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Historia Antigua Próximo Oriente  y Egipto I. Ed.Sanz y Torres.

Ha salido el volumen II de mi libro del Próximo Oriente y Egipto ISBN 84-96094-29-4

Los Pueblos del Mar( Cuadro sinóptico) y Los Pueblos del

Mar, un enigma histórico

Próximamente saldrá el III Tomo: El mundo mediterráneo I ( Grecia desde siglo IV-

Alejandro Magno- Mundo helenístico-Cartago-República romana).

 

Alejandria I,>> II>>    Entrada>> >>>, Bilioteca nueva,>>>, El Faro

 

 

Biblioteca de Alejandría

La historia de la biblioteca de Alejandría, de cómo debió ser, de cómo trabajaron sus sabios, incluso del número exacto de volúmenes y el nombre de sus obras no tiene un rigor científico, tal y como los eruditos entienden tal rigor. El conocimiento de esta gran obra se tiene a través de muy pocos testimonios, y aun estos son esporádicos y desperdigados. Los investigadores y los historiadores de los siglos XX y XXI insisten en aclarar que se trata en cierto modo de una utopía retrospectiva. La biblioteca existió, de eso no tienen ninguna duda, pero toda la literatura lanzada en su entorno es a veces contradictoria, dudosa, enigmática y llena de suposiciones y se ha ido desarrollando a partir de muy pocos datos y esos pocos datos, la mayoría de las veces, aproximados. Apenas hay exactitudes. Se trata su historia de un concepto mítico de aquello que debió ser, de lo que debió ser su encanto.

La Biblioteca en la Antigüedad

Ptolomeo I Sóter (362 adC-283 adC) mandó construir en Alejandría el gran palacio que serviría de alojamiento a toda la dinastía Ptolemaica. Al otro lado del jardín y conocido desde el principio con el nombre de Museo se edificó otro gran monumento. Le llamaron así por respeto a la sabiduría, porque lo consideraron como un santuario consagrado a las Musas, que eran las diosas de las artes y de las ciencias. El edificio constaba de varios apartados dedicados al saber, que con el tiempo fueron ampliándose y tomando gran importancia.
 

El departamento del Museo que se dedicó a  Biblioteca acabó siendo lo más importante de toda la institución y fue conocido en el mundo intelectual de la Antigüedad como algo grandioso y excepcional, algo que los reyes de la dinastía Ptolemaica se encargaron de mantener siempre en buen estado y en un progresivo aumento. Los Ptolomeos eran de origen macedonio y habían heredado de los griegos el gusto y el afán por el saber y el conocimiento; durante siglos apoyaron y mantuvieron la biblioteca que, desde sus comienzos, tuvo un gran ambiente de estudio y de trabajo. Ellos dedicaron gran parte de su inmensa fortuna a la adquisición de libros que engrosaran los estantes con obras de Grecia, Persia, India, Israel, África y más países.

La biblioteca del Museo constaba de diez grandes piezas o salas para investigación, cada una de ellas dedicada a una disciplina diferente, muy rica y abundante en la mayoría de estas secciones y sobre todo muy completa en literatura griega. Una comunidad de poetas y eruditos era la encargada de mantener el buen nivel y trabajaban en ello con total dedicación, como sacerdotes de un templo. En realidad se consideraba el edificio del Museo como un verdadero templo dedicado al saber.

Ptolomeo I encargó al poeta y filósofo Calímaco la tarea de la catalogación de todos los volúmenes y libros. Fue el primer bibliotecario de Alejandría. En estos años las obras catalogadas llegaban al medio millón. Unas se presentaban en rollos de papiro o pergamino, que es lo que se llamaba "volúmenes", otras en hojas cortadas, que formaban lo que se llamaba "tomos". Cada una de estas obras podía dividirse en "partes" o "libros". Se hacían copias a mano de las obras originales, es decir "ediciones", que eran muy estimadas, incluso más que las iniciales, por las correcciones llevadas a cabo. Las personas encargadas de la organización de la biblioteca y que ayudaban a Calímaco rebuscaban por todas las culturas y por todos las lenguas conocidas del mundo antiguo y enviaban negociadores que pudieran hacerse con bibliotecas enteras, unas veces para comprarlas tal cual, otras como préstamo para hacer copias.

Los grandes buques que llegaban al famoso puerto de Alejandría cargados de mercancías diversas eran inspeccionados por la policía, no en busca de contrabando sino en busca de libros. Cuando encontraban algún rollo, lo confiscaban y lo llevaban en depósito a la biblioteca. Allí los amanuenses se encargaban de copiarlo. Una vez hecha esa labor el rollo era devuelto (generalmente) a sus dueños. El valor de estas copias era altísimo y muy estimado. La biblioteca de Alejandría llegó a ser la depositaria de las copias de todos los libros del mundo antiguo. Allí fue donde realmente se llevó a cabo por primera vez el arte de la edición crítica.

Se sabe que en la biblioteca se llegaron a depositar el siguiente número de libros:

  • 200.000 volúmenes en la época de Ptolomeo I
  • 400.000 en la época de Ptolomeo II
  • 700.000 en el año 48 adC, con Julio César
  • 900.000 cuando Marco Antonio ofreció 200.000 volúmenes a Cleopatra, traídos de la Biblioteca de Pérgamo

     

Cada uno de estos volúmenes era un rollo de papiro, un manuscrito con cantidad de temas diferentes. Se sabe que allí estaban depositados 3 volúmenes preciosísimos con el título de Historia del mundo, cuyo autor era un sacerdote babilónico llamado Beroso y que el primer volumen trataba desde la Creación hasta el Diluvio, periodo que según él había durado 432.000 años, es decir, cien veces más que en la cronología que se da en el Antiguo Testamento. Ese número permitió identificar el origen del saber de Beroso: la India. Según la cosmogonía hindú la cuarta y más corta era duraba esa cantidad de años.

La biblioteca de Alejandría empezó su vida con el reinado de Ptolomeo I (362 adC-283 adC) (otras fuentes dicen que fue con su hijo Ptolomeo II) y la terminó trágicamente en el año 48 adC, durante la guerra entre Roma y Egipto. Se dio una batalla terrible en el mar, entre la flota egipcia y la romana y la consecuencia fue un espantoso incendio en la ciudad que afectó a casi toda el área urbana y por supuesto al gran edificio del Museo donde estaba ubicada la gran biblioteca. Toda la riqueza intelectual, todo el saber acumulado durante siglos desapareció en poco tiempo. Sólo algunos rollos pudieron salvarse y la memoria de muchas de sus obras. Se sabe, por ejemplo, que allí existían 123 obras teatrales del escritor griego Sófocles de las cuales sobrevivieron 7; una de las supervivientes es Edipo rey.

Fue una pérdida irreparable e incalculable. Cuenta la Historia que en el desorden provocado por la batalla, entre tantos incendios ocasionados, el de la biblioteca fue producido intencionadamente, como un acto más de vandalismo y que no hubo nadie capaz de detenerlo. La población de Alejandría era totalmente ajena a lo que se guardaba allí, no le importaba nada, nunca había sido partícipe de los conocimientos y de la ciencia que en realidad jamás se aplicó para mejorar su modo de vida. Los estudios, los grandes descubrimientos en mecánica y tecnología nunca tuvieron una aplicación práctica inmediata; la investigación benefició poco al pueblo; la ciencia y la cultura en general eran patrimonio de unos pocos privilegiados. Para estos pocos privilegiados y para el mundo actual, la Biblioteca de Alejandría fue y sigue siendo una biblioteca mítica y legendaria.

Los sabios

Llegaron a ser más de cien en la época de mayor esplendor. Pertenecían a dos categorías, según la clasificación hecha por ellos mismos: filólogos y filósofos. Los filólogos estudiaban a fondo los textos y la gramática. La Filología llegó a ser una ciencia y estaba muy relacionada con la historiografía y la mitografía. Los filósofos eran todos los demás, tanto los pensadores como los científicos.

    “Elementos” de Euclides de Alejandría (365-300)

 

 

 

Entre los grupos de sabios que trabajaron allí y que pasaron horas y horas estudiando en este recinto se encontraban personajes tan famosos en la Historia como Arquímedes (ciudadano de Siracusa), Euclides que desarrolló allí su Geometría, Hiparco, que explicó a todos la Trigonometría, y defendió la visión geocéntrica del Universo; enseñó que las estrellas tienen vida, que nacen y después se van desplazando a lo largo de los siglos y finalmente, mueren; Aristarco, que defendió todo lo contrario, es decir, el sistema heliocéntrico (movimiento de la Tierra y los planetas alrededor del Sol), Eratóstenes, que escribió una Geografía y compuso un mapa bastante exacto del mundo conocido, Herófilo, un fisiólogo que llegó a la conclusión de que la inteligencia no está en el corazón sino en el cerebro, los astrónomos Timócaris y Aristilo, Apolonio de Pérgamo, gran matemático, Herón de Alejandría, un inventor de cajas de engranajes y también de unos aparatos de vapor asombrosos; es el autor de la obra Autómata, la primera obra que conocemos en el mundo sobre los robots. Y más tarde, ya en el siglo II, allí mismo trabajó y estudió el astrónomo y geógrafo Claudio Ptolomeo y también Galeno, quien escribió bastantes obras sobre el arte de la curación y sobre la anatomía; sus enseñanzas y sus teorías fueron seguidas hasta muy entrado el Renacimiento. La última persona insigne del Museo fue una mujer: Hypatia de Alejandría, gran matemática y astrónoma, que tuvo una muerte trágica.

    El término Museo, (que originalmente significó recinto de las Musas) el cual funcionó como complejo científico-docente y comprendía: observatorio astronómico, jardín botánico, zoológico y biblioteca. Desde entonces hasta aproximadamente el año 415 d.C., los principales matemáticos de la antigüedad siempre estuvieron de alguna forma en contacto con el Museo.
    Cuando se estudia esta etapa de las matemáticas griegas la obra de Euclides, Arquímedes y Apolonio prácticamente eclipsa a la de sus contemporáneos que se ocuparon de diversos problemas particulares a través de una gran variedad de métodos especiales. Entre ellos merece destacar:

    • Nicomedes (300-240 a.C.), conocido por el descubrimiento de la concoide que lleva su nombre (curva obtenida por la prolongación o disminución del radio vector de cada punto de una recta dada en un segmento constante ?). Aplicó dicha curva a la solución de los problemas de la duplicación del cubo y la trisección del ángulo. También utilizo la cuadratríz de Hippias para la cuadratura del círculo.
    • Diocles (240-180 a.C.), introdujo la cisoide (  y2 = x3/(2a-x) ) en relación con la duplicación del cubo. También realizo estudios sobre parábolas y esferas.
    • Dionysodoro (250-190 a.C.), estudió la resolución de ecuaciones cúbicas mediante intersecciones de parábolas e hipérbolas.
    Otros los mencionaremos en relación con los trabajos de Euclides, Arquímedes y Apolonio. En términos generales no cometemos ningún error al centrarnos en estas figuras, ya que en ellas está reflejada la principal fuerza creadora de este periodo, que como rasgos generales tiene:
    1. Proceso de formación de nuevas teorías matemáticas mediante objetos geométricos.
    2. Ampliación considerable del espectro de métodos particulares de la Matemática, especialmente los infinitesimales bajo presión directa de las exigencias científico practicas.
    3. Sistematización rigurosa de todo el saber matemático desde el punto de vista del Álgebra Geométrica.
    4. Consolidación del programa de matematizar fenómenos naturales, particularmente con las obras de Arquímedes que sientan las bases de la Estática y la Hidrostática.

Anexo y destrucción

Se sabe que desde el principio la biblioteca fue un apartado al servicio del Museo. Pero más tarde, cuando esta entidad adquirió gran importancia y gran volumen, hubo necesidad de crear un anexo cercano. Se cree que esta segunda biblioteca (la biblioteca hija) fue creada por Ptolomeo III Evergetes (246 adC-221 adC). El lugar donde se estableció esta parte nueva fue en la colina del barrio de Racotis (hoy se llama Karmuz), en un lugar de Alejandría más alejado del mar, en el antiguo templo erigido por los primeros Ptolomeos al dios Serapis, llamado el Serapeo. Esta segunda biblioteca debió ser sin duda la que resistió el paso de algunos siglos, conquistando como la anterior la fama y el prestigio del mundo conocido. En la época del Imperio Romano, los emperadores la protegieron en gran manera. La modernizaron incorporando calefacción central por tuberías con el fin de mantener los libros bien secos en los depósitos subterráneos.

Esta biblioteca-hija sustituyó a la primera durante bastantes años. Después del desastroso incendio de Alejandría, cuando pelearon las naves de Julio César y las naves egipcias, Cleopatra VII se refugió en la ciudad de Tarso (en la actual Turquía) junto con Marco Antonio. Fue entonces cuando le ofreció los 200.000 manuscritos traídos desde la biblioteca de Pérgamo (en Asia Menor) pertenecientes a la Biblioteca del rey Attalo. Cleopatra los entregó a la nueva biblioteca. Fue una especie de recompensa por las pérdidas ocasionadas en el incendio.

Pero la nueva biblioteca corrió el mismo designio de tragedia y destrucción. En el siglo III después de Cristo, el emperador Diocleciano quien —según cuentan los historiadores— era muy supersticioso, ordenó la destrucción de todos los libros relacionados con la alquimia. Más tarde, en el año 391, el patriarca de Alejandría Teófilo atacó la biblioteca al frente de una muchedumbre enfurecida con ardores religiosos. El Serapeo fue entonces demolido piedra a piedra y sobre sus restos se edificó un templo cristiano.

Seguramente se salvaría una buena parte de los libros de la biblioteca y seguramente pusieran también a salvo el sepulcro de Alejandro Magno. Los arqueólogos no pierden la esperanza de encontrar ambas cosas enterradas quizás en el desierto de Libia. Pero en la colina donde estaba el templo de Serapis nunca se volvió a reconstruir la biblioteca. En el año 416, Orosio (teólogo e historiador hispanorromano) vio con mucha tristeza las ruinas de aquella ciudad que había sido magnífica y las ruinas de la colina. Los arqueólogos que emprendieron su trabajo en el siglo XIX dan fe de la violencia que debió desatarse en aquel lugar. Sus testimonios científicos no salieron nunca a la luz de la divulgación.

En el siglo VI hubo en Alejandría luchas violentas entre los cristianos monofisitas y los melquitas y más tarde aún, en el 619 los persas acabaron de destruir lo poco que quedaba en esta ciudad. La historia que se cuenta de la destrucción ocasionada por el emir musulmán Amir ibn al-Ass no cuadra con las fechas de la destrucción. Los historiadores aseguran que cuando este caudillo entró en Alejandría no encontró más que desolación y ruinas. Sin embargo la leyenda dice que cuando el comandante musulmán Amir ibn al-Ass terminó la conquista de Egipto, comunicó a su jefe el califa Omar I todo lo que había encontrado en la mítica ciudad de Alejandría, y le habló de la biblioteca para pedirle las instrucciones sobre qué hacer con esa cantidad de libros. A lo que el califa, según cuentan, respondió: Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo a la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos. ". Lo cierto según los hechos históricos es que no existía entonces ya tal biblioteca.

Testimonios

Todo lo que se sabe en la actualidad sobre la historia de la antigua biblioteca se debe a algunas referencias de posteriores escritores, a veces de gente que incluso la llegó a conocer, pero son informes de paso, no hay nada dedicado en exclusiva a comentar y describir ni el edificio ni la vida que en ella se desarrollaba.

Así tenemos al geógrafo griego Estrabón (c. 63 adC-c. 24 adC), gran viajero, que hace una pequeña descripción, pues parece ser que estuvo en Alejandría a finales del siglo I adC. Habla del Museo y dice que consta de una exedra (εξεδρα), es decir una obra hecha al descubierto, circular y con unos asientos pegados a la parte interior de la curva. Cuenta que también vio una estancia muy amplia donde se celebraban las comidas de los sabios y los empleados. Y habla también de la biblioteca, de la Gran Biblioteca, algo "obligatorio" en el Museo.

Aristeas, en el siglo II adC (mencionado anteriormente), en las cartas dirigidas a su hermano Filócrates habla de la biblioteca y de todo el asunto de la traducción de los LXX.

Marco Anneo Lucano, historiador, natural de Hispania, sobrino de Séneca, del siglo I, cuenta en su obra Farsalia cómo ocurrió el incendio, cómo se propagaron las llamas ayudadas por el viento que no cesaba, desde los barcos también incendiados y anclados en el gran puerto oriental.

Tito Livio dice en sus referencias que la biblioteca de Alejandría era uno de los edificios más bellos que él había visto. Con muchas salas llenas de estantes para los libros y con habitaciones donde sólo los copistas podían estar sin que fueran molestados. Incluso apunta el hecho de que cobraban a tanto por línea copiada.

Lucio Anneo Séneca, filósofo cordobés y tío de Lucano (poeta cordobés), en el siglo I, escribió un libro llamado De tranquilitate animi. En él cuenta, a través de una cita de Tito Livio, que en aquel incendio se llegaron a quemar 40.000 libros.

El biógrafo Plutarco (c. 46-125), viajó en varias ocasiones a Egipto. En Alejandría debió escuchar muchas historias sobre el famoso incendio. Escribió una biografía sobre Julio César y al tratar sobre la batalla en el mar en ningún momento cuenta el incendio de la biblioteca, ya que en el desastre estaba implicado César y parece ser que no quiere manchar su nombre con aquel hecho. El mismo Julio César en su obra Bellum civile en que habla de aquella batalla, omite por completo el incendio de la biblioteca. Otros escritores de la misma época también silencian la relación de César con el incendio de Alejandría.

Mucho más tarde, en el siglo IV de nuestra era, san Juan Crisóstomo hace una relación del estado en que se encontraba en aquellos años la brillante ciudad de Alejandría y dice que la desolación y la destrucción son tales que no se puede adivinar ni el lugar donde se encontraba el Soma (el mausoleo de Alejandro) ni la sombra de la gran biblioteca.

En el siglo XV, un escriba se molestó en traducir al latín los comentarios de Juan Tzetzes (c.1110-c.1180), que fue un filólogo bizantino. Dichos comentarios estaban tomados de la obra Prolegómenos a Aristófanes. Tzetzes habla en ellos sobre la Biblioteca.

A finales del siglo XIX se encontraron en el yacimiento de Oxirrinco en el pueblo de El-Bahnasa (pequeño pueblo a 190 km al sur de El Cairo, en Egipto) miles de papiros que fueron estudiados a fondo por los eruditos. En parte de ellos se hablaba de la famosa Biblioteca y se daba una lista de nombres de algunos de sus directores o blibliotecarios. En esa lista aparecen Demetrio de Falerio, Zenódoto de Éfeso, Apolonio de Rodas, Eratóstenes, Aristófanes de Bizancio, Apolonio de Alejandría, Aristarco y muchos más.

La enciclopedia Suda (SOL Suda on-line) de la Universidad de Kentucky ha recopilado un conjunto de informaciones según las fuentes heredadas de la época de Alejandro Magno y posterior.

Curiosidades y anécdotas

  • En la literatura apócrifa judía existe un libro que lleva el título de Cartas de Aristeas a su hermano Filócrates, que se supone escrito entre los años 127 adC a 118 adC. En esta obra se narra un hecho histórico: En el reinado de Ptolomeo II Filadelfo (285-247 adC) trabajaba en el Museo un bibliotecario llamado Demetrio de Falerio (o Falero), un entusiasta de la biblioteca que luchó toda su vida por su engrandecimiento. Demetrio rogó al rey que pidiera por medios diplomáticos a la ciudad de Jerusalén el libro de la ley judía y que también hiciera venir a Alejandría a unos cuantos traductores para verter al griego los cinco volúmenes de dicho texto hebreo del Torá (llamado después de la traducción Pentateuco, en griego), es decir los cinco primeros libros del Antiguo Testamento. Eleazar, el sacerdote de Jerusalén, envió a Alejandría a 72 sabios traductores que se recluyeron en la isla de Faros (frente a Alejandría) para hacer el trabajo, se dice que en 72 días. Se considera que esta fue la primera traducción de la Historia, a la que se llamó la Septuaginta o Biblia de los Setenta o de los LXX, porque redondearon el número de 72 traductores a 70.

     

  • En otra ocasión, Demetrio de Falerio (que además era un gran viajero), estando en Grecia, convenció a los atenienses para que enviasen a Alejandría los manuscritos de Esquilo (que estaban depositados en el archivo del teatro de Dionisos en la ciudad de Atenas), para ser copiados. Cuando se hacía una petición como ésta, la costumbre era depositar una elevada cantidad de dinero hasta la devolución de los textos. Los manuscritos llegaron al Museo, se hicieron las copias correctamente, pero no volvieron a su lugar de origen, sino que lo que se devolvió fueron las copias hechas en la biblioteca. De esta manera Ptolomeo Filadelfos perdió la gran suma del depósito hecho, pero prefirió quedarse para su biblioteca el tesoro que suponían los manuscritos.

     

  • En el Concilio de Nicea (año 325) se decidió que la fecha para la Pascua de la Resurrección fuera calculada en Alejandría, pues por aquel entonces el Museo de esta ciudad era considerado como el centro astronómico más importante. Después de muchos estudios resultó una labor imposible; los conocimientos para poderlo llevar a cabo no eran todavía suficientes. El principal problema era la diferencia de días, llamada spacta, entre el año solar y el año lunar además de la diferencia que había entre el año astronómico y el año del calendario juliano, que era el que estaba en uso.

     

  • La biblioteca completa del filósofo Aristóteles, su obra y sus libros se custodiaban en este lugar. Algunos autores creen que la compró Ptolomeo II. Todo se perdió. Había también 20 versiones diferentes de la Odisea, la obra La esfera y el movimiento de Autólico de Pitano, Los Elementos de Hipócrates de Quíos y tantas obras de las que no se conserva más que el nombre y el recuerdo.

     

  • En Alejandría las copias se hacían siempre en papiro y además se exportaba este material a diversos países. La ciudad de Pérgamo era una de las que más utilizaba el papiro, hasta que los reyes de Egipto decidieron no exportar más para tener ellos en exclusiva dicho material para sus copias. En Pérgamo empezaron a utilizar entonces el pergamino, conocido desde muchos siglos atrás, pero que se había sustituido por el papiro por ser este último más barato y fácil de conseguir.

     

  • Los papiros jamás se plegaban, se enrollaban. Las primeras obras se presentaban en rollos (volumen en latín). Cada volumen estaba formado por hojas de papiro unidas unas a otras formando una banda que se enrollaba sobre un bastón. Los textos estaban escritos en columna. Escritos en griego o demótico, con tinta amarilla diluida en mirra. Los escribas utilizaban un sólo lado y escribían con una caña afilada, el cálamo. Los rollos etiquetados, estaban colocados en cajas y éstas se colocaban en el interior de armarios murales (armaria). Ordenados por materias: textos literarios, filosóficos, científicos y técnicos. Posteriormente, según el orden alfabético de los nombres de autores.

     

La Biblioteca en el siglo XX

En el año 1987 salió a la luz un ambicioso proyecto cultural: construir una nueva biblioteca —la Bibliotheca Alexandrina— en la ciudad de Alejandría para recuperar así un enclave mítico de la Antigüedad, patrimonio de la Humanidad. Esto ocurría 1.600 años después de la desaparición definitiva de aquellas grandes colecciones del saber. Para llevar a cabo semejante proyecto se unieron los esfuerzos económicos de diversos países europeos, americanos y árabes, más el gobierno de Egipto y la UNESCO. El presupuesto en aquel año fue de 230 millones de dólares. Las obras empezaron el día 15 de mayo de 1995 y se terminaron con éxito el 31 de diciembre de 1996. A su inauguración acudieron tres reinas: la de España, la de Suecia y la de Jordania, además de algunos jefes de Estado.

El edificio, realizado por el arquitecto noruego Snohetta, resultó ser un enorme cilindro de cemento, cristal y granito traído desde Asuán para la fachada, dispuesto con bajorrelieves caligráficos en la mayoría de las lenguas del mundo; está situado el edificio en el malecón de Alejandría, a pocos metros del lugar donde se supone que se encontraba la antigua biblioteca. Tiene una superficie de 36,770 metros cuadrados con una altura de 33 metros. Consta de 11 niveles, 4 de los cuales se hallan por debajo del nivel de la calle. Ofrece una sola hipóstila (sala egipcia sostenida por columnas) de hormigón y maderas nobles, situada en el centro del edificio, destinada para lectura, donde caben hasta 2.000 personas. Su cubierta es cilíndrica, haciendo así un homenaje al dios egipcio Ra, el dios del Sol. Está pensada esta cubierta y construida de tal manera que la combinación de vidrio y aluminio hace controlar la luz dentro del espacio, mientras que por fuera se proyecta hacia el Mediterráneo, como un recuerdo del famoso faro de Alejandría.

Se ha calculado que el número posible de libros puede llegar a los 20 millones; de momento consta de unos 200.000; la mayoría de ellos son donaciones. Hay 50.000 mapas, 10.000 manuscritos, 50.000 libros únicos y además ejemplares del mundo moderno, con 10.000 multimedia de audio y 50.000 multimedia visuales. Todo esto lo rigen y supervisan unos 600 funcionarios.

Dependiendo de esta biblioteca se han construido además otros dos edificios, uno dedicado a centro de conferencias y el otro dedicado a planetario que consta de tres museos: de la Ciencia, de la Caligrafía y de la Arqueología. Hay además un laboratorio de restauración, una biblioteca para niños, invidentes y minusválidos y una moderna imprenta.

En el siglo XXI existen en el mundo cinco grandes bibliotecas:

  • Biblioteca del Congreso de EE.UU. (Library of Congress)
  • Biblioteca Nacional británica (British Library)
    Biblioteca Nacional francesa (Bibliothèque nationale)
    Biblioteca del Vaticano
    Biblioteca de Alejandría (Bibliotheca Alexandrina)

     

Artículos relacionados

Bibliografía

  • Seignobos, Charles, Historia Universal Oriente y Grecia, Daniel Jorro, Madrid, 1930.
  • Aguado Bleye, Pedro, Curso de Historia para segunda enseñanza, tomo I, segunda edición, Madrid, 1935.
  • Sagan, Carl, Cosmos, Planeta, Barcelona-Madrid (España), 1982.
  • Revista de Arqueología 230, año XXI, Madrid.
  • Canfora, Luciano, La véritable histoire de la bibliothèque d'Alexandrie (La verdadera historia de la biblioteca de Alejandría), Éditions Desjonquères, París, 1988.

     

Enlaces externos

 


 

La biblioteca se guiaba por el ideal de reunir una colección de libros internacional, con obras griegas y traducciones al griego de obras escritas originalmente en otras lenguas del Mediterráneo, el Medio Oriente y la India.

 El museo y la biblioteca estaban divididos en facultades, cada una dirigida por un sacerdote. El salario del personal lo pagaba el rey. Los estudiosos de la biblioteca y museo de Alejandría estudiaban todo lo estudiable: literatura, matemáticas, astronomía, historia, física, medicina, filosofía, geografía, biología e ingeniería. Por sus pasillos se pasearon, entre otros, Eratóstenes; el astrónomo Hiparco, el cual trazó un mapa de las constelaciones y clasificó las estrellas por su brillo aparente; Euclides, sistematizador de la geometría; Apolonio de Perga, matemático que investigó las propiedades de las curvas llamadas "secciones cónicas" (parábola, hipérbola y elipse); Arquímedes, el genio de la mecánica, y -en el ocaso de la biblioteca, seis siglos después- la astrónoma, matemática y física Hipatia, una mujer que se desenvolvía con toda soltura en un medio tradicionalmente acaparado por hombres y una época en que las mujeres tenían aun menos oportunidades que hoy.

 

La biblioteca enviaba agentes a todos los rincones del mundo conocido en la época a buscar libros de todas las culturas y a comprar colecciones completas. Se dice que cuando un barco llegaba al puerto, lo registraban para ver si transportaba libros, los confiscaban en caso de que sí, los copiaban y luego los devolvían a sus dueños.
La biblioteca de Alejandría iluminó el mundo hasta que una horda de fanáticos inspirados por el arzobispo de la ciudad la incendió y asesinó a Hipatia, última directora de la biblioteca, en el año 415 d. C. Hipatia y sus obras cayeron en el olvido. Al arzobispo hoy se le conoce como San Cirilo

 

 La nueva biblioteca de Alejandría

 

 La  biblioteca de Alejandría vuelve a alzarse a orillas de Mediterráneo, 1.600 años después de su desaparición, gracias a los esfuerzos económicos del gobierno egipcio, la UNESCO y un sinfín de países árabes, europeos y americanos, empeñados en recuperar uno de los enclaves míticos de la cultura de la  Antigüedad. El  24 de abril de 2002 estuvo prevista , tras siete años de construcción y más de 1.500 millones de euros invertidos, la inauguración a la que iban a asistir tres reinas -de España, Suecia y Jordania- y más de una docena de jefes de Estado , que se suspendió por los problemas de Irak.

·

· El proyecto de la nueva biblioteca de Alejandría salió a la luz en el año 1987 con un presupuesto de 230 millones de dólares. En la primera reunión para tratar el tema, en Assuán, se consiguieron 65 millones de dólares. La construcción empezó en el 15/05/1995 y acabó en el 31/12/1996 con un costo de 59 millones de dólares, las obras de su estructura y acabado externo empezaron en el 27/12/1996 con un costo de 117 millones de dólares.

· Los arquitectos noruegos Snohetta han proyectado este enorme cilindro de cemento y cristal, y seccionado en diagonal, que se erige en el mismo malecón de Alejandría, a pocos metros de la que fue su mítica antecesora. Las cifras marean: una superficie de 36.770 metros cuadrados, una altura de 33 metros, con once niveles- cuatro de ellos por debajo del nivel de la calle- más de 85.000 metros cuadrados útiles y una sala hipóstila de lectura de hormigón y madera noble para mas de 2.000 personas, que la convierte en la mayor del mundo. Si su antecesora helenística albergó más de700.000 manuscritos, ahora sus estantes están llenos en un 1 %, pues contiene 200.000 libros -la mayoría de ellos procedentes de donaciones- de los 20 millones posibles. Tiene 50.000 mapas, 10.000 manuscritos, 50.000 libros únicos, 10.000 multimedia de audio y 50.000 multimedia visual. Tiene casi 600 funcionarios.

 

 

 

 

· La sala de lectura, de 20.000 metros cuadrados, ocupa el espacio central del edificio cuyo cubierta, de forma cilíndrica , pretende homenajear a Ra, el dios del Sol del Antiguo Egipto. Su inclinación de 16 grados hacia el mar y la combinación de vidrio y aluminio permite controlar la luz en su interior y desde el exterior, proyecta sus rayos hacia el Mediterráneo como recuerdo del antiguo Faro de Alejandría, cuyos restos han de estar en algún lugar de la rada portuaria. La pared exterior del edificio es de granito procedente de Assuán con bajorrelieves caligráficos de la mayoría de lenguas.

· La biblioteca ocupa el espacio central de un conjunto arquitectónico de otros dos edificios: un centro de conferencias y el planetario que alberga tres museos - ciencia, caligráfico y arqueológico-, además de un laboratorio de restauración, escuela internacional de información ( Isis ), la biblioteca principal, biblioteca para niños, biblioteca para invidentes y minusválidos y una moderna imprenta.

· La biblioteca dispondrá de reproducciones informáticas del fondo bibliográfico árabe de Cataluña cuyos origines se exhiben en uno de los pisos de la sala de lectura. La muestra, que se compone de 52 piezas, fue inaugurada por el Presidente de la Generalitat, Jordi Pujol.

· Es una de las cinco mas grandes del mundo junto a la biblioteca del congreso americano, la del museo británico, la nacional francesa y la del Vaticano. )

· Los capiteles de las columnas tiene peso de 9 toneladas y de la forma de loto.

· La biblioteca da trabajo a casi 600 funcionarios y depende directamente del Presidente de la República de Egipto

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