obedeció la orden y embarcó a sus tropas hacia el norte de Africa.

El regreso de Aníbal animó la resistencia cartaginesa. Pero debía enfrentarse a un ejército de veteranos dirigido por un hombre que había comprendido la necesidad de cambiar radicalmente la táctica de combate romana. En Zama, al suroeste de Cartago, en octubre el 202 a. C., el ejército de Escipión prologó sus líneas para evitar la maniobra envolvente enemiga, mientras los jinetes del númida Masinisa, que combatía en su bando, impedían que Aníbal sacara la habitual ventaja del uso de la caballería. Aníbal fue totalmente derrotado en Zama y tras aquella catástrofe la resistencia cartaginesa se derrumbó y la ciudad hubo de aceptar durísimas condiciones para no ser destruida. En adelante, Roma reinaría en solitario en el Mediterráneo occidental.

Pese a que no sirvió para ganar la guerra, Cannas fue un triunfo de la táctica militar que dejaría honda huella en la historia bélica. Perfecto ejemplo de acción envolvente, Aníbal consiguió la victoria sobre un ejército que le doblaba en numero porque convirtió al suyo en un conjunto estratégico flexible, en el que la caballería jugaba un papel fundamental. Los estrategas romanos, inferiores al caudillo púnico y apegados a tácticas de más de un siglo de antigüedad, tuvieron que sufrir el desastre de Cannas para introducir una mayor movilidad en el manejo de sus legiones. inicio

Aníbal visto por los historiadores
El historiador griego Polibio, contemporáneo del general cartaginés, sostiene sobre él opiniones encontradas: "De todo cuanto de bueno o de malo sucedió a romanos y cartagineses fueron responsables un hombre y una mentalidad: Aníbal. Tan extraordinaria es la influencia de un hombre y de una mente adiestrados para acometer cualquier empresa dentro de los límites humanos (...)

"Durante 16 años ininterrumpidos, Aníbal combatió a Roma, sobre suelo italiano, sin dar reposo a su ejército, forrando a sus importantes tropas a una actuación ininterrumpida, dirigiéndolas como un experto piloto, haciendo gala de una gran paciencia con todos, incluyéndose a si mismo, aunque sus tropas eran heterogéneas, de diversa nacionalidad y raza... Pero eran tan extraordinarias sus dotes de mando que las grandes diferencias entre sus soldados no perturbaban la disciplina y eran ejemplares la obediencia y la diligencia con que se ejecutaban sus órdenes y deseos"...

 

Pese a tan rendida admiración, Polibio le reprocha que fuera "extraordinariamente cruel" y "ávido de dinero" (Polibio, Historias, IX y XI).

Maharbal  -hijo de Himilcon, uno de los generales preferidos de Amilcar Barca- amigo y compañero de armas de Aníbal desde las guerras ibéricas hasta el final de la II Guerra Púnica y el mejor jefe de su caballería, dicen que estalló indignado al no poder convencer al bárquida de que atacase Roma inmediatamente después de Cannas: 

 "Evidentemente, los dioses no derraman todos sus dones sobre un sólo hombre. Sabes vencer, pero ignoras como se aprovecha la victoria"...

La larga marcha de Aníbal
Una batalla de aniquilación
La carga de Asdrúbal
La táctica de Aníbal
Las claves de la victoria
Victoria pírrica
Cronología de Anibal
Aníbal visto por los historiadores
La legión romana
 
 
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En la primera fase de la batalla, mientras la infanteria cartagines enfrenta el embate de las legiones romanas, la caballeria en las alas ataca los flancos del dispositivo romano
En la segunda fase, al mejor estilo de las muchos cientos de años despues, las Divisiones Panzer alemanas, el centro del dispositivo cartagines, se ha vuelto concavo encerrando a las legiones y atacandolas con la infanteria y caballeria pesadas, convierte la batalla en una gran matanza.
Soldado celta de infanteria ligera
Soldado ibero de infanteria ligera
Legionario romano, armado con pilum (especie de jabalina)
La legión romana
La base del ejército romano era la legión, integrada por 4.000 ó 4.500 infantes y 300 caballeros. La infantería se dividía en compañías o manípulos, de 120 -160 hombres cada uno y mandados por dos centuriones.
En el sistema utilizado en las guerras púnicas antes de Zama, la vanguardia la formaba la infantería ligera de los vélites, muy jóvenes o muy pobres para adquirir armamento pesado, por lo que combatían con jabalinas de 1,2 m. de largo y portaban un escudo (parma) de un metro de diámetro. Detrás se situaban las tres filas de la infantería pesada: los hastati, los príncipes y los triarii. Todo se protegían con una cota de malla  y un escudo de madera cubierto de cuero (scutum), de bordes convexos, de 1,2 m de altura y 60 cm. de anchura. Los dos primeros estaban armados con dos jabalinas de 2 m. de largo (pilum), una ligera y otra pesada, y una espada corta de doble filo.
En cuanto a la fila de los triarii los más veteranos, portaban una larga lanza (bastae) de 4 m. En orden de batalla, los manípulos formaban en orden escalonado, al tresbolillo, de modo que los hombres de la fila central cubrieran los intervalos entre los de la primera, y los de la tercera, los espacios abiertos en la segunda.
El camino de Cannas
A la derecha, tribuno romano con armadura y lanza; a la izquierda lancero cartagines con lanza larga
CRONOLOGIA
Hacia 247 a.C. Hijo del general cartaginés Amilcar Barca, nace en el Norte de África.
237 Acompaña a su padre a Hispania. En Gades, jura odio eterno a los romanos.
229-228 Muere Amílcar Barca. La lucha de los cartagineses contra Roma en suelo hispano pasa a ser dirigida por su yerno, Asdrúbal, que funda Cartago Nova.
226 Tratado del Ebro, entre romanos y cartagineses.
221 Asesinato de Asdrúbal. El ejército cartaginés proclama a Aníbal comandante en jefe. Ruptura del statu quo con Roma
219 Ataque a Sagunto, ciudad aliada de los romanos.
218 Desembarco romano en Ampurias: inicio de la Segunda Guerra Púnica. Aníbal marcha con su ejército hacia Italia, a través de los Pirineos, las Galias y los Alpes. Victorias de Tesino y de Trebia.
217 Victoria de Trasimeno.
216 Victoria cartaginesa en Cannas. Estancia invernal en Capua.
215-213 Toma de taranto y serie de pequeñas victorias.
211 Es empujado hacia el Sur de la península por los romanos.
209 Los romanos toman Cartago Nova.
208 Su hermano Asdrúbal atraviesa los Alpes para ayudarle en Italia.
207 Derrota de Asdrúbal en Metauro.
205 Los romanos toman Gades y afianzan sus posiciones en Sicilia y el Sur de Italia.
204 Los ejércitos romanos amenazan Cartago.
203 Tras la triunfante ofensiva de Escipión, Aníbal abandona Italia.
202 Es derrotado en Zama por Escipión. Tratado entre Roma y Cartago. Aníbal apartado del poder. Fin de la Segunda Guerra Púnica.
195 Autoexilio de Anibal, que se instala en Siria. Inicia su etapa al servicio de varios monarcas del Egeo.
190 Los romanos derrotan a Antíoco de Éfeso y exigen que les entregue a Aníbal.
Hacia 183 Se suicida por envenenamiento en Libisa, Bitinia.
 
Muchos historiadores han creído que, efectivamente, Roma hubiera abierto sus puertas a Aníbal si se hubiera presentado ante ellas inmediatamente después de Cannas: "Aquella jornada de retraso salvó seguramente la ciudad y el imperio", opinaba Tito Livio,  historiador romano, dos siglos posterior al general bárquida.

Livio no podía ocultar su admiración por Aníbal:

"A un extraordinario valor ante el enemigo unía una gran serenidad para afrontar el peligro"; pero hallaba aspectos menos gloriosos en él, acusándolo de ser un hombre de inhumana crueldad, sin respeto alguno por "la verdad, ni la santidad, ningún temor hacia los dioses, ningún respeto hacia sus juramentos y escasos escrúpulos religiosos" (Livio, Décadas, XXI ,IV).

El gran historiador decimonónico Theodoro Mommsen no oculta su admiración por Aníbal:

"Estaba especialmente bien dotado de esa creatividad que es una de los rasgos característicos de la personalidad fenicia; gustaba de buscar y adoptar soluciones originales e inesperadas; las celadas y los ardides de todo tipo le eran familiares; era meticuloso y siempre estudiaba con suma atención los hábitos y costumbres de sus rivales. Había organizado un eficaz espionaje  -incluso dentro de Roma-   gracias al cual estaba siempre bien informado de las intenciones de sus enemigos (...) Cada página de la historia de su época pone de relieve sus extraordinarias dotes de general y de político... Fue un gran personaje, que causaba la general admiración donde quiera que estuviese..." (Mommsen, Historia de Roma, vol II).  inicio

 

Aníbal
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Carthage, Tunisia

What Roman Carthage may have looked in the 2nd century CE.
 

Reconstrucción de la Cartago púnica, que bajaba al mar desde la colina de Birsa

 

 

 


 
  Carthage, Tunisia

.........Le port de Carthage

El puerto militar de Cartago desde el aire y reconstrucción

 

 

P. Cornelio Escipión

Carthage

 

Carthage, Tunisia

Launching ramp for ships from the central island

Carthage, Tunisia

From Byrsa Hill, where you will find the best remains from the Punic era. This, however, is a Roman temple with a grand view over the Gulf of Tunis

Publio Cornelio Escipión

Soldado Cartaginés

Barco mercante Cartaginés

Barco de Guerra Cartaginés

 

  Elefante de Guerra cartaginés